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Metallica: autosalvación

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A pesar de su extensión, “Hardwired… to self destruct” es la gran vuelta de Metallica desde el estudio.

Ocho años sin editar material parece ser una eternidad, aún en la era de la supuesta muerte del álbum. Sin embargo, en este tiempo Metallica estuvo lejos del cansancio físico y mental. Giras y más giras (incluyendo dos visitas a Argentina -2009 y 2014- y a meses de la tercera), una película, un concierto inédito en la Antártida y un disco en colaboración con Lou Reed no apto para cualquier fanático. “Death magnetic” los devolvió en forma y marcó la superación de sus más profundos demonios musicales, y también psicológicos (como se vio en el documental “Some kind of monster”). Su décimo álbum de estudio viene a confirmar esa superación.

“Hardwired” parece ser apenas la muestra gratis, en una pequeña dosis, de lo que son capaces. Es el única tema de menos de seis minutos (solo tres), como un regalo radial, simple y directo (verso/estribillo). Un apocalipsis comandado por la batería de Lars y un riff circular nada despreciable.

“Atlas, rise!” retoma la mitología griega del titán sentenciado a cargar sobre sus hombros los pilares que mantenían la tierra separada de los cielos. La redención ha sido una búsqueda recurrente en la lírica de la dupla Hetfield-Ulrich, y aquí se conjuga con uno de los riff más efectivos del álbum y un estribillo de rock marcial para agitar el puño en el aire. “Dream no more” es un buen flashback al sonido más pesado de “Load”; aquí no hay tanta velocidad, las guitarras reptan chorreando una masa espesa de metal. El tiempo ha sanado esa etapa de los noventa, y el track cinco es una prueba de ello. Otro punto alto de la primera parte es “Moth into flame”, no por nada uno de los temas que ya se sumó a sus setlist.

El segundo disco es tal vez un poco más desparejo. “Here comes revenge” comienza en forma prometedora, pero se diluye en un estribillo que simplemente no funciona. Bautizada por su amplificador favorito, “Murder one” es el tributo a Lemmy, fallecido a fines de 2015. Plagado de referencias a Motörhead, el tema es de lo mejor del segundo disco: “Hear your thunder, still feeding back” canta Hetfield a quien fuera una de sus mayores influencias. El video clip cuenta con la aparición de Kilmister en la animación de Robert Valley (Gorillaz). El cierre es con “Spit out the bone”, la canción más frenéticamente acelerada del álbum. Thrash metal en su mejor expresión.

Metallica continúa, ocho años después, el camino que habían retomado para “Death magnetic”. Una vuelta a sus raíces trash metal, cabalgando en riffs de guitarra todo lo rápido que pueden a sus cincuenta años (créanme que es muy rápido para su edad). Que “Hardwired… to self destruct” sea un disco doble parece ser el resultado de la acumulación de composiciones de ese lapso de tiempo más que un intento de ser pretenciosos.

Sin embargo, la grandeza de un disco radica también en una correcta selección del material (y del orden elegido). Metallica elude este paso y parece querer escupir todas las canciones que pueda. “Hardwired…” es un gran álbum, pero podrían haber logrado un todo aún más coherente dejando afuera un par de temas que, lejos de ser flojos, desvían el foco de atención que podrían lograr en un álbum simple de sesenta minutos. “Lo que no te mata te hace más fuerte” gritaba un rabioso Hetfield en su anterior disco, y acá hay otra prueba de ello.

Redacción ElAcople.com

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