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Pond: psicodelia a flor de piel

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Los australianos se presentaron en Niceto para cerrar el tour que los llevó por Estados Unidos, México y Sudamérica. Bandalos Chinos se encargó de abrir la jornada.

Si bien algunos de los clichés se cumplieron con creces (Jay Watson se clavó una camiseta de Argentina con su apellido y la flameante número 10 -al menos era una suplente- y Nick Allbrock se tiró de palomita arriba de la gente), los australianos siempre se divirtieron y dejaron a un lado ciertos quehaceres a la hora de presentarse en suelo visitante. Buenos Aires, sede final del tour, se ganó una presentación genuina que gravitó entre los ritmos de baile y una fuerza psicodélica devenida en valvular.

Los Pond salieron a escena luciendo prendas blancas de la cintura para arriba, como si se tratase de la mejor publicidad de jabón en polvo de la historia. Si con “Elvi’s flaming star”, la apertura, Niceto se sacudió, los aires de agite persistirían con “Waiting around Grace” y “Giant Tortoise”. “¿La semana que viene van a ver a Air, verdad?”, preguntó Nick Allbrock con su acento extrañísimo, mientras mechaban la intro de “Alpha Beta Gaga” del dúo francés con “Whatever happened to the million head collide”, perteneciente a su quinta placa, “Hobo Rocket” (2013).

Presentaron un nuevo track, “Sweep me off my feet”, lanzado en formato single el mes pasado (formará parte del nuevo álbum con fecha prevista para los primeros meses de 2017), para luego volver a las raíces con la reversión estrambótica de “Don’t look at the sunor you’ll go blind”, mostrada en su última aparición en la mítica señal KEXP de Seattle, siendo ésta la única canción desprendida de “Psychedelic Mango” (2009), su ópera prima. En el trajín, Allbrock toma su vaso de whisky y se acerca al público con sus uñas pintadas de negro jugueteando con el micrófono. Se le cree todo: es un performer natural que mezcla talento, carisma, diversión y siempre queda bien parado.

Watson deja el bajo y alterna con el teclado para darle lugar a “Sitting up on our crane” y “You broke my cool”, un pasaje bisagra, donde si bien le suma poder a los sintes de Jamie Terry, al mismo tiempo se produce un vacío por la falta de las cuatro cuerdas. Promediando ¾ de show, el público en pleno viaje vitorea a los australianos con el clásico cántico autóctono “olé, olé, olé”. La banda se engancha y toca detrás. En efecto, se hablaban entre ellos, como aprobando lo que ocurría viviendo la leyenda in situ. Joseph Ryan, la otra guitarra de la banda, destacaba que “es por la cultura del fútbol”.

Después de “Man, it feels like space again”, corte que da nombre a su última cosecha de 2015, la banda se va del escenario y un falso contacto de fondo apacigua los bises. Una versión extraña de “Don’t look at the sunor you’ll go blind” y “Midnight mass (at the market St. Payphone)” consolidan una noche para el recuerdo con promesas de una nueva presentación el año entrante. No será cosa que los Pond se conviertan en locales, igual que sus hermanos Tame Impala.

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