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Entre históricos, consagrados e ídolos nuevos

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El último día del festival se caracterizó, por un lado, por la gran convocatoria que tuvo el escenario temático “Rock 50 años” con su desfile de históricos, y por el otro, por la masa de público joven que colmó el recital de La Beriso, encargados del cierre de la 17º edición del Cosquín Rock. Una banda que, de buenas y a primeras y a base de un rock canción liso y llano, viene llenando estadios desde hace sólo un par de años y que una vez más ratificó su masividad.

Los primeros shows de la tarde en el escenario principal estuvieron marcados por la lluvia. Tal es así que los necochenses de El plan de la mariposa tuvieron que acortar su set. Para suerte de Palo Pandolfo, en medio de su repaso por sus distintas bandas como “Ella vendrá” de Don Cornelio o “Estaré” de Los visitantes, el sol reapareció entre las sierras y la lluvia se disipó, de una vez y para siempre.

El clima acompañó cuando Carl Palmer, el baterista de Emerson, Lake & Palmer, brindó el segundo show internacional más importante del festival (el otro había sido el de Rich Robinson, guitarrista de The Black Crowes, el día sábado). Fallecidos sus legendarios compañeros, completó su formación con un guitarrista que reemplazaba los teclados de Emerson y un bajista sustituyendo a Lake. Después de clásicos como “Welcome back my friends”, “The barbarian”, “America”, en “Fanfare for the common man” Carl se lució con un solo de batería. Sin embargo, tal como pasó con el show de Robinson, la mayoría de público se concentraba, a esa hora, en otros espacios. “No tengo nada contra el flaco Pailos (humorista cordobés) pero se lo puede ver cualquier día en Córdoba. Mientras la carpa donde estaba él estallaba; había poca gente viendo a Palmer”, refirió en su balance final el productor del festival, José Palazzo.

Por ese mismo escenario principal pasaron La que faltaba, la banda de Micky Rodríguez, ex bajista de Los Piojos -que tuvo su cumbre cuando sonó la piojosa “El balneario de los doctores crotos”- y el regreso de Los Guarros con su formación clásica después de veinte años de estar separados.  Javier Calamaro y los suyos cerraron con su tema más recordado: “Vamos a la ruta”.

El punk rock dijo presente con sus representantes locales más históricos: Los Violadores, reunidos recientemente, y los Attaque 77. Después de su reencuentro, Los Violadores hicieron su Luna Punk, donde grabaron disco en vivo y probaron que el público afín al estilo los sigue eligiendo. En su vuelta a los festivales, la banda de Pil Trafa y Stuka confirmó que se merecían ese lugar y que fueron necesarios. Las ganas de sonido punzante y letras anti sistema como las que simbolizan “Violadores de la ley”, “Más allá del bien y del mal”, “Represión” o “Uno, dos, ultraviolento” se saciaron con ellos y revindicaron su actualidad. Los Attaque se retroalimentaron de la fuerza que había quedado en el ambiente y arrancaron con “Espadas y serpientes”, “Western” y “El jorobadito”. Presentaron al público cordobés “Como salvajes”, del EP que formará parte del nuevo disco “Triángulo de fuerza”, porque Mariano Martínez mencionó que la mejor forma de festejar los treinta años era haciendo nuevas canciones. A los obreros de los conflictos de Zanon y el Bauen dedicaron “Setentistas” y cerraron con “Hacelo por mí” y ”Dame fuego”.

Mientras Fito Páez hacía “Al lado del camino”, en el escenario temático Kapanga, en un cruce azaroso, luego de abrir con “Rock”, movía a su público al ritmo de “En el camino”. Los de Quilmes volvieron a entregar la fórmula que tan bien les cabe en recitales festivaleros: una performance donde entre chistes y guiños irónicos entre el Mono y Maikel De Luna Campos (guitarrista) interpelan a sus fanáticos, repasando su repertorio más agitador: “No me sueltes”, “La crudita”, “El universal” y “Mono relojero”.

Si esta edición del Cosquín Rock estuvo plagada de homenajes a distintos grandes e históricos del rock nacional, el espíritu de Sumo sobrevoló distintas presentaciones: la de La Vela Puerca con un enganchado con “TV Caliente”; la de los Fabulosos Cadillacs con “Mañana en el Abasto”; “Banderitas y globos” por Panteón Rococó con Daffunchio de invitado; la lectura de la banda por el saxofonista original en su show “Sumo por Pettinato” y, como no podía ser de otra forma, la de Las Pelotas. Después de un largo set de casi veinte temas, avivado por los fanáticos, invitaron a Juanchi Baleiron para despedirse con “El ojo blindado” donde Germán hizo una alusión irónica a Mauricio Macri. Antes había hecho lo mismo con Donald Trump en “Capitán América”. En memoria de Bocla Sokol fueron la seguidilla de “Como un buey” y “La mirada del amo”, donde Daffunchio estuvo acompañado en voz, como pasa habitualmente, por Gabriel Dhabar de Cayacanaya.

El cierre estuvo a cargo de la banda de Rolo Sartorio que arrancó con “Tres mujeres y ella”, del último disco “Pecado capital” (2016), del que también sonó “Risas de pobres”. La Beriso contó con dos invitados: Nahuel Amarilla, cantante de La perra que los parió en “Un error”, y Juanse para recrear “Cowboy”, de Los ratones paranoicos, y compartir la canción “Infierno”. Las últimas de una larga lista de 23 temas fueron “Legui” y “Todo es mentira”.

Juanse en el show de La Beriso y Juanchi Baleirón en el de Las Pelotas se despidieron de un festival que les dio un lugar propio los tres días y que supieron capitalizaron de la mejor forma. La carpa de Los Pericos volvió a ser una fiesta y por allí pasaron Rolo Sartorio en “Lindo día” y Mariano Martínez y Luciano Scaglione, voz y bajo de Attaque 77, en “Garganta profunda”. “En estos treinta años, mucho tienen que ver ustedes”, agradeció Baleirón sobre el final. Por otra parte, en la carpa Geiser, Juanse se lamentaba porque el festival llegaba a su fin: “Qué rápido pasó todo”, saludó emocionado por su convocatoria antes de “Juana de Arco”.

Hubo muchos atractivos en el Cosquín Rock 2017 , entre ellos la amplia variedad de estilos que, en forma simultánea, se podía disfrutar. Por la “Casita del blues” -un escenario montado con la fachada de una casa prefabricada de cualquier parte del sur de Estados Unidos de la década del sesenta- pasaron grosos del género entre los que se destacó Botafogo en el último día. Por el “Quilmes Garaje” desfilaron diversas bandas que, como bien lo catalogaba el espacio, son apuestas nuevas, de garaje. Mención especial merece el doblete que hicieron los Shoot the Radio -el dúo electrónico formado por el bajista Zeta Bosio y Fernando Monierrumo en sintetizadores- y el show de Los Espíritus en la última jornada. 

Por su parte, en el escenario “Carlos Tórtola”, el rocanrol confirmó asistencia los tres días con bandas como Un segundo es demasiado, Rock a la orden o La mocosa; en tanto que en el “Ceremonia Geiser” y después de Juanse, se destacaron Banda de turistas y la chilena Cecilia Amenábar que hizo su set de DJ acompañada de su hija, Lisa Cerati. Y entre medio, un sinnúmero de diversiones que abarcaban desde un dispositivo para sacarse selfies; una colchoneta donde jugar voley; una pista de skate o un lugar para hacerse tatuajes en medio del patio de food trucks.

En esta edición que reunió a ochenta mil personas, hubo históricos del rock nacional e ídolos nuevos como La Beriso. Se combinó lo más clásico con lo moderno. “La merma en comparación con el año pasado fue de un veinte por ciento, pero ya lo sabíamos. Sin embargo, no nos achicamos y redoblamos la apuesta en comparación con el 2016. Para el año que viene, prometemos más”, concluyó Palazzo. Y a decir por los atractivos que año a año se suman al festival, hay que creerle. Porque el mito de las sierras siempre tiene preparado algo más.

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