Teniendo en cuenta la tendencia de las productoras de poner bandas soportes un tanto dudosas (no hace falta nombrarlas), se agradece cuando las escogidas no desentonan con el acto principal de la noche. Del lado más hardcore estuvieron los Plan 4, que vienen presentando su disco “En mil pedazos, y que dentro de la escena pesada es de lo mejor del año. La gente, si bien no se mostró efusiva, escuchó con respeto. Los que sí jugaron de local fueron los Lethal. Presentando disco nuevo, “Inyeccion Lethal”, la banda de Tito García y Eddie Walker ya tenía a la gente en el bolsillo de entrada. Un set presentando temas nuevos, medley de temas viejos y clásicos como Mike Tyson y Maza.

 Pero lo importante estaba por venir. Anthrax es una banda particular. De los cuatro grandes del trash (ese cuadrado que forman junto a Metallica, Megadeth y Slayer) fueron los que tuvieron la carrera más conflictiva. Conflictiva con la prensa, con los fans, con ellos mismos. Cambian y tiene más problemas con sus cantantes que Divididos con sus bateristas. Claramente hay dos etapas principales: la de Joey Belladona y la de John Bush. Básicamente, Belladona se fue y volvió infinitas veces, y Bush se cansó que lo tengan de segundón y los mandó a freír churros. Contrataron a otro cantante (Dan Nelson) con el que grabaron un disco que nunca salió; de un día para otro ese muchacho dejó de existir y Belladona volvió y se fueron a girar al primer mundo con los otros grandes del trash. La telenovela del metal.

Así las cosas, con semejante leyenda y con su formación clásica, es curioso que una banda que supo tocar dos veces en Obras en la etapa de John Bush, ahora toque en el Teatro de Flores. Totalmente colmado, obviamente, pero no deja de ser curioso.

A las 22 se abre el telón y ahí están los cinco. Scott Ian aparece primero, se para en medio del escenario y empieza con el riff de Among The Living. Lo que sigue desde ahí es una aplanadora que no da respiro. Caught in a mosh, Got the time, Madhouse. Una detrás de la otra. Un himno tras otro. Al pasar los temas notamos varias cosas: la solidez de la banda es la primera. Y mientras Metallica, Megadeth y Slayer se vuelcan más hacia el profesionalismo, Anthrax es la más juvenil. Sin tanto profesionalismo, en el buen sentido. No parece todo tan ensayado, hay cierto vértigo; esa sensación de no saber qué puede pasar. Hay gente volando por los aires, coreando guitarras, coreando las letras a viva voz. ¿Y arriba del escenario? Bueno, es de esas bandas que agitan más que la gente. Por lo menos acá le podemos hacer competencia.

Belladona está en plena forma, cantando de manera espectacular. Frankie Bello y Scott Ian no paran de correr, cantar y arengar a la gente. Sobre todo Bello. Todo bien con Trujillo, pero ¿no hubiese sido más adecuado un bajista así para Metallica? Rob Caggiano es más parco, siempre lo fue, pero es imposible que cada tanto no regale un par de sonrisas. Charlie Benante también está en plena forma. Agregando arreglos nuevos, solo para los fanáticos atentos. O para los que están viendo en la parte superior del recinto. Debe ser difícil concentrarse mientras están gritando canciones y te llueven patadas de todos lados.

El repertorio no tiene fisuras. Hay muchos clásicos (Antisocial, Be all, end al) canciones de etapas donde no cantaba Belladona (Metal trashing mad, Only) y algún estreno (Fight em till you can’t).

Qué aplanadora. Y pensar que el día anterior estuvieron tocando en Chile y prácticamente se bajaron del avión y fueron directo a El Teatro. Su avión se había demorado en Santiago. No hay duda que están renovados. Se sienten jóvenes. Las canciones se sienten vitales.

Para el final dejaron NFL y I am the law a ver si la gente seguía viva. Y sí. Nadie va a dormir en medio de semejantes temas. Antes de irse prometieron volver el año que viene con disco nuevo. Si bien es promesa de todos los músicos, sería bueno que puedan mantener esta formación y retener el título que tanta gente pone en duda, pero que sin dudas es el que merecen.

La espera valió la pena. Anthrax está en camino de recuperar su lugar. Es un camino largo, pero sucederá. Y la próxima vez que alguien dude de Anthrax, respondele… nada. Mandalo al carajo.