ENTREVISTAS

Balde: “Me levanto y arranco de nuevo”

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Ray William Morrison Orquesta debutó en Capital y prepara un disco para mayo. La actualidad del ex Kapanga, instalado definitivamente en Mar de Cobo.

Es sábado 22 de abril. En Villa Devoto, la Ray William Morrison Orquesta está a punto de tocar por primera vez en Capital. La banda, integrada por Marcelo “Balde” Spósito (bajista y compositor de Kapanga hasta 2011) y Pablo “Yogur” Dieguez (guitarra, coros y teclado) va a estrenar las canciones de su EP “Feliz” y otras que verán la luz en mayo, cuando el primer disco esté a la venta. Los acompaña un grupo de músicos del oeste. Algunos de los títulos que integrarán la placa son “Rulo”, “Nunca me contaron hasta diez” y “Ahí estaré”.
El escenario es atípico y reducido: la casa de un fan que reunió a 40 privilegiados que conocerían antes que nadie las nuevas composiciones.

Previo a cada interpretación y entre risas, Balde -que se instaló en Mar de Cobo hace ocho años- va a contar el contexto de las estrofas. Después, admitirá que está “jugando a cantar”. Para el final, algunos de los espectadores sumarán sus coros en el único bis de la noche: “Qué cara de idiota que tiene tu novio”, que Damas Gratis grabó en su nuevo álbum, “Somos nosotros los buenos”.

¿Cómo llegó esa canción a Pablo Lescano?

Vino a Mar de Cobo el verano pasado, a la hostería de un amigo mío. Yo lo conocía por haber compartido un asado con él y Hugo Lobo. Nos vimos y escuchamos un montón de canciones. Me dijo: “Si a esa le bajás el tempo del ritmo, la hago con Damas Gratis”. Hicimos una muestra de cómo sería y se copó. Después fui a la casa a escuchar la versión. En diciembre me llamó por teléfono y me avisó que la iba a tocar en el Luna Park esa misma noche. Está buenísimo que la haya grabado, a mí me cabe. Es una canción mía entrando en otro lugar. Cuanta más gente la conozca, mejor y más chances de que le guste a alguien. Me encantaría tocarla con ellos. Salió antes su versión porque nosotros laburamos de forma independiente y editamos cuando podemos.

¿Con qué se va a encontrar la gente cuando escuche a la Ray William Morrison Orquesta?

Es música retro, beat con orquesta, un poco de country, algunas canciones más oscuras, algunas más bizarras, otras más serias. Creo que se viene un disco que está buenísimo y que no se parece a nada de lo que hay sonando en la actualidad. Tenemos un EP de siete canciones. El disco full ya está listo, va a tener doce y saldrá en mayo. Lo que pasa es que estamos esperando cobrar para mandar a imprimir 500 discos, poder registrarlo en SADAIC y hacer toda la parte burocrática necesaria antes de editarlo. Además, la idea es venir a Capital todos los meses, hasta que la banda empiece a mover un piso de gente que nos permita hacer otras cosas. Lo primero que queremos es que se escuche, que los que se llevan el EP hoy se lo cuenten a los amigos.

¿Cómo es tu vida en Mar de Cobo?

Yo sigo con la música, compongo y grabo algo todos los días. La diferencia es que abro la puerta de mi casa, camino 200 metros y estoy en el mar. Es un lugar en el que viven mil personas, queda a veinte minutos de Mar del Plata y para mí está lleno de canciones. La primera vez que fui, escribí casi entero el disco “¡Ésta!” (2004) y desde entonces hice la mayoría de los temas ahí. “Todoterreno” (2009) también fue compuesto casi íntegramente allá. Es re tranquilo, encontré mi lugar en el mundo. Yo viví en Quilmes 30 años, pero siento pertenencia a Mar de Cobo. Cuando llego y cruzo el arco de la entrada, estoy a salvo.

¿De qué manera seguís ligado a la música?

