SHOWS

El soldado: Allá va… soñando

Por  | 

El jueves, mediante una charla abierta a cargo de Claudio Kleiman y posterior acústico, el cantante presentó su séptimo trabajo, “Potros”. Aquí el repaso de la cálida noche, al ritmo de lo mejor del country-rock-folk que se produce en el país.

El sitio que albergó la presentación del sexto trabajo en estudio (el séptimo sería “De catálogo”, grabado en vivo en 2004 en el Marquee) de Rodolfo “Cacho” González, de profesión El soldado, se sitúa en un bar de Hipólito Yrigoyen al 4000, barrio de Almagro, llamado Gregon, y que tiene un valor afectivo importante: se trata del lugar donde ensayaron, entre otros, Patricio Rey y sus redonditos de ricota, Memphis, La renga, y donde forjaron parte crucial de sus repertorios artísticos. El soldado y su función como asistente de los Redondos durante largos años, y luego con su propia banda, lo hicieron lógico habitué de “las salas del Lochu”, quien hoy continúa al frente.

En la entrada pude valerme del nuevo disco. Venía con agradecimiento, autógrafo y dentro del librito con las 10 letras, unas calcomanías/tarjetas sueltas plastificadas con la reproducción de todas las portadas de sus discos, ideales para tunear algo. En los créditos hallamos a su banda estable, donde destacan Martín Aloé (ex Lions in Love, con Melingo y Willy Crook, y Cienfuegos, entre otras) en bajo;  y a Tino Moroder, a quien Cacho destacó por su vital participación y empuje en la banda como multi instrumentista y productor. También cuenta con la colaboración del histórico Pedro Conde en banjo, mandolina y coros, e invitados de la talla de Hilda Lizarazu, Tito Losavio y otro antiguo colaborador ricotero: el violinista Sergio Poli, ejecutor del mágico violín en el final de “Un ángel para tu soledad”, y de la atmósfera nublada que aporta en la depresiva “Espejismo”. El arte de tapa del ilustrador Ivankan es contundente y embellece el disco en su aspecto físico.

Comienza la charla previa sobre el escenario y Kleiman dispara algunas preguntas sobre el disco, en el contexto de un bar repleto donde prima un clima de intimidad y algarabía. Cacho se lamenta, casi que se disculpa, por el parate desde su último disco de estudio, “Luna en el espejo”, de 2009. Lo atribuye, entre otras cosas y sin culpas, a su vagancia y al tiempo que le demora la lírica, a la cual le imprime una fuerte labor, tanto por necesidad propia como de llevar a cabo un consejo radical ofrecido por el mismo Indio Solari, de quien cuenta que siempre le sugirió hacer un esfuerzo al respecto, ya que “por mejor que suene musicalmente, una mala letra te caga el tema”.

Ante esta pública confesión se da inicio al otro show, el de los  comentarios de los asistentes, que ponen el condimento festivo a lo largo de la velada: “¡No te pongas mal, Cachito!”, vocifera uno. “¡A todos nos pasa!”, acota un segundo. “¡Es condición humana!” reflexiona de inmediato otro, desde el fondo.

La buena onda reina, y es hora de ejecutar algunos temas. Kleiman se prende con la guitarra Resonator, Tino agarra el bajo, Juan Rodríguez a los parches, y el brillante aporte del violinista Federico Terranova de la banda Fútbol, que le da un salto de calidad a los temas cuando interviene.

Suena la flamante “Sonriente”, dedicada (“humildemente”) al Flaco Spinetta, y “Su eterno retorno”, recuerdo para Jorge Pistocchi, padre de la contracultura local y fundador de Expreso Imaginario. Pasará también “Allá vasoñando”, un repaso por los vagones del disco “Tren de fugitivos”, con sus puntos altos en “Veneno sabor miel” y el cierre a pedido de Claudio con “Ángel de los perdedores”. Todos cantan, todos aplauden, todos vitorean. El soldado disfruta el momento y parece dejar entrever que su onda va así, tal como canta: “Todo lo que lleva, lo tiene entre las manos (todo lo que tiene es un corazón entre las manos)”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *