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Rock en Baradero – Episodio 1: El despertar de la fuerza

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Para la mayor parte de las bandas que pasaron por el primer día del festival significaba el comienzo del año. Por eso aprovecharon para saludar a su público y mostrarse contentos y agradecidos por arrancar 2017 en un evento como éste que, como muchos dijeron, ya se perfila como un clásico del verano.

Después de los vibrantes shows tempraneros de Parteplaneta, El buen salvaje y Mustafank, a las 19 horas fue el turno de los ascendentes De la gran piñata. Los integrantes de este cuarteto rockero habían avisado en la víspera que, teniendo en cuenta sus colegas festivaleros del día, prometían un set más fuerte que de costumbre. Y fue así: ofrecieron una performance rápida y furiosa que hizo hicapié mayormente en los temas de su última producción, “El equilibrio de los opuestos” (2015), como “Blanco fácil”, “Fiebre” e “Icaro”.  El cantante Darío Panter” Giuliano se sinceró y contó que a pesar de haber estado en la edición del festival en 2016, encontrarse en un escenario grande les causó, al principio, cierto nerviosismo que fueron superando a medida que fueron ganando comodidad a lo largo de la presentación. Con “Residuos” dejaron caldeado el ambiente. El público pedía por uno de sus temás mas emblemáticos “La mosca y la araña”, pero los horarios marcaban el final.

Eruca Sativa arrancó bien arriba con “Abrepuertas”, de su nuevo trabajo, “Barro y fauna” (2016), y se paseó cómodamente por parte de su discografía. El trío es una de esas bandas que no hace mucho que están pisando escenarios festivaleros (lo hicieron en la anterior edición de Rock en Baradero y en Cosquín Rock 2016), pero que desde que lo hicieron, se ganaron el mote de infaltables. Es que con todo el ímpetu que los caracteriza, renuevan el clima y aportan aires nuevos que se concretan, por ejemplo, con el vuelo al que llevan a todo Baradero en la excelente “Amor ausente”. Lula Bertoldi (voz) remarcó que estaban contentos por arrancar el año en el festival y comentó lo mucho que les gusta ser parte de estos encuentros donde se cruzan con muchas bandas amigas. Entonces, aprovecharon la ocasión para compartir con sus colegas. Para “Fuera o más allá” invitaron a Luciano “Tano” Farelli, el cantante de Parteplaneta, y en “La carne”, a la viola de Lula se le sumó la de Maikel, de Kapanga.

En medio de esa seguidilla de bandas explosivas, Carajo encajaba a la perfección y redoblaba la apuesta. Venían de un año que les significó un mojón en sus quince años de carrera. Es que lanzaron el DVD documental “Hoy como ayer” donde además de repasar su historia con canciones en vivo en su último Luna Park, estrenan cuatro temas nuevos con invitados amigos. Entonces, en la espera cabía preguntarse qué nuevo impulso tomarán en 2017. Si en el recital correspondería buscar la respuesta, ésta sería má fuerza, siempre. “Libres”, “El error” y “Chico granada” rápidamente knockearon al público presente. “Los gobiernos pasan pero la gente queda y somos nosotros los que tenemos el poder. Unámonos porque ésa es nuestra mejor arma. La justicia la podemos hacer nosotros, no esperemos nada de los que no van a hacer nada por nosotros”, escupió un vehemente Corvata antes de lograr que sus seguidores hagan lo propio en “Sacate la mierda”. Con “El vago” dieron fin a una presentación que, como siempre, tuvo contundencia y descarga garantizada.

Con el clásico “Ángeles caídos”, Attaque 77 inauguró su set, aunque seguidamente introdujeron “Como salvajes”, uno de los temas que forman parte del EP volumen 1 donde adelantan parte de lo que será su futuro trabajo discográfico, “Triángulo de fuerza”. Otra banda más que está de cumpleaños: están celebrando los treinta. Mariano Martínez estaba sorprendido por la gran cantidad de fanáticos que se habían acercado para acompañarlos, una vez más, en una nueva presentación. Entonces, los miraba, los trataba de identificar y los interpelaba directamente para que se interpusieran a su voz. Explicaba, también, a aquellos primerizos (si es que los había) que entre el público y ellos hay un intercambio de energía muy particular. “Ellos dan y nosotros devolvemos”, sintentizaba. Y así pasó en temas como “Western”, “Chicos y perros” o “Beatle”, donde el coro del público superó a la voz del líder. También hubo espacio para las más comprometidas “Setentistas” y “América” donde la protesta se imponía. “De espadas y serpientes” y “Donde las águilas se atreven” marcaron el final. Podrán pasar mil años o treinta, pero a ellos no los van a detener.

Si hay una banda festivalera por excelencia, ésa es, sin dudas, Kapanga. Preparados para la fiesta, para hacer mover y reir, subieron a las tablas, esta vez de la mano de la original “Descartar”, el tercer corte del último disco “Motormusica” (2015). Durante el set, intercalaron las más clásicas “En el camino”, “Mi bisabuelo” o “El universal” con las nuevas canciones. Allí quedó claro algo: la fórmula kapangera de rock kuartetero está probadísima y superadísima y se engrandece y afianza aún más en los vivos, donde la contagiosa alegría que emanan es irrefutable. Pero si a los Kapanga hay algo que los hace todavía mejores es que prueban nuevas recetas, como ocurre, por ejemplo, en “Juntos”, que en el disco Maikel interpreta en compañía de Pity Fernández de Las Pastillas del Abuelo y en esta ocasión se la bancó a solas. Para “La taberna” los acompañó, en segunda guitarra, Tobías, el hijo del Mono. La nueva “Mis amigos” encendió al Baradero e invitaba a compartir mientras se veía, en las pantallas detrás del escenario, a los músicos de Quilmes disfrutando un asado con otros amigos músicos en un clima muy kapangero-decadente.

Pasada la una de la madrugada, el colorido del festival cambió. Aparecieron las grandes banderas que se empezaban a desenrollar al costado del predio, mientras que los encargados en la tarea no escamatiban su aliento alusivo. Entonces, La 25 aterrizó desde Quilmes con su rocanrol barrial característico. “Como me gusta” y “Sucio sheriff” dieron el puntapié inicial para ese despliegue de compases que remiten a calles, noches, tragos, amistad e historias. Sus letras sencillas, sus rocanroles llanos son su apuesta y no buscan más porque ésa es su identidad, la que los hermana y los hace uno con sus seguidores. En “Barrio viejo”, esa bandera gigantesca que antes se preparaba, ahora se desplegó por todo el predio, envolviendo a la mayor parte del lugar. Se los veía disfrutar. Junior recorría el escenario y trataba de reconocer a la cantidad de fanáticos que viajaron para verlos. “¿Hay alguien de Baradero?”, bromeó. En ese clima fueron pasando todos sus hits: “La rockera”, “Volver a casa”, “Rocanrol hasta el amanecer” o “Chica del suburbano”. En “Mil canciones” se les sumó el Mono, a quien Junior Lescano (voz) presentó como “un amigo del barrio”. Y así, entre banderas e himnos de vencindad culminó el primer día del Rock en Baradero con una canción que estuvo a punto: “Hasta la victoria”.

Porque si hay algo que tuvo el primer día, fue fuerza, fue ansiedad descargada: Eruca Sativa arrollador, Carajo que desparramó sus garras, De la gran piñata que se pusó a tono, Attaque que contratacó, Kapanga que enfiestó y unas 25 razones para bailar rocanrol. Fue, sin dudas, el despertar de la fuerza.

 

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