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Rock nacional de nivel internacional

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La grilla del segundo día del Cosquín rock llevaba a pensar que se había puesto toda la carne al asador. Y realmente fue así. Los excelentes shows de La vela puerca, Skay Beilinson y Los Fabulosos Cadillacs hicieron que esta jornada sea realmente memorable.

Desde bien temprano y en una tarde soleada y calurosa, La perra que los parió, De la gran piñata y Jóvenes Pordioseros hicieron que llegar al predio a esas horas, postergando descansos, valiese la pena. Cada una de las bandas contó con importante afluencia de público. A Toti Iglesias se lo notó contento y defendiendo con orgullo aquel mote con el que se catalogaría más tarde en conferencia de prensa, asumiéndose como uno de los úlimos exponentes de un rock stone que está madurando y dejando de lado su original ortodoxia. La fiesta fue arriba y abajo en temas como “Cuando me muera” o “Nunca me enseñaste”. Un poco más tarde, los mexicanos de Panteón Rococó, con su apuesta de un rock ska más que interesante sorprendieron con la invitación a Germán Daffunchio, quien se les unió en el cover de Sumo, “Banderitas y globos”. Es que Las Pelotas fue parte de la reciente edición del festival en México, donde compartieron escenario con los Panteón. “La carencia” marcó el final de una banda internacional que fue un gusto poder aprovechar en medio de tanta oferta.

¿Qué pasó en este segundo día con las presentaciones de Los Pericos y de Juanse en el ciclo de tres que prepararon para este Cosquín? Si el primer día ambos habían llenado cada uno las carpas donde montaron sus shows -la alternativa y la Geiser, respectivamente-, en la segunda jornada y debido a la mayor cantidad de público que se acercó al festival en comparación con el día anterior, colmaron capacidad. Tal es así que muchos tuvieron que contentarse con mirar desde afuera. Además, en cada uno de los show hubo un plus que conquistó la atención. “Se quedó unas horas más para estar en este festejo de nuestros treinta años”, anunció Juanchi Baleirón y ante una ovación avasallante, apareció Ciro Martínez, quien health-e-child.org había cerrado el primer día con su banda, Los Persas. Para el deleite: Ciro y Los Pericos se unieron en “Runaway” a carpa llena y con agite garantizado. “Es una alegría formar parte de la celebración de una banda que alegró las fiestas de mi más tierna infancia”, se despidió el ex piojoso, mientras que Baleirón sintetizó: “Esto lo vale todo”. “No me pares”, “Complicado y aturdido”, “Pupilas lejanas” y “Garganta profunda” fueron algunas de las canciones de este segundo día, que se proponía abarcar la etapa de la adultez perica: fines de los canadian pharmacy online noventa y principios de los dos mil.

Como nota de color, ni bien terminó el show de Pericos,  buena cantidad de público que estaba en la carpa alternartiva cruzó corriendo a la Geiser. Es que desde allí se disparaba el sonido de “Ya no sos igual” de 2 Minutos. Los responsables de este cover eran los músicos de Callate Mark, el proyecto del joven Florián Fernández Capello, actual guitarrista fabuloso e hijo de Vicentico. La furia que se desató en el escenario y entre la gente con ese tema fue impresionante: puro desenfado. Poco antes, también había tenido su lugar en esa misma carpa Visión, la apuesta propia del otro heredero cadillac: Astor Cianciarullo.

Por su parte, en el show de Juanse se replicó el ritual que se había dado con Los Pericos. Con una carpa incendiada y a puro rocanrol, Ciro se entrometió bien recibido y bienvenido, para compartir junto con el anfitrión la versión de “Route 66”. Así, los dos músicos sumaron su pequeño recordatorio a Pappo, quien había sido homenajeado por Lovorne y Viticus el día anterior con motivo de otro aniversario de su muerte. Ciro en armónica y Juanse con la guitarra fue una combinación perfecta. “Sucia estrella” y “Yo quiero mi pedazo” fueron algunos de los temas paranoicos elegidos para esta segunda presentación.

Como es costumbre, Los Caligaris, jugando de locales y con veinte años girando por allí, fueron pura fiesta. Después de ser presentados por el periodista Claudio Orellano, con temas como “Todos locos”, “Nadie es perfecto”, “Asado y fernet” o “La montaña” hicieron mover al público en el escenario principal. En canadian pharmacy un día ricotero, hicieron un cover cuartetero de “Ji ji ji”, mencionando que eso es lo que hubiese pasado si los Redondos hubiesen nacido en Córdoba. Agradecidos por ser parte por sexta vez del festival, se despidieron con “Que corran” con dedicatoria a todos los que, como ellos hicieron, luchan por perseguir un sueño.

El ambiente había quedado bien caldeado. Entonces, Los Cafres lo templaron con su reggae cada vez más sofisticado y maduro y se despacharon con sus  clásicos: “Aire”, “Tus ojos”“Si el amor se cae”, entre otros.

A tono con esta banda, el escenario temático giraba, en esa fecha, alrededor del reggae. Particularmente, se destacaron los sets de El siempreterno y Todos tus muertos. “Después de  tantos años de hacer reggae, nos invitaron a un escenario reggae, cuando ya no hacemos reggae”, avisó Sergio Rotman en el debut. Un show de esta potente banda de rock garpa en todos los sentidos y esta vez no fue la excepción. El sonido fue impecable y se pudo disfrutar de “7/11”, “Más de lo mismo”, “Nada más triste”, “Para siempre no es suficiente”, “Inyección de amor” y “Noches románticas en sótanos húmedos”. Por su parte, Todos tus muertos, sin el vocalista Pablo Molina, que no fue de la partida por haber perdido el vuelo, ofrecieron temas como “Adelita”, “Gente que no”, “Incomunicado” y “Andate”. Dancing Mood, el tributo al Negro García López -preparado por su hija y que contó con la presencia de Claudia Puyó– y Nonpalidece fueron los restantes shows que cerraron ese escenario temático.

Por el escenario alternativo, a su vez, pasaron Pettinato con su show “Sumo por Pettinato”; la divertida performance de Alfredo Casero en formato concert y en la que hizo participar al público en una interacción constante, y la charla que ofreció Rocambole sobre el arte y sus últimos trabajos.

Sin embargo, desde las últimas horas de la noche, la mayor concentración estuvo en el escenario principal, donde se esperaban los tres platos fuertes. La Vela Puerca brindó en este Cosquín el último recital de la gira por la que recorrieron distintos escenarios celebrando sus veinte años. Entonces, tal como habían hecho en Atlanta, propusieron un viaje que hacía el recorrido al revés: desde el último disco “Erase” hasta aquellos temas del primero que, allá por Uruguay, los vio nacer: “Deskarado”. El resultado fue excelente; a medida que nos acercábamos a los álbumes más antiguos, la energía y la euforia del público iba en aumento. Los de “Erase” que marcaron la primera tanda fueron “Sin avisar”, “El soldado de plomo” y “Buenas mascotas”. Luego siguieron con “Piel y huesos” con “Todo el karma” y “Polidoro”. “En esta, nuestra 13º vez de participar de Cosquín, estamos tomándonos revancha por la lluvia del año pasado”, recordó Sebastián “Enano” Teysera. Con “Colabore” o “Para no verme más”, de “El Impulso”, la fiesta ya había adquirido bastante  temperatura. “Con este disco entramos en Argentina” rememoró el Enano al presentar el set destinado a “A contraluz”. El desquite desenfrenado que se generó con “Llenos de magia” permite entender de dónde es que salió el amor por estos uruguayos. Con “El huracán” y “Por la ciudad”, pertenecientes a “De bichos y flores”, reconquistaron y volvieron a enamorar, por si hiciese falta. Con “Madre resistencia” y el enganchado de “TV caliente” de Sumo y “Vuelan palos”, el viaje llegaba a su final. En los bises, el Enano con su guitarra generó el clima íntimo para el acústico con “Mi semilla” y así terminar al palo y bien arriba con “El viejo” y “El profeta”, prometiendo https://eteh.com.ua que en un tiempo volverán por más con nuevo disco bajo el brazo. Después de veinte años y en forma rotunda, Cosquín les volvió a dar el sí.

En esa sensación de excitación provocada quedó el predio aguardando la esperada salida de Skay y los Fakires. El sonido de la banda del legendario violero de Los Redondos fue impactante. Las primeras de la lista fueron de esa banda que formó hace doce años y que se la nota bien aceitada y madura: “Arcano XIV”, “Oda a la sin nombre”, “El redentor secreto” y “El equilibrista”. De su último disco “El engranaje de cristal” presentó “Ego trip” que, por su letra, se podría conjeturar crítico hacia sus colegas artistas. Es que la primera impresión posible es que Skay quiso marcar la diferencia con su ex compañero. Sin mayores preámbulos y colados en medio de una lista que contaba con la mayoría de su repertorio personal, hizo sólo dos clásicos ricoteros: “El pibe de los astilleros” y “Ji ji ji”. Pero Skay los colocó sobe la mesa como al pasar y en un orden azaroso: ni al principio ni al final, como queriendo avisar, tal vez, que no hay involucrada demagogia ni parafernalia en eso. Claro que, para el público, la forma con la que se palpitaron esos dos regalos, están lejos de pasar desapercibidos. Sólo esos dos bastaron para que los fanáticos descarguen todo su aliento contenido en un pogo que sólo grandes himnos nacionales como aquellos pueden despertar. El final fue con “Quisiera llevarte” y la épica “El sueño del jinete”. “Ha sido una linda noche. Ojalá nos volvamos a encontrar”, se despidió.

17 ediciones del Cosquín rock y en ninguna habían dicho presente. Y no porque no fuesen artistas consagrados ni tampoco porque no tengan convocatoria. Habrá mil razones que se podrían barajar pero ahora nada de eso importa. Lo real es que la elección de que Los Fabulosos Cadillacs cerraran esta segunda jornada debe haber sido una de las mejores que tomó el productor José Palazzo en toda la historia del festival. Con su reciente disco “La salvación de Solo y Juan” (2016) y del que hicieron “El profesor Galíndez”, “Averno, el fantasma” y “La tormenta”, dieron cátedra. Fueron innovación y consagración, disfrute y diversión pero también, contemplación y demostraron tener bien en claro lo que el público iba a buscar esa noche. Con solo detenerse en los primeros cinco temas que abrieron la lista, esa sabiduría queda develada: “Manuel Santillán, el león”, “Mi novia se cayó en un pozo ciego”, “El aguijón”, “Demasiada presión” y “El genio del dub”. Parecía que venían a desquitarse de esos años sin estar donde siempre tendrían que haber estado. Se lucieron todos y cada uno. Vicentico ofreció su mejor voz en “Saco azul”; Flavio Cianciarullo, con su siempre divertida y contagiosa performance, descolló cantando “El satánico Dr. Cadillac”; Sergio Rotman, en su mejor versión post regreso, cambió el saxofón por guitarra en “Siguiendo la luna”; y Astor y Florián demostraron que están creciendo a pasos agigantados de la mano de enormes con los que no se achican. Es que mucho tiene que ver esta convivencia en la combinación que se advierte en estos Cadillacs actuales: por un lado, hay renovación y por el otro, llevan por valuarte una probada experiencia. La seguidilla de hits insuperables se completó con “Mal bicho”, “Matador”, “Carmela”, “Carnaval toda la vida”, “V Centenario” y “Vasos vacíos”. En los bises se destacó una excelente version de “Mañana en el Abasto” de Sumo y “Yo no me sentaría en tu mesa”. Cuando ya habían saludado y el público estaba en retirada, reapareció solito Flavio, recorriendo la pasarela y rockeandola con un improvisación instrumental del himno argentino. La salida del predio fue a pura fiesta. A nadie se le borraba la sonrisa, no se podía cortar la alegría. Es que un silencio de años se había convertido en carnaval.

El himno nacional no sólo estuvo presente en el final fabuloso. Lo había estado antes. Skay había levantado la bandera cuando dio de comer al estadio hambriento con “Ji ji  ji”; y también lo estuvo cuando el público volvió a elegir, sellando una fraternidad irrompible. Y así y todo, con los shows del segundo día, el rock nacional tuvo un nivel internacional.

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