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Indio en Olavarría: crónica y tratamiento mediático

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El ex líder de Los Redondos convocó a más de 300.000 personas para un show que dejó dos personas fallecidas y a los medios de comunicación informando sobre supuestos, trascendidos y cifras que luego desmintieron.

Pasados seis días desde la presentación de Indio Solari y los fundamentalistas del aire acondicionado en Olavarría, la información ha cambiado. Apenas finalizado el concierto, los asistentes que llegaban a los transportes que los devolverían a sus hogares se enteraban de que había siete muertos. Eso era lo que afirmaban muchos medios de comunicación. Horas después, confirmarían dos.

A partir de ahí, las causas que se señalaban eran avalancha y aplastamiento. En todos los canales se hablaba del ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y desfilaba un gran número de oportunos especialistas en seguridad que hasta el día anterior eran animadores de espectáculos. Con el paso de los días, las autopsias determinaron que Javier León murió de una trombosis pulmonar y Juan Francisco Bulacio a causa de un paro cardiorrespiratorio. Los análisis toxicológicos arrojaron presencia de drogas y alcohol en los cuerpos. También se confirmó que no había signos de aprisionamiento. Antes, el periodismo informó desde supuestos y confirmó datos sin chequear.

Lo que pasó es materia de investigación. El intendente Ezequiel Galli, los titulares de la productora En Vivo S.A. y el propio Solari ya declararon en la causa sobre lo sucedido el 11 de marzo en el predio rural La Colmena, ubicado en una ciudad en la que habitan 120 mil personas y que fue colapsada por la gran cantidad de asistentes.

En los accesos hubo pocos controles, un cacheo casi inexistente, una escasa presencia de efectivos de seguridad y algunos kilómetros por caminar entre puestos de comida, bebida y remeras ubicados muy cerca de los molinetes y de tal manera que hicieron más caótico el ingreso.

Con campera y gorra rojos, lentes oscuros y mameluco de jean, apareció el Indio. Apenas pasadas las 22, “Barbazul versus el amor letal”, “Porco Rex”, “Arca monster” (que nunca había sonado en vivo), “Chau mohicano” y “Ropa sucia” encabezaron la lista que armó para reencontrarse con su público un año después de Tandil y a veinte de la prohibición que sufrieron los Redondos. En ese momento, algunas personas cayeron al piso y Solari se quedó al borde del escenario pidiendo por Defensa Civil ante la confusión general. Se escuchó un llamado de atención: “Si siguen empujando, no vamos a poder continuar”. Todo se interrumpió durante veinte minutos y, obviamente, nada volvería a ser igual.

Entre algunos intervalos más, al frontman se lo vio preocupado, lejos de lo que pasaba en el escenario y entrando a destiempo en varias canciones. En un clima muy extraño, pasaron “Héroe del whisky”, “Etiqueta negra”, “Había una vez” y “Pedía siempre temas en la radio”. A lo largo del concierto, hubo lugar para más estrenos, como “Babas del Diablo” y “Una rata muerta entre los geranios”.

Aunque estuvo poco comunicativo, más allá de los comentarios sobre la temperatura y su -ya legendaria- “gola”, el Indio mencionó algunos temas importantes después de “Todo preso es político”. Aconsejó a quienes tengan dudas sobre su identidad acercarse a las Abuelas de Plaza de mayo y se manifestó en contra de la baja de edad en la imputabilidad, asegurando que “el Estado no puede ser penal antes que social”.

Algo  más corta que lo habitual, la lista incluyó “A la luz de la luna”, “Las increíbles andanzas del Capitán Buscapina en Cyberisberia”, “Esa estrella era mi lujo”, “Flight 956”, “To beef or not to beef” y “Nuestro amo juega al esclavo”. Antes de “Ji ji ji”, el calvo cantante agradeció a la enorme multitud y le dijo: “En el mundo no hay algo parecido a esto”, para desencadenar después en el “pogo más grande del mundo”. Enganchado al clásico de “Oktubre”, sorpresivamente, sonó “Mi perro dinamita”.

Ya se habían encendido las luces y comenzaba la compleja y lentísima desconcentración del predio. Las pocas salidas estaban al fondo del campo y muchos intentaban retirarse al mismo tiempo. Los colectivos esperaban por los visitantes de Olavarría. Varios regresaron sin llenar el total de pasajeros. Muchos chicos quedaron varados, sin señal de celular y deambulando por la ciudad. Otros recorrían hospitales buscando amigos.

Un día después, mientras el Indio declaraba ante la fiscal en el hotel, diarios y televisión trataban el tema muy lejos de brindar un servicio ante la situación. En todas partes del país había gente que tenía conocidos en Olavarría con los que no pudieron comunicarse. Desde las noticias, se sumó confusión y pocas certezas. No se trata de minimizar los hechos; lo sucedido debe ser investigado. Pero así como hay que analizar el marco y las condiciones del recital, los medios no deberíamos informar desde supuestos ni aportar al desconcierto. Tampoco debemos oficiar de jueces ni dar por sentada información sin corroborar. Sólo entonces podremos decir que cumplimos con nuestro rol.

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