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Vetamadre: Si no querés no me ves

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La banda presentó su nuevo disco de reversiones, el viernes en la Trastienda.

Este es un país extraño, musicalmente hablando. Afuera la tendencia es lo que importa, y poca atención se les da a los dinosaurios. Acá funciona al revés; son los clásicos los que marcan el juego. Acá tienen que pasar muchos años para que el reconocimiento llegue. Bandas tan distintas como Kapanga, Massacre o Pez tuvieron que ver remar durante décadas hasta que su trabajo dio sus frutos. Los clásicos siguen convocando y cerrando festivales: Andrés Calamaro, Ciro, Charly. Y los dos artistas más convocantes del país están lejos de ser artistas emergentes: Indio Solari y La Renga. En ese aspecto, uno nunca sabe cuál será la próxima banda longeva que será nueva para el gran público. Consciente o inconscientemente, Vetamadre esto lo debe saber; sienten que algo va a pasar.

La excusa del show es la presentación de “Igual distinto”, una especie de postal de los 18 años de la banda donde re graban algunas de las canciones más destacadas de su catálogo. La intención es, claramente, tratar de dar una nueva vida, una nueva chance, un nuevo empuje a canciones que las circunstancias no han permitido que el gran público las adopte. Y el show justamente comienza con “Ser humano”, el hit más grande que nunca sucedió. Desde el minuto cero nos damos cuenta que a Vetamadre le importa la calidad del show, que haya luces a la altura del evento, que haya un sonido impactante, que haya invitados para enriquecer las canciones; le importa darle a la gente y a ellos mismos un show a la altura de años de esfuerzo.

Vetamadre es el secreto mejor guardado para sus fans. Cada canción, sea antigua como “Letargo” o reciente como “Ácido surf” son hits. Es la ventaja que se tiene cuando no hay una maquinaria imponiéndote las cosas; cada obra vale y tiene peso por sí misma. Incluso los covers se vuelven propios como “Adela en el carrousel”, del señor Charly García.

El cantante Julio Breshnev se muestra honestamente agradecido. Hace mucho hincapié en los momentos difíciles del grupo, en la duda de seguir o no. Ese esfuerzo se paga en momentos como “Veta madre”, donde no importa si hay 10 o 10.000 personas en el público, porque la gente presente en ese momento conectó con esa forma de hacer canciones. Que son accesibles y complejas a la vez, que no utilizan letras burdas o facilistas. Que si bien entran a primera oída, uno puede bucear mucho tiempo en ellas. La banda puede estar segura de que su arte vale para mucha gente.

El sonido del grupo en vivo es producto de la química y las ideas de sus cuatro integrantes. No son muchos los grupos que con tantos años en carrera logran mantener su formación original; sin embargo, ellos lo logran. Tal vez porque su único objetivo después de tantos años es hacer buenas canciones, algo más fácil de lograr cuando la fama y la fortuna no los distrae. Vetamadre no es un grupo masivo, pero es un grupo exitoso porque logró crear un cuerpo de trabajo muy sólido que se defiende en vivo. Exitoso porque logró una identidad propia.

“¿No estás oyéndome?” pregunta Julio Breshnev al final de “Ruido del mundo”. Vetamadre es una banda que tiene algo para decir. No es un discurso político ni social, no hay ninguna bajada de línea; es un grito de una persona anónima que en vez de palos y piedras usa una guitarra para encontrar su lugar en el mundo. Depende de vos captarlo o no.

azafatodegira.com

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