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Richard Ashcroft: El héroe de los trabajadores

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El ex cantante de The Verve visitó Buenos Aires  por primera vez y dio un concierto vibrante en el Gran Rex, el lunes.

El show del Gran Rex era necesario. La primera visita de un personaje central de la música de los 90 no podía solo remitirse a la participación en un festival donde ni siquiera era el artista principal. Después de una enojada presentación en el Personal Fest, Ashcroft se iba a tomar revancha en su propio show.

Con una banda netamente rockera -dos guitarras, bajo, batería y nada más- el inglés empieza el show con la bailable “Out of my body”, un terreno nuevo para él  del que sale más que airoso. Desde el primer momento el show se nota ensayado, pero nunca en piloto automático. La segunda canción en la lista es el clásico “Sonnet”, que después de cantarlo miles de veces, no suena como si estuviera obligado a cantarla; Richard Ashcroft tiene un compromiso con su público y sus canciones.

El poder y la intensidad no son características de sus discos de estudio, pero eso cambia en vivo. Una canción delicada como “Break the night with colour” se transforma completamente en escena, incluyendo zapadas, solos, ruido e intensidad. Ashcroft sabrá muy bien cómo hacer gemas pop, pero su esencia está en el rock and roll.

Claramente el país ha impactado en el músico. Después de pasar una semana acá, constantemente trata de mostrar su amor por nuestra patria, a veces de forma exagerada, pero siempre genuinamente. Cuenta historias sobre sus paseos en medio de las canciones, casi rapeando, y trata de encontrar entre el público a sus invitados: una chica de una cafetería, un empleado de un restaurant o el dueño de un negocio de regalos típicos; siempre del lado de la clase trabajadora, como el mismo se enorgullece. Y es que sus canciones hablan típicamente de esa gente; hay algo real en el público y es lo que Richard necesita: el ida y vuelta. Como él diría: “Nada de la mierda VIP del festival el otro día”.

Y como él es un hombre de pueblo, nos da todas esas canciones que lo hicieron grande: “A song for the lovers”, “Lucky man”, The drugs don´t work” y la mismísima “Bittersweet simphony”, el himno del universo, según su creador. Y tal vez hay un poco de fanfarronería ahí, sino fuera porque está en lo cierto. Podrá ser una canción quemada, escuchada miles de veces y aún así no pierde su fuerza; es, tal vez, el momento cúlmine del show. Hay mucha verdad en las palabras que canta y hay mucha fuerza en ellas. No muchos logran ese nivel de iluminación y dejar algo tan grande que trasciende su vida, pero Richard Ashcroft lo logró, lo sabe y deja su vida en el escenario defendiéndolo. Va más allá del hit que debe tocar.

Tardó en venir, pero Richard Ashcroft no solo cumplió con las expectativas, sino que las superó. Con la promesa de un Luna Park el año que viene, el músico inglés parece haber encontrado un nuevo hogar. Y con shows tan potentes como este, solo podemos pedir que el año pase rápido.

azafatodegira.com

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