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Festipulenta XXV: días 1 y 2

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Está sucediendo, es ahora. La escena independiente crece a velocidad crucero sin techo alguno. Después de un breve impasse involuntario, el prolífico Festipulenta vuelve a pisar fuerte en su edición XXV, que conglomera a 20 bandas, 4 solistas, 4 ciclos de poesía y una vasta feria, dispersados en 4 fechas curadas por sus dos almas mater: Juan Manuel Strassburger y Nicolás Lantos.

DÍA 1

Con los últimos rayos de luz ya extintos, Joe Palangana se presentó a dúo en el patio del C.C. Matienzo, en una de sus contadas expediciones a la capital, para dar por iniciado un festival maratónico. En poco más de media hora, el trovador del oeste se ganó a la tímida audiencia con sus canciones lo-fi de corte telúrico que nacen, a los gritos, desde las entrañas. El público pide por “Silvio” y Joe Palangana concede el pedido.

¿Qué pasa si se mezclan tres guitarras eléctricas con un bombo legüero? El resultado es un viaje hipnótico por las tierras del noise y el shoegaze en pleno contacto con el folclore autóctono de la mano de los Verde y Los Caballos a Marte, que hicieron las veces de apertura eléctrica en el escenario principal, debutando en la familia pulenta. En esa misma dirección, primero Chillan las Bestias, luego Nahuel Briones junto a su Orquesta Pera Reflexiva y, finalmente, Marina Fages & Chicas de Humo brindaron sus sendos debuts en un segmento tan histriónico como variopinto.

Entre Uruguay y Argentina, cruzando el charco en ambas direcciones, Chillan las Bestias emerge con potencia valvular y cadencia tanguera. El mítico Pedro Dalton (Buenos Muchachos) recita, lee sus poemas, los grita, los siente, está ahí parado con firmeza, por momentos su voz tapa al violín, por otros tapa a la banda entera. Sentado en primera fila, el periodista Alfredo Rosso aplaude fervorosamente con una sonrisa de oreja a oreja. Mientras tanto, en el primer piso, el primero de los cuatro ciclos de poesía arranca. Craneado por Sebastián Guitar a lo largo de una próspera temporada 2016, el Lenguas de Fuego tuvo entre sus filas a Walter Lezcano, Nadia Romina Sandrone, Rita Gonzalez y Juan Coronel, entre otros. Poesía y libertad, firmemente enlazados.

Briones y Fages juegan con su extravagancia en vivo: él, de vestido negro y labios y uñas pintadas; ella, con su pelo celeste, inmaculada. La Orquesta Pera Reflexiva a dos baterías y tres guitarras, con letras punzantes y reminiscencias de Palo Pandolfo; Las Chicas de Humo en una formación más tradicional, de sonido crudo, por momentos stoner. Ambas agrupaciones con el espíritu rockero a flor de piel. “Sean felices, los amo, no rompan nada”, sentencia Briones.

A base de grandes discos y cientos de presentaciones, Mi Amigo Invencible ya se convirtió en uno de los pesos pesados del circuito independiente. La banda capitaneada por Mariano diCesare suena mejor que nunca, se los ve cómodos, maduros. Repasaron canciones de toda su discografía, con “Gato negro pasa”, “Los Pájaros” y “Días de campos minados” como las más celebradas. Pero la historia recién comenzaba, aún quedaban una docena y media de bandas por escuchar.

DÍA 2

La segunda jornada del Festipulenta sacó a relucir su faceta más alternativa de marcada ascendencia anglosajona. Antolín se volvió a calzar la guitarra luego de un tiempo ausente para entonar sus bellas canciones de carácter sentimental e introspectivo, mientras que en el escenario interno apuntalaban los últimos detalles antes de abrir las puertas. ¡Qué quilombo hacen los Riel! Son 2 individuos que bien podrían valer por 6. Él es Germán, uno de los bateristas más destacados de la actualidad; ella es Mora, virtuosa guitarrista de presencia mortecina; su permanente comunión los hace uno solo, los hace Riel. Ruido y fuerza. ¿Qué más?

Con 6 álbumes solistas en su haber, el fantasma de Copiloto Pilato, grupo de culto que comandó a finales de los años ’80 y su colaboración con Gustavo Cerati en “Fuerza Natural” (2009), Adrián Cayetano Paoletti continúa siendo un secreto a voces. Lo lógico, en concordancia con su trayecto, es que Paoletti sea una figura del under, sin embargo sigue siendo un “artista para entendidos”. Tan enigmático como personal, despidió junto a Los Impares, su actual banda, el poético “Los mandos no responden, aumentaré la potencia al máximo” (2014), para recibir pronto una nueva placa.

“Nacimos con el Festipulenta, y también morimos”, desliza Jo Goyeneche, líder de los Valentín y los Volcanes. Y puede tomarse hasta de modo irónico, ya que después de la presentación en el Matienzo partieron rumbo a Córdoba para debutar por primera vez en el Cosquín Rock. Ya convertidos en estandarte de la escena, están aceitadísimos y más reverberantes que nunca. Hacia el final, con “El gran hombre del planeta”, Strassburger, periodista y creador del festival, agitaba emocionado a pasos del escenario. Hay un lazo familiar que gravita en cada rincón del Festipulenta, como una suerte de gran cofradía. De ahí su trascendencia, su importancia.

Hacia el final, llegó uno de los momentos más esperados del festival: Rosario Bléfari. Prolífica y ecléctica, heredera de un paralelismo imposible de obviar con Patti Smith, Bléfari debutó en el Festipulenta con una presentación rabiosa, a puro corazón. La madre del rock alternativo alimenta incansablemente la escena desde hace más de dos décadas. Desde Suárez a Sué Mon Mont, pasando por sus trabajos solistas, en música y literatura, hasta el podcast Los Cartógrafos, entre otros proyectos. Una de las mejores.

Los Reyes del Falsete abrieron con “Legolandia”, una pieza electrónica que choca de frente con el kraut. Siguen obsesivos con el sonido, pero ahora todo suena más pulcro y profesional. Y un poco habla de la madurez del grupo después de 10 años de trayectoria y de la mano de “Lo que nos junta” (2016), uno de los mejores discos del año pasado. Subieron a las tablas Jo Goyeneche, Paoletti y Fradi Ocampo, teclas en El príncipe idiota, para acompañar en distintos segmentos. El cierre de Los Reyes fue una gran fiesta con Julián Desbats (Los Rusos Hijos de Puta), headliner de la última fecha, danzando al ritmo de “San Jorge”, una cumbia tropical. ¿Quién lo diría?

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