Son las doce y pico de la noche y no me salen las palabras. Millares de imágenes de hace minutos pasan por mi mente y no se por dónde empezar. Tengo un nudo en la garganta que me llena de angustia. De solo pensar que es posible que sea la última vez que los veamos, se me llenan los ojos de lágrimas y se me endurece la mandíbula. Señoras y señores, AC/DC volvió nuevamente a nuestro país, con la excusa de la presentación del flamante “Black Ice”.

Puntualmente a las 21 se apagaron las luces del estadio y un griterío ensordecedor colmó el gallinero. Tras una introducción a base de caricaturas, de repente el tren atraviesa el escenario y la locura estalla al mando de “Rock and Roll train”.

Angus Young es Dios y sus dedos le pertenecen al Diablo. Este tipo no es de este mundo. Verlo correr por todo el escenario sin parar durante 120 minutos es de no creer. Más de un músico debería dejar la guitarra en su estuche después de ver lo que puede hacer este pequeño gran escocés de 55 años con su instrumento.

El quinteto es una aplanadora. La base rítmica de Young/Rudd/Williams, junto a la voz marca registrada de Johnson, hacen que todo encuadre perfecto. Sumando también toda la artillería escénica de este tour, la cual incluye la locomotora del comienzo, la campana en “Hell Bells”, la muñeca gigante en “Whole lotta Rosie”, junto a los cañonazos en “For those about to rock (We salute you)” hacen también que el espectáculo visual te deje sin palabras.

Como es costumbre en el público local, en varias oportunidades las partes de guitarras fueron acompañadas por centenares de gargantas, como en el caso de “Dirty deeds don´t dirt cheap” y “T.N.T”, como así también unas cuantas señoritas mostrando sus senos a las cámaras durante la extendida versión de “The Jack”, o bien en “You shock me all night long” –o como derribar un estadio, lección uno- dejaron en claro que el público local es amante del agite.

La lista se cimentó básicamente en los clásicos. Así se pudo disfrutar de “Thunderstruck”, “Back in Black”, “Shoot down in flames”, junto a la extendida versión de “Let there be rock”, acompañada del solo de Angus, previo a “Highway to hell”.

La estructura del escenario también era muy agradable para la vista, decorado con motivos ferroviarios y  una pasarela de unos 30 metros que fue caminada en varias oportunidades por Johnson y Young.

AC/DC pasó nuevamente por nuestro país y durante tres noches dejó en claro que lo suyo es el rock and roll. Más allá que los años pasen, si se lo lleva en la sangre, siempre será bien ejecutado.