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Rancid: La figurita que faltaba

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La banda californiana brindó un imponente show el jueves en el teatro Flores.

Después de la visita de Descendents del año pasado, Rancid era la última de las bandas punks legendarias que no había pisado suelo argentino. Y después de tantos años de espera, un show de una hora en el marco del Lollapalooza parecía poco, por eso cuando se anunció un show íntimo en el Teatro Flores (por insistencia del público que utilizó las redes sociales para hacerse oír) no fue extraño que las entradas se agotaran en pocas horas.

La ansiedad se hacía notar desde mucho antes y a las 21:15 se abre  el telón para mostrar a Tim Armstrong arrancando inmediatamente con “Radio” y la explosión en el lugar es total. Al engancharle “Roots radical”, la locura llega a todos. A pesar de ser día de semana y de que el público ya es un poco mayor, no hay lugar en la pista del teatro en donde no haya alguien bailando o saltando.

Los años de espera son pagados con una avalancha de hits: “Maxwell murder”, “Nihilism”, “Salvation”. La banda sabe lo que el público quiere y no duda en entregárselo. A pesar de que el sonido no es el mejor, la habilidad de los músicos de entregar hit tras hit es innegable. Y después de años y años de girar, la banda se encuentra genuinamente sorprendida de la respuesta de la gente y entregan una performance sólida, apasionada, que no intenta simplemente complacer y sacarse las canciones de encima. Eso pasa cuando fans y banda se incentivan los unos a los otros.

El repertorio está enfocado en los primeros tres discos. ¿Ya dieron lo mejor que tenían? Posiblemente. Pero el objetivo de Rancid es que el show sea una fiesta, y para lograrlo recurrirá a sus mejores armas. Aún así, canciones más recientes como “East bay night” u “Honor is all we know” son más que bien recibidas. A pesar de la treintena de temas, el show nunca resulta aburrido. La emoción del público, la entrega de la banda y un repertorio bien elegido y balanceado dan como resultado un concierto vibrante, que logra sobreponerse a los problemas de sonido con la marcha.

Momentos como “Fall back down”, “Time bomb” y “Ruby Soho” son los puntos fuertes de la actuación de una banda que sabe cómo pararse en escena. Saben sus límites y sus virtudes y juegan con eso. El punk ya no cambiará el mundo, pero con la imagen de Armstrong cantando entre el público mientras todo el lugar no para de bailar, sabemos que unos miles fuimos un poco más felices durante un rato.

azafatodegira.com

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