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Evanescence en Tecnopolis: Oid mortales

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La banda liderada por Amy Lee regresó a Buenos Aires para reconfirmar el romance con el público local, que agradeció agotando las localidades del estadio de Tecnópolis, en Villa Martelli.

Mucho agua pasó bajo el puente desde la última visita de Evanescence. Amy Lee tuvo un hijo, hubo problemas legales con la discográfica, el lanzamiento de un disco recopilatorio y nuevos integrantes. Mtv quedo sepultadó pero en la época del on demand y los millennials parece que toda esa fuerza de los primeros dos discos (“The fallen” y “The open door”) parecen seguir intacta. Sino ¿cómo se explicaría que dos generaciones de fans se unieron y agotaron las localidades del show?

La previa estuvo a cargo de los locales Afterlife, banda emergente que se mueve en el metal sinfónico clásico y coquetea con el hard rock. Hicieron un par de temas propios y algunos covers. Uno fue “Call me”, de Blondie, con Luciana Segovia (Cirse) de invitada. Se mostraron muy agradecidos por la oportunidad, cumplieron un sueño y se fueron con la frente en alto.

Evanescence salió a escena a las 21.30 con un sonido y puesta impecable. Arrancaron con Everybody’s fool”, “What you want” y “Going under”, un triplete que refleja sus sonidos característicos: lo sinfónico gótico con lo pop y hasta con toques industriales o de nu metal. Eso ha marcado a la banda desde su fundación, allá por 1995, y aún -aunque hoy no haya quedado ni un miembro original a excepción de Amy– continúan esas reminiscencias.

En un momento se apagaron las luces, dos plomos movieron el piano (que iba a entrar y salir más veces) y la cantante interpretó “I wanna dance with somebody” (clásico de Whitney Houston), seguido de la festejada “Lithium”. De esta forma se marcó una estructura de show que no falla: la de alternar momentos de baladas calmas con temas poderosos eléctricos. De fondo había sólo un telón, acompañado de buen juego de luces, y la monstruosa batería de Will Hunt. Este personaje hizo recordar mucho a Mikkey Dee (de Motorhead) por su entrega y por no dejar ningún bache.

El resto de la banda no presentó gran destaque ya que todo gira alrededor de ella, incluso las pantallas laterales. Los matices se basaron en su voz lírica con furia y tristeza, (“Everybody’s Fool” o  la excelsa “My inmortal” son ejemplos) o los momentos del piano donde proliferaron los gritos histéricos y los celulares arriba filmando. Se trató de una Amy de pocas palabras, pero que se metío el público al bolsillo cada vez que habló en español; y no hizo falta la demagogia aparte de una bandera desplegada hacia el final.

La lista se basó mucho tanto en el disco debut como en el último, homónimo. Por supuesto, no faltaron los hits “Call me when you’re sober”, el cierre con “Bring me to life“. Para los bises dejaron “Whisper”, sin dudas una de sus mejores y más complejas creaciones. En conclusión, el no estar en el foco de atención de los medios no afectó en nada la popularidad de Evanescence, porque esa magia sigue intacta. Sólo queda ver cómo respaldan esta etapa con nuevo material.

 

Redacción ElAcople.com

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