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Edu Schmidt: Quiero ser un pendejo

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El multiinstrumentista devenido en solista tras sus agitados días en Árbol, entrega su tercer disco para devolverle la juventud perdida a su cuerpo.

Ha salido un nuevo álbum de estudio de Edu Schmidt, y eso es noticia. Así es, tras “El silencio es salud” (2009) y “Chocho” (2014), el ex Árbol vuelve a la carga con “Loco”. Dicho álbum contiene diez canciones, y las mismas recorren un nuevo mundo de sensaciones.

Siempre situándose en lo que se puede denominar como lo cotidiano, Edu mantiene la esencia de aquellos días en los que explotaba su rabia al mando de Árbol. De hecho, el músico ha manifestado que para esta placa se propuso no perder ese espíritu joven que desborda de pasión e iniciativa. Tal vez por ello, en el plano extra musical, él prepara diferentes menús gastronómicos que son degustados por el público antes de sus recitales. En sus shows, cuando no se presenta de manera solitaria en formato acústico, vale decir que lo acompañan los músicos que tocaron con Alejandro Sokol en El Vuelto SA: Gustavo Bustos en guitarra, Sebastián Villegas en bajo, y Damián Bustos en batería.

Grabado en Estudio del Abasto por Álvaro Villagra, y producido por Daniel Martin, “Loco” cuenta con un eclecticismo musical que le escapa a un rótulo definido. Transita del punk melódico (“Otoño”) al ska (“Si salgo”), hasta llegar a un tema pop de estribillo pegadizo que no para de repetirse en nuestras mentes (“Pasa”). Además, hay invitados estelares que adornan bellas canciones como “Caer” (con Jorge Serrano, de Los Auténticos Decadentes), “Pez volador” (con Sebastián Teysera, de La Vela Puerca), y “Cemento” (con la participación especial de los hermanos Juan Carlos y Jorge Cordone, guitarristas de Edmundo Rivero). Este último tema, un tangazo de ley, fue presentado previo a la proyección del documental de Cemento en el mismísimo reducto de Estados Unidos 1234.

También hay lugar para la melancolía característica de Edu en “Navidad”, y particular lucimiento de su famoso violín en la triada final: “Arriba el sol”, “Fuego” y la existencialista “Quien era yo”. De esta manera, el hombre orquesta y multiinstrumentista irrumpe con una nueva placa de treinta minutos y monedas que lo obligan a hacer lo que más le gusta: salir a tocar. Así, su fábrica de canciones arengadoras y tristes goza de buena salud.

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