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The Pretty Reckless: Manteniéndose real

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La banda de Taylor Momsem volvió al país para confirmar que lo suyo es verdadero.

Desde el primer día, The Pretty Reckless tuvo que enfrentar los prejuicios; la idea de una actriz adolescente que un día decidió ser estrella de rock. Pero como ya vimos en su primera visita, la banda está lejos de ser un capricho. Con el siempre fundamental tercer disco bajo el brazo, la banda debía demostrar estar a la altura de sus objetivos.

Momsen sale a escena y no necesita decir ni hola para que escuchemos, literalmente, la ovación más ensordecedora en la historia del Teatro Vorterix. Cubierta completamente de negro, su blonda cabellera parece ser lo único que ilumina el escenario. Y a pesar de sus dotes de actriz, hasta que la música no se mete en su cuerpo, vemos a una persona frágil y hasta tímida.

El que pega primero, pega dos veces, y a The Pretty Reckles les gusta arrancar su show fuerte. “Follow me down” y “Since you´re gone” agarran a los desprevenidos con la guardia baja. La banda demuestra que rockea, que pueden ser pesados si quieren, sobre todo con el aporte del baterista Jamie Perkins. A Momsen no le interesa posar para la foto; se aferra a su micrófono y quiere que sus canciones sean tomadas en serio.

Hay que dedicarle una apartado a la música de la banda, que se pasea por el hard rock, el country, el soul, el góspel. Música antigua, tal vez ajena para todos esas chicas y chicos que llenan el lugar. Lo cierto es que en una época donde lo que escuchamos parece hacerse en laboratorios, nos damos cuenta que The Pretty Reckless vuelve a la esencia más básica. Y todo lo que podés pensar sobre ellos, en realidad es todo lo contrario. Taylor y el guitarrista Ben Phillips componen cada canción de la banda. En el escenario no hay pistas o playback, todo es en vivo. Y cada una de las 1.300 personas que copan el lugar, está ahí por la música. Sí, podrán gritar cada vez que la cantante mueve una mano, pero también cantan cada canción, sea hit o no. Escuchan el disco entero. Seguramente hasta hayan comprado el álbum físico. Les importa la música, porque cantan canciones de Soundgarden o System of a down en la previa, bandas que dejaron de sacar discos cuando la mayoría de ellos eran niños o bebés. Realmente no sé si la banda tiene la misma reacción en todos sus shows, pero escuchar al público cantar “My medicine” o “Going to hell”, realmente estremece.

Y el concierto es duro; el local está completamente repleto, el calor es sofocante y la presión del público por estar cerca de sus ídolos es agobiante. Decenas de chicas salen al borde del desmayo. En épocas donde parece que no nos cuidan, es nuestro deber remarcar el trabajo de la gente de seguridad y de la barra, ayudando y dando agua a quien la necesite.

Volviendo a la música, tan en serio se la toma Momsen que se da el lujo de dejar hits indispensables afuera: “Going down”, “Miss nothing”, “Hit me like a man”. Porque esto no es un producto y porque se apuesta por el presente y el futuro. Canciones recientes y redondas como “Oh my god” o “Take me down” no hacen extrañar los clásicos.

Desde afuera The Pretty Reckless parece ser el capricho de una actriz rebelde que quiere tener su banda. La realidad es todo lo contrario; una banda hecha y derecha que rockea y fuerte. Que tiene una cantante que no se achica en vivo y los que la acompañan no son simples músicos contratados. Que sabe hacer buenas canciones. Su público no son fans de una estrella; son chicos que les gusta la música de guitarras fuertes y que encuentran en esta propuesta, tal vez, al único representante de su generación.

azafatodegira.blogspot.com

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