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La Renga: Hablando de libertad

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El trío de Mataderos hizo vibrar el Estadio de Huracán el sábado pasado con un gran show de más de dos horas y media, que incluyó una lista de 26 temas, 4 bises y una energía monumental.

La ansiedad sobrevolaba el ambiente del Palacio Tomás A. Ducó el pasado sábado, cuando el reloj marcó las 21:30 y las luces se apagaron por completo. Miles de linternitas blancas, provenientes de los celulares del público, iluminaban las casi 40 mil almas que colmaron el campo, las populares y la platea del estadio. En las pantallas, una cuenta regresiva dio pie a imágenes de la banda en rojo y blanco, haciendo honor a los locales del Globo, y acompañadas de un pianito acelerado, digno de una película de Chaplin. Este pequeño homenaje al cine mudo fue la presentación formal de la vuelta del trío de Mataderos a los escenarios de la ciudad de Buenos Aires, tras 10 años de lucha incansable.

Sin mediar palabra, el arranque golpeó fuerte con “Corazón Fugitivo”, y la emoción de la vuelta de La Renga se hacía realidad en cada acorde. El público acompañó este inicio cantando, saltando, y hasta hubo a quienes les brotaron las lágrimas. También desde “Pesados vestigios”, su anteúltimo disco de estudio, llegó “Nómades”, el segundo tema de esta fiesta que acaba de comenzar. “Buenas noches, mi Buenos Aires querido, tanto tiempo”, saludó finalmente Chizzo y los gritos de alegría resonaron en Huracán. “Al fin, estamos acá, después de tantas idas y venidas, agradecemos a todos los que nos apoyaron y nos hicieron el aguante”, concluyó el cantante. “Disfrazado de amigo” completó la terna de un inicio bien arriba y rockero. Siguiendo en esa línea y con una fuerza descomunal sonó la intro de batería de “A tu lado”, una canción cruda, con letra social y un gran solo de guitarra que enloqueció a todo el estadio. “Hola amigos y amigas ¿Se escucha bien por ahí?”, preguntó el líder de La Renga y el público respondió con un rotundo “Si”, y es que el sonido fue impecable durante todo el show.

“El Twist del pibe” fue el primero de tres emblemas del trío de Mataderos. “Con todos sus años de rock, vino acá para transmitir poder”, dijo el cantante para presentar al legendario maestro Nacho Smilari, quien acompañó a la banda con una potente viola en “Poder” y “Panic show”.

Como no podía ser de otra manera, eligieron que “Pole” sea parte del repertorio, en homenaje a Víctor Poleri, gran amigo de la banda y hacedor de muchos de sus videos. Este momento emotivo del show y de tempos más lentos, continuó con “La balada del diablo y la muerte”. En esta canción hubo dos lujos: un tremendo solo de Chizzo y la intervención del público, cantando a capela, iluminados con las pequeñas luces blancas de sus celulares en mano. Este momento se coronó como uno de los más emocionantes del banquete renguero.

“Dame un poco de luz, porque ahora vamos a mostrar lo oscuro”, dijo el guitarrista dando paso a uno de los mejores riffs del trío de Mataderos, el de “Oscuro diamante”, canción en donde el protagonismo de Manu en saxo, los giros en medio del escenario de Tete Iglesias y la precisión de su bajo, y el virtuosismo de Chizzo, que terminó tocando de rodillas en el piso del escenario, dieron cuenta de la increíble puesta en escena de una de las bandas más importantes del rock nacional.

Cuando el show estaba llegando a su pico más alto, la intro de una viola distorsionada anunciaba la llegada de “En el baldío”. Haciendo referencia a su nombre, “Bien alto” llegó con todo el power. Un dúo de armónica y viola hicieron de esta canción una de las joyitas de la noche. El público acompañó con sus voces, saltando enardecidos y con banderas que bailaban en el aire.

“La estamos rockeando un poco ¿no? Si esto no es rock, ¿el rock dónde está?”, alardeó con orgullo. Haciendo referencia a lo que significaba esta noche para la banda y para su gente, gritó: “Esta es mi última oportunidad, es mi oportunidad oportuna, y dio paso a los primeros acordes de esa canción. La impecable intervención de los vientos en diferentes partes del show fue uno de los lujos de la noche, especialmente en “El final es en donde partí”, la última canción antes del aparente final.

Los bises llegaron con un enorme reptil inflable que se movía salvajemente en el fondo del escenario. “Yo creo que en este recital las letras hablaron por si solas”, dijo el líder de la banda y sonaron “Ser yo” y “Reíte”, las dos últimas canciones del “disco de la estrella”. Antes de despedirse, el cantante volvió a agradecer a su público e hizo un pedido muy especial: “Váyanse en paz y en tranquilidad para que mañana, cuando se junten a comer los fideos en su casa, hagan un lindo comentario en la mesa”. La gente aplaudió en apoyo a ese pedido y sonó, ahora sí, uno de los últimos: “El viento que todo empuja”. “Amigos y amigas, nos vamos, como siempre, Hablando de la libertad, anunció Chizzo y el público eufórico dejó todo en esta última canción tan emblemática. En las pantallas, acompañaban imágenes de la previa, de la gente llegando al estadio, muchos en familia, y del backstage del armado del show.

Este regreso de La Renga a los escenarios de la ciudad de Buenos Aires, sin dudas, es un momento bisagra del rock nacional. Es una demostración de que es posible disfrutar de un show de gran magnitud, organizado y producido de manera prolija, para la gente y pregonando, desde ambas partes, por el cuidado mutuo. Es una buena oportunidad para des estigmatizar al rock nacional y darle el lugar que merece en la agenda cultural porteña.

 

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