SHOWS

Sun Kil Moon: Sobrio a las piñas

Por  | 

El histórico Mark Kozelek visitó Buenos Aires por primera vez para brindar su único show en Sudamérica. Fue el martes, en Niceto, en el marco de los Martes Indiegentes.

En estas épocas de hiper comunicación, es muy difícil captar y mantener la atención de la gente, sobre todo en la música; su representación física murió, el ritual de sentarse a escuchar un disco ya no existe, la satisfacción de simplemente asistir a un show como espectador es una utopía. Mark Kozelek lo sabe y se frustra. Pasa 10 horas arriba de un avión para dar un único concierto en Sudamérica. Ensaya con un grupo de músicos para dar un buen show, cuando sabe que sería más fácil venir solo con su guitarra acústica. Se rompe la cabeza tratando de crear música nueva e interesante. Se abre el telón y tal vez no hay tanta gente como le gustaría, pero abre su corazón igual. No han pasado tres canciones y ya divisa una persona jugando con su teléfono, prestándole atención a nada. Kozelek se enoja, para el show y enfrenta al hereje; 30 años de carrera no van a ser saboteados tan fácilmente. Él va a dar pelea.

Mark va a dar pelea como el luchador que es. Su arma son las canciones: composiciones kilométricas, con letras tan extensas que tiene que leerlas desde un atril que pasea por todo el lugar buscando la mejor luz y que cuando se aburre de seguir el libreto improvisa sobre las cosas más cotidianas, por momentos casi rapeando, como un juglar. Pero no lo hace con beats, lo hace con una música muy minimalista que incluye a Steve Shelley de Sonic Youth tras los parches.

Podría ir a lo certero, optar por los movimientos que lo hicieron famoso; esas obras maestras que realizó junto a Red House Painters o los primeros trabajos de Sun Kil Moon, total es la primera vez en Argentina, nadie se lo reprocharía. Pero es un rebelde, desafiante, y dedica casi la totalidad del show a temas nuevos como “Me, we” o “I love Portugal”, que sabemos que no son tan buenos, pero se los celebramos igual. Excepto “Win”, que es genial y está dedicado a David Bowie. El duque blanco inspira incluso desde el mas allá. También hay mucho de su trabajo junto con Justin Broadrick de Jesu y Godflesh, que no es tan inspirado, pero con el tratamiento que le da en vivo las canciones mutan en otra cosa y es interesante de ver.

Y a pesar de su fama de cascarrabias, hoy está de buen humor. Invita a Nicolás Pauls, responsable de la visita del músico, para una encantadora versión de “I got you babe”. También se permite jugar a ser un Frank Sinatra del indie con “Somethin´stupid”. Pero se concentra mucho para sus canciones sobre pueblos pequeños, accidentes familiares y héroes eternos como Muhammed Ali o Chris Squire. Tan contento está que decide complacer a su público con unas improvisadas “Carry me Ohio” y “Micheline”. Y como detrás de todo hombre sensible hay una mujer, cierra la noche dedicándole “I can´t live without my mother´s love” justamente a su madre.

Mark Kozelek da un show único. Son dos horas y medias de canciones de relatos largos, de personas que mueren, de amores frustrados, de lo mal que funciona el mundo. Pero hay belleza en el absurdo de lo cotidiano. Kozelek viene de una época donde las cosas tenían valor, donde juntarse con amigos a ver una pelea significaba algo, donde tirarse a disfrutar de un disco significaba placer. Tal vez con un pie en la melancolía y otro tratando de darle valor a las cosas es que el músico encara su show. Podrá haber sido fascinante para algunos e insoportablemente tedioso para otros, pero el cantante puede dar por seguro que su show no pasa desapercibido; por lo menos genera algo en la vida de los presentes.

azafatodegira.blogspot.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *