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Festipulenta XXV: días 3 y 4

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El objetivo del Festipulenta es, claramente, acercarte la mayor cantidad de música posible; mezclar los géneros, mezclar los artistas. Que, aunque vayas solo por una banda, te quedes a disfrutar todas las propuestas. Esa cuestión de sacar al público de su zona de confort, y que confíe en la calidad y en la personalidad del festival. Con 25 ediciones y con la gente llenando cada fecha, está claro que logró su cometido.

Día 3

Sombrero y Revolutiva se encargaron de arrancar la tercera jornada. Estos últimos, con su mezcla de country y blues, terminaron siendo los bichos raros de la jornada, que, a fuerza de buenas canciones y buenas interpretaciones, se ganaron al público al mismo tiempo que dejaron contentos a sus fans.

El Festipulenta es un lugar que le sienta bien a Acorazado Potemkin; el trío siempre da ese algo extra. Con la potencia de Lulo Esaín tras los parches como estandarte, la banda entrega una música que no necesita ser punk para sonar urgente, y sin embargo lo es. Canciones como “La carbonera” o “Sabes” son tan angustiantes como esperanzadoras y mueven cosas dentro de uno. Lo mismo sucede con las nuevas como “Mundo Lego”; mientras en la mayoría de los shows la gente solo espera que las nuevas composiciones pasen rápido, acá se les presta suma atención.

Los uruguayos de Hablan por la espalda jugaron como locales. Su mezcla de candombe, blues y hardcore, sumado a la entrega de sus músicos, genera un efecto hipnótico. Público y banda entran en estado de trance, donde a veces se da el baile (“Macumba”), el pogo (“El pequeño detalle que cambio todo”) y a veces las dos cosas a la vez (“Himno del incendio”). Después de casi tres años sin tocar en el país, se despacharon con uno de los mejores shows del festival. Entre tantas bandas uruguayas adoptadas como nuestras, seria bueno que hagamos lo mismo con ellos.

El día lo cerró El Perrodiablo. Por derecho, personalidad y porque así debía ser. Doma, vestido de camisa y corbata, duró poco en ese estado. Los shows de la banda tienen fama de impredecibles, y este no fue la excepción. Con el cantante recorriendo las instalaciones del lugar y haciendo cantar a su gente, hay hasta tiempo para alguna pelea con algún desubicado del público. Sí, nos gusta El Perrodiablo porque representa todo lo que un show de rock debe ser. Pero antes que todo, el rock es música y ellos son una gran banda de rock and roll; el de verdad, vieja escuela, que va desde Elvis a New York Dolls, de Stooges a Supersuckers. Y no se comen en ningún momento la película del descontrol y el bardo porque sí. Son un grupo que suena increíblemente sólido y que logra que cada canción sea un hit. El Perrodiablo es una experiencia que se debe vivir sí o sí.

Día 4

Los Bluyines y The Hojas Secas acapararon el primer tercio de la última jornada con su rock barrial de antaño. Luego del acústico a dos guitarras de Gustavo Álvarez Núñez, GAN, ex líder de Spleen, un suculento harén de seguidores se presentó en el centro cultural para ver a los grupos platenses. Primero a la nueva banda de Tomás Vilches, que cuenta con una armónica -hoy una rara avis- en su formación; después con los Hojas Secas y sus guitarras al frente, estribillos para agitar entre amigos y la maquinaria de hits instantáneos a la orden del día: “Nos pasa lo mismo”, “Convidé” y “La gloria”, entre otros.

“Si esto no es el rock, ¿el rock dónde está?”, disparó encendido Lulo Esaín, una máquina detrás de los tachos y el único músico que tocó dos veces en esta nueva edición del Festipulenta, el domingo con Acorazado Potemkin y el lunes con Valle de muñecas. El experimentado cuarteto repasó su fina discografía y hasta se dio el gusto de interpretar “Áspero”, de Attaque 77.

La espera para Viva Elástico se hizo larga, sin embargo tanto preparativo anticipaba una presentación de nivel. Dicho y hecho: recién llegados del Cosquín Rock, la banda de Ale Schuster se despachó con uno de los mejores shows de todo el festival. Fernando Blanco, de los Valle, sumó arreglos y riffs en “Imágenes de amor”, track del primer disco homónimo. “Vamos”, le dijo al baterista; “intro”, agregó, en dirección a la otra guitarra: Schuster está en todos los detalles, enérgico y estridente, de un nivel superlativo.

Durante los últimos días se especuló con la banda sorpresa, que Prietto viaja al cosmos con Mariano, que El Mató, incluso se deslizaron dos iniciales poderosas: A. C. Finalmente los Bestia Bebé tomaron la posta en una presentación poco organizada aunque distendida. Manza, bastión fundacional de la escena, subió para cantar “Sabes”, y la cadena de músicos se incrementó: Vilches en “Fiesta en el barrio”; los Hojas Secas entonando “Wagen del pueblo” y, el cierre, con parte de Las Ligas Menores haciendo “Patrullas del terror”.

Los Rusos Hijos de Puta fueron los elegidos para el cierre definitivo de un festival memorable. Entre la estética glam y el espíritu punk, pero siempre con la esencia del rock más primitivo al frente, el cuarteto sacudió todo el recinto con una catarata de tracks explosivos, “Bien bien bien”, “La federal”, “Me caen todo mal menos mi novio” y “Carmelo”.

Mientras los grandes medios aún no se hacen eco de lo que sucede en el under, la edición número 25 del Festipulenta, hasta el momento la más extensa en sus 8 años de existencia, tuvo las más diversas propuestas dejando la vara en una posición realmente alta. Viva Elástico, Acorazado Potemkin, Mi Amigo Invencible, El Perrodiablo, Los Reyes del Falsete, entre otras, demostraron el presente que atraviesa la escena, hoy más viva que ayer.

azafatodegira.com

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