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Ratos de porao: Sudamérica de pie

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Ratos de Porao celebró los 25 años de su disco “Anarkophobia” el sábado ante un Roxy agotado.

Se puede. Se puede estar en el último rincón del mundo y lograr cosas gigantes. Se puede ser un adolescente con sueños y hacer que las cosas pasen. Durante 35 años Ratos de porao ha luchado contra viento y marea para llevar, literalmente, su música por todo el mundo sin haber hecho concesiones, cantando en portugués y sin dejar de hacer música rabiosa. En una carrera tan larga que ha dejado discos clásicos como “Brasil”, “Crucificados pelo sistema” o “Guerra civil caníbal”“Anarkophobia” tal vez logre destacarse un poco más. Grabado en Berlín en 1991, este trabajo sintetiza de manera concisa el sonido y la actitud que venían generando hacía diez años. Obras como esta, y “Arise”, de Sepultura, demostraron que Sudamérica podía estar a la misma altura que el resto del mundo. Y para festejar sus 25 años, el resto de la noche tiene que estar a ese nivel.

La velada empezó con buenos sets de Altar y Undermine, pero recién para Bandera de Niebla el lugar empezó a tomar color. Con la sorpresa de Martín Rodríguez de Poseidótica en el bajo, la banda entrega una actuación solida desde el comienzo. El show se interrumpe unos segundos con la llegada de otro Martín, en este caso Méndez, el bajista original que aún con gripe y barbijo mediante, sube al escenario para realizar su tarea. Mechