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Rock en Baradero – Episodio 3: La batalla final

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Si el primer día del festival tuvo como denominador común un rock más urgente, y el segundo, tal vez, el rock canción, la tercera jornada se distinguió de las anteriores por ser la más rocanrolera. Las notas distintivas estuvieron dadas por la sorpresa que causó Sueño de pescado, por un Toti Iglesias (Jóvenes Pordioseros) enchufado y eufórico, la confirmación por parte de los músicos de El Bordo que su nuevo disco –ya grabado- se lanza el próximo 17 de marzo, el despliegue del reggae de Nonpalidece, la excelente lista que preparó Guasones y la puesta de Los Gardelitos.

El mal tiempo del día anterior todavía continuaba amenazante y hacía peligrar los shows anunciados para las afueras del predio, en el parador gratis y al aire libre. Sin embargo, el clima otorgó una tregua y se pudieron disfrutar, por la tarde y al lado del río, de las presentaciones de excelentes bandas del under, como los rockeros y armónicos de La Condena de Caín y los siempre cumplidores Andando Descalzo, porque si lo que se espera es poder disfrutar de un buen recital, siempre cambiante, nuevo, original, intenso y divertido, esta banda con más de veinte años de vida son los indicados.

Ese estilo de rock fusión permitía imaginar un tándem con el set que brindaba en el escenario principal: Amantea, una banda con muchos menos años de existencia que los de Mataderos pero con una misma matriz. El rocanrol barrial de Sexto Sentido y el rock cancionero de Los Pérez García con un Beto Olguín siempre enérgico, simpático e histriónico tuvieron mucho que decir y justificaron, con creces, su espacio allí.

Cada una de las bandas que siguieron habían llevado su propio público, ese que se caracteriza por la fidelidad y por estar presentes, con banderas a cuestas.

A Toti Iglesias y sus músicos se los esperaba con ansias y con muchas banderas. Y quizá algo de ansiedad percibió el líder de Jóvenes Pordioseros porque se lo notó efusivo y enchufado. Después de “Nunca me enseñaste”, se vivió un momento emotivo cuando invitó a su madre al escenario para entonar juntos “Descontrolado”. Luego, pasearía con ella en el detrás de escena y en las notas a los medios  Tras avisar que ya estaba grande, agradeció al público por bancar la separación de Jóvenes y por el cariño de tantos años. También hizo lo propio con la producción porque “estaba caído y me hicieron venir”. Esas palabras explicaron lo contento que se lo veía de estar allí, disfrutando del encuentro con sus fans que llegaba a su final con “Cuando me muera”.

Los platenses de Sueño de Pescado fueron la sorpresa de la tercera jornada y tal vez, de todo el festival. A solo tres años de la formación de este cuarteto platense, muchísimo público propio se acercó para verlos en esta fecha; tantos y con tanto agite que realmente asombraba. El sonido que la banda manejó fue atrapante en temas como “Rock sin vuelo” y “Carcelero”, y sus melodías y tonos bien podrían tener cierta similitud con las de Callejeros. La empatía de la banda con sus numerosos fans se vio condensada más aún cuando, hacia el final, Manuel Rodríguez (cantante) dedicó “Todo se va” a un ferviente seguidor que hacía poco había perdido la vida. En ese momento, se pudo ver a muchas chicas subidas a caballito lagrimeando.

Los de El Bordo aprovecharon la ocasión para avisar que el próximo 17 de marzo es el lanzamiento del séptimo disco de la banda que, según contó Diego Kurz (guitarrista), tiene como distintivo del resto que fue grabado enteramente en el nuevo estudio, con la producción –nuevamente- de Alejandro Vázquez y que por eso, definió como un disco “casero”. Pero antes de esa nueva etapa que abrirán, en Baradero se dedicaron a sus más clásicos y festejados como “En la vereda de enfrente”, “Existir”, “Lejos”, “Instinto” y “Soñar despierto”. La despedida fue con “El regreso” de “Yacanto” (2007) y como es su costumbre, Ale Kurz aprovechó para tirarse desde el escenario sobre su público que lo cobijó.

En esta edición del festival, el reggae estuvo en las mejores manos: las de los legendarios Nonpalidece. Con un estilo bien diferente que sus compañeros de día, los de Tigre fueron un parate en medio de tantos rocanroles y permitieron al auditorio de este predio moverse acompasadamente al ritmo de canciones como “Tu presencia”, “Reggae en el universo” o “Revolución”. “Este es el reggae del barrio que hace bien y es necesario”, decía Néstor Ramljak (voz) mientras bailaba por todo el escenario al mismo tiempo que su big band y los coros femeninos permitían envolver a todos con un manto de paz y buenas vibras. “Para donde corres” fue una de las últimas. Néstor tenía razón: la música de esta máquina del reggae hizo bien y fue necesaria.

El set de Guasones fue impecable. Por el sonido, por la motivación, el empuje, por el histrionismo de siempre de Facundo Soto (voz) y porque eligieron una excelente lista. Es que seleccionaron temas bien bailables y arriba como “Infierno blanco”, “Farmacia”, “Como un lobo” o “Pobre tipo” entremezclados con baladas como “Todavía”, “Tan distintos” y “Días”, que fueron interpretadas solamente por Facundo y en versión acústica. Sin dudas, el momento del show estuvo dado por el dueto de voces y de personalidades que se combinaron cuando el cantante compartió “Pasan las horas” con Beto Olguín, de Los Pérez García. Resultó interesante verlos moverse en un mismo espacio, cada cual con su estilo, que parecen bien diferentes pero que, en un punto, resultan comunes.

El cierre del día y del festival estuvo a cargo de Los Gardelitos. Algo no menor, que no les había sucedido antes y de lo que Eli Suárez (voz) y los suyos se mostraron orgullosos. “Es un honor para nosotros cerrar el Baradero. Gracias por estar acá y por hacer esto posible”, ensayó Suárez. El toque de largada de esta puesta fue algo particular y destacable porque mientras el predio había quedado sumergido en un sonido envolvente, en las pantallas se vio a los músicos en los preparativos del show. Acto seguido, con música tanguera de fondo, se visualizó la presentación de este show a modo de créditos de película, nombrándose a todos los integrantes, producción y todo el staff para luego arrancar con “Puño y letra”. “Gardeliando”, “Lo que vendrá”, “Novelas mexicanas” fueron parte de las canciones que sonaron. Otra vez, como en el primer día, el protagonista del cierre fue el despliegue folclórico que estos músicos generan en los fanáticos, que con banderas y fervor colmaron el predio. Lejos de las dos horas que duró el recital de No te va gustar el día anterior, el show de Gardelitos fue corto y al pie, de unas trece canciones. El final fue con “Un taxi” y “Mezclas raras”. Es que teniendo en cuenta que se trataba de un domingo, la corta duración tiene su explicación. Y así, poco antes de la una de la mañana, terminaba la tercera edición del Rock en Baradero que, como decía la publicidad, ya se perfila como el clásico del verano.

¿Lo que quedó? Según los organizadores se estimó una convocatoria de unas diez mil personas que desfilaron durante los tres días, a pesar de la lluvia y del mal clima. Los horarios se respetaron, a excepción de algunos retrasos del sábado, único día que tuvo ciertas dificultades en el sonido que luego fueron superadas. Las bandas que pasaron por el festival estuvieron a la altura en todos los casos, con sets superlativos como los de Carajo, Kapanga y Caligaris, Las Pelotas o Guasones. No te va gustar, por su duración, por su calidad y por la cantidad superior de público que se acercó se despegó claramente del resto. En suma, la cuenta dio positivo porque Baradero en febrero ya es sinónimo de rock.

1 Comentario

  1. José Armando

    13 febrero, 2017 en 00:36

    Excelente artículo de un muy excelente festival espero que se realicen más como estos y el Apollo rocker continúe.

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