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Gran Martell: La pasión

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En un show breve pero por demás contundente, el super trío adelantó temas de su próximo disco “4”, el pasado viernes en Uniclub.

El rostro de Jorge Araujo se contrae, su boca se dibuja en una mueca, mitad sonrisa, y la otra mitad de un placer aún superior. Su cara proyecta casi un delirio orgásmico. Es el comienzo del show con una zapada a puro golpe. Tito Fargo a su izquierda cierra sus ojos, eleva la cabeza, envuelto en un trance, como intentando alcanzar el clímax. Jamardo mantiene la mirada pasiva (su procesión va por dentro), la cual no se condice con la velocidad de sus dedos sobre los trastes del bajo. Se nota: lo están sintiendo y lo transmiten.

Sabemos que en zona oeste han logrado forjar un público algo más numeroso y seguidor (en el oeste está verdaderamente el agite) y el Uniclub está apenas a dos tercios de su capacidad, pero ¿qué importa?. La zapada inicial deriva en “Tango griego” , de su segundo álbum. El riff de Fargo nos toma por asalto hasta que la base se suma duplicando la potencia. Sin duda el gen zeppelin se inmiscuyó en el ADN de la banda, pero hasta John Paul Jones se sonrojaría con el virtuosismo de Jamardo en las cuatro cuerdas. Continúan con su versión de “Vete de mí, cuervo negro”, del épico disco doble “Almendra II”; un cover que se mantiene cerca del original pero con la marca propia del trío.

Un arpegio enigmático y sutil introduce el siguiente tema. Al minuto deriva en un riff hipnótico que se arrastra hasta rodearlo todo. “Esta enfermedad de ver quién dura más rompiendo”, entona Jamardo en la stoner “Tierra de campeones”, acaso una de sus mejores composiciones. El resultado es no menos que aplastante: cuando el trío entra verdaderamente en combustión se torna prácticamente imparable.

Es el turno del primero de dos estrenos, “El paso del reloj” de su inminente cuarto disco: “4”. Si “Un volcán” (el EP en dos partes)  los mostró al límite de la experimentación, en los adelantos del nuevo material explotan su veta más puramente rocker. La lista de temas por momentos es anecdótica, ya que su mejor versión aflora cuando el límite de las canciones se borra y el show parece una gran jam de hora y cuarto. Así sucede nuevamente hacia el final. Suena “Es igual”, demoledora como siempre, y la incendiaria zapada final incluye versos de “Empetrolado” y “Sopa”.

El público, en su mayoría, supera los 30 años de edad. No es casualidad, ya que Gran Martell requiere cierta madurez auditiva. Acá no hay pose, no hay pogo, no hay selfie, no hay foto para subir a Instagram, solo tres músicos al límite de sus amplias capacidades, y mucho sentimiento. Si no hay pasión, que no haya nada entonces.

Redacción ElAcople.com

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