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Ciro y los persas: La fidelidad sigue intacta

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Con todo su histrionismo, empatía y con tecnología renovada, el ex cantante de Los Piojos presentó “Naranja Persa” con un show de tres horas, el sábado en el estadio de Vélez Sarsfield, ante 42 mil personas que le demostraron que el caudal piojoso lo conserva intacto y que en cada uno de los pasos de su carrera solista la fidelidad que supo construir la mantiene viva. 

“¿Escucharon Naranja Persa? ¿Les gustó?” quiso saber Ciro en varias oportunidades. Es que en septiembre salió la primera parte de este disco doble (la segunda se preveé que lo hará el año próximo) y que además de ser su tercer trabajo solista, significó una apuesta por un rock canción más introspectivo que sus anteriores. Como en toda presentación, la devolución del público es el termómetro que marca la respuesta. Entonces, en Vélez, los 42 mil que se acercaron para no perderse otro capítulo en la historia de este frontman y que estallaron con los temas piojosos pero que acompañaron las nuevas como si las conociesen hace mucho, lo confirmaron.

A las 21.30 se apagaron las luces y un sonido vibrante y sostenido envolvió al Amalfitani. Al final de la pasarela se descubrió un globo naranja desde el cual apareció Ciro con “Similar”, el primer corte del trabajo que presentó y que tocó casi entero. Pero la fiesta se desató cuando sonó “Pistolas”, el primero de una lista de varios temas piojosos. Es que ese pasado común que entronca a los viejos y nuevo seguidores en una identidad común se encarniza en “Cruel” o en la seguidilla de “Ruleta” y “Tan solo”, donde se sumó Micky Rodríguez, el ex bajista de Los Piojos. Pero antes se había colado la emoción. Después de desnudar su costado más sentido en “Canción de cuna” (que interpretó con el acompañamiento del teclado de Nicolás Raffetta) contó: “Ese tema me lo pidió mi hija Katia cuando tenía siete años. Años después, ella creció y esta canción se escribió sola”. A capella presentó por primera vez “Hoy te vas” pero a poco de comenzar, su voz se quebró. El público inmediatamente lo contuvo y lo instó a seguir. “Aguanten que ya viene el rocanrol. Esta noche tiene de todo”, avisó y se disculpó por la pausa y por tener que recomenzar esa hermosa canción que lo describe en esa otra etapa como padre.

Durante toda la noche, el ex líder de Los Piojos demostró que es un performer consagrado, que la empatía que tiene con su público se renueva y crece a medida que pasa el tiempo. Baila, gesticula, despliega toda su impronta histriónica e improvisa lo que le sale en el momento, como cuando entona unos versos de la cueca “Juana Azurduy”. Corre por el escenario, quiere estar cerca de su gente. Se lo nota disfrutar y se lo ve convencido de ese nuevo disco que tiene para presentar. Entonces, comenta que “Luz” y “La rosa” fueron escritas en colaboración con su ex pareja, Carolina La Presta, y el clima caliente se distiende y se convierte en intimidad, donde la escucha es lo que predomina.

El show tiene, además, incorporada la tecnología y por eso, en temas como “Amor prohibido” se avisa por las pantallas que el público puede utilizar la aplicación que tenían que descargar en sus celulares. El resultado se ve en las tribunas del estadio, coloreadas con las luces intermitentes de los celulares que se encienden y apagan, mientras en el escenario una lámpara que cuelga combina el mismo efecto. En “¡Juira!”, además del revestimiento de Vélez por los efectos de esa aplicación, Ciro propone jugar al público con el desafío del “mannequin challenge” y durante un minuto y medio, los persas y él se quedan inmovilizados en medio de la lengua, pidiendo al público que haga lo mismo. La teatralidad del recital también viene dada no sólo por su histrionismo sino por la entrada en escena de bailarines con disfraces de animales y la imitación de un gorila gigante que se mueve por entre el público en “Ciudad animal”.

Pero Ciro había prometido que la noche tendría de todo y que ya vendrían los rocaronles. Lo prometido, que era imaginable que remita al pasado histórico de la banda separada en 2009, apareció en temas como “Genius”, “Taxi voy”, “Como Alí”, “Pacífico” o la festejada triada de “El Farolito”, “El balneario de los doctores crotos” y “Muevelo” con Micky nuevamente acompañando y la totalidad de los músicos con pelucas en tono festivo, cual carnaval carioca. El final llegó con las bailables “Astros” y “Noche de hoy”, mientras el cantante repitía ese ritual de nombrar cada uno de los barrios estampados en las banderas que sus seguidores sacaron a relucir. “Gracias por tantos años. Hasta la próxima”, se despidió, tras anunciar un nuevo show, el 17 de diciembre en el Luna Park. Pero faltaba algo más. Tres horas después de iniciado, la presentación terminó con el himno final, con Ciro parado al final de la pasarela, rodeado y embanderado por su público.

¿“Naranja persa” gustó? La devolución permite afirmar que sí. Ciro sigue llenando estadios. Lo hizo durante todo su ciclo vital con Los Piojos, y también con “27”, su segundo disco solista, cuando llenó varias veces la cancha de Ferro. Los Persas están cada vez más aceitados: los riffs que regalan las guitarras de Juan Manuel Ábalos y de Rodrigo Pérez en temas como “Insisto”, el apasionado y endemoniado bajo del brasileño Joao Broder Bastos y el incansable Julián Lulo Isod en batería lo demuestran. Con ellos y con nuevo disco, Ciro lo hizo de nuevo.  

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