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El Rock Nacional está más vivo que nunca

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El viernes, Pez tocó en el Teatro Ópera para presentar su décimo quinto disco de estudio.

Un gran porcentaje del público todavía no había ingresado y otros buscaban sus butacas cuando se abrió el telón y Pez comenzó con “Más música”, el arranque del flamante “Rock Nacional”. El ahora quinteto, vestido para la ocasión, estaba disperso sobre el escenario, inmenso. “Tan deprisa ya”, sonó casi pegado, sin dejar que los presentes aplaudan el inicio de la velada.

De “Rock Nacional” viajaron a “El Manto Eléctrico” (2014) para hacer “Todo lo que ya fue”, con las congas de Miguel Pagliarulo y el bajo de Fósforo como motor articulando toda la nave y, luego, “En un lenguaje extraño”, con Juan Ravioli en segunda guitarra, dejando las teclas. “Cráneos”, a dos baterías, cerró ese trecho groovero.

El viaje continuó con “Volviendo a las cavernas” (2011), un álbum gestado con teclado que, durante mucho tiempo, fue interpretado por el power trío histórico. Ésta vez, Ravioli hizo las veces de Pepo, y la gente se llenó de euforia con “Cavernas”.

Ariel Sanzo, otrora Minimal, saludó y agradeció al público por haberse acercado. “Disparado”, retomando “Rock Nacional”, dio el pie a uno de los pasajes más tranquilos de la noche. Con Pablo Hadida como invitado en Lap Steel (guitarra hawaiana), sonaron la hermosísima “Bettie al desierto” y “Difícil de conseguir”, ambos tracks de “Hoy” (2006). “Aguante todo”, gritaron desde alguna butaca. “Casi todo”, replicó Sanzo.

Ésta se volvería una constante: un par de canciones del nuevo disco, y otro par de trabajos anteriores aunque con una particularidad: a pesar de la extensa lista de temas, unos 28, no hubo ninguna presencia de los primeros cinco discos de la banda. La prolífica carrera de Pez habla por sí sola.

Fósforo se sumó a los coros en la punk “Latigazo”, del segundo disco homónimo lanzado en 2010. Luego arribaron “Lucifer”, “Cerezas” y “Calabacita”, de la nueva placa. Entre medio, mecharon con “Para las almas sensibles”, de vuelta a dos baterías y con un juego de luces acorde al momento. No obstante, la escenografía fue algo escueta, sobre todo teniendo en cuenta el desarrollo de la presentación de “El Manto Eléctrico” el año pasado, también en el Ópera.

Pasajes sorpresivos si los hay: “La escuelita del señor extraño”, escrita por Fabián Casas, con música del entonces Minimal, sonó enganchada a “Si hay amor que nos venga a salvar”, provenientes de “Folklore” (2003) y “El sol detrás del sol” (2002), respectivamente; ambas gemas perdidas en la vasta discografía. Pero estas no fueron las únicas sorpresas: un par de canciones después, después de mucho tiempo, tocaron “Serena”, también del álbum del 2002 y “Los Orfebres”, del disco igual bautizado en 2007.

Ariel presentó a la banda completa, con especial énfasis en el tridente de siempre. Para Franco Salvador, dijo: “Es el puto amo”; en relación a Fósforo: “Es nuestro guía espiritual”.Los Pez tienen una figura muy querida, también, que forma parte de la agrupación desde hace varios años. Ese es Checho Marcos, que subió al escenario con su armónica en “Estableciendo comunicación” y “El mar de algún lugar“. Franco sentenció: “Pez es muy Checho”. Y es que son tantos años juntos, tantos discos. Son familia.

La faceta más pesada se hizo eco con “De cómo el hombre perdió”, otra vez retomando con “Volviendo a las cavernas”. Sanzo se refirió al tema como “heavy metal para butacas”. Tembló el piso. “El Aprendiz” y “La vieja escuela del amor” dieron cierre a la presentación de “Rock Nacional”.

Los Pez se despidieron con un cover de Miguel Mateos, “Atado a un sentimiento” y “Los verdaderos sonidos de la libertad”, de “Nueva era, viejas mañas” (2013). Cuando la canción se fundía en una atmosfera espacial y el quinteto levitaba, Sanzo dejó la viola y se puso a golpear la chancha de Salvador, formando una base atronadora. El telón se cerró y, mientras el público emprendía la partida, se volvió a abrir para que todos se amontonaran en los pasillos del Ópera para cantar “Gala” al unísono. Ariel Sanzo, con voz firme, se despidió con esta máxima de la banda: “Paz, amor, libertad, respeto… Pez”.

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