Cuando me fui de Kapanga, creo que me ligué a la música más que nunca. Armé una banda que se llama Cultivo La Tierra, trabajamos con ellos varias canciones y las grabamos. Edu Schmidt me visitó para hacer dos temas y su disco “Chocho” tiene 10, de los cuales 9 los compusimos juntos. Escribí “Todos locos”, “Que corran” y algunos más para Los Caligaris. Produje el disco de La Whillington (una banda marplatense); colaboré con Científicos del Palo, haciendo arreglos de coros. Hice la canción de la película de Boca. También un disco de cuarteto que se llama “Minicanciones” y dura 15 minutos, con Valentín Scagliola (N de R: tecladista de Los Caligaris). Además de uno de 30 canciones para una radio íntegramente compuesto por mí a pedido de los oyentes. Cuando tuvimos todo, convoqué a 10 bandas para que graben el disco. Se puede bajar gratis de internet. Y una canción para Tomo Como Rey, un grupo de Chile.

¿Te costó volver a la independencia musical después de tantos años?

El sistema es como mixto, porque a “Minicanciones” lo va a editar PopArt. Lo de Ray si no lo edita nadie, lo sacamos nosotros. Yo sigo teniendo la independencia de siempre, con contrato o sin contrato. Con Kapanga hacíamos los discos como queríamos y los llevábamos terminados a la compañía. No le dábamos a elegir temas a nadie.

Hay composiciones muy diferentes entre sí. Algunas decías que son humorísticas y otras, más oscuras. ¿Cómo es el momento en que las escribís?

A veces caigo con la historia y otras canto en cualquier idioma y reemplazo la letra. Al momento en que dí en el clavo nunca lo supe describir. Algunos piensan que es un secreto o un método. Pero es difícil explicar que estoy ahora acá con vos y por ahí se me ocurre una melodía que, mientras charlamos, la estoy tarareando dentro de mi cabeza. ¿Cómo te lo explico? En este instante no me pasa, pero sucedió muchas veces. Estar en una charla, que aparezca una melodía y de lo que la gente habla conmigo escuchar un murmullo, no escuchar claro lo que dice, porque presto atención a la música. Así surgieron muchas canciones.

Hoy tocaste “Mejor no hablar de ciertas cosas”. ¿Sumo fue una influencia importante?

Es la banda que yo seguí cuando era chico. Agarré justo la época, a los 17 años. Los vi como 50 veces, en vivo eran muy mágicos. Veníamos de toda la historia de la dictadura e íbamos a cualquier recital que hubiera. Fui a ver a Baglietto, Serú Girán, Pedro y Pablo, Silvio Rodríguez, Riff,  Moris, ZAS, Virus, Soda… Y un día vi a Sumo en un club. Me acuerdo que en el lugar había una nube que no se veía nada y olor a porro. Empezaron a tocar y vibraba. Salió Luca y yo flasheé mal, se me cayó la cabeza para un costado. No se cantaba en inglés en esos años y él lo hacía. Tenía otra cabeza. Yo los vi tocar y me preguntaba: “¿Dónde dejaron el ovni estos chabones?”. Tenían información muy fresca de Inglaterra, del punk, del new wave. Luca agarraba una guitarra en el medio del show y hacía él solo temas de Bob Marley, de Lou Reed y era increíble. Me cambió el cerebro. Para mí, Sumo es una de las mejores bandas del rock argentino junto con Manal.

Activo. Así está Balde en Mar de Cobo. Allí crea canciones constantemente, orientadas a distintos proyectos. Desde la costa, continúa ligado a la música. Seguirá mostrando su nuevo material por distintos lugares, jugando a cantar y divirtiéndose. Iniciando el movimiento de la Ray William Morrison Orquesta, un “trabajo más de hormiga”, advierte. Él describe este momento y a sí mismo en “Nunca me contaron hasta diez”: “Es una de mis preferidas y habla de que a mí me pasaron un montón de cosas pero antes de que la cuenta llegue al final, yo me levanto y arranco de nuevo. Es difícil que dé por perdido algo”.

3 Comments

  1. salome

    30 junio, 2017 en 00:49

    Muy interesante y muy buena nota !

  2. puravida

    6 junio, 2017 en 01:45

    me encanto! un tierno balde.

  3. Agustin F

    29 abril, 2017 en 19:39

    Muy buena nota!. A Bancar a Balde!

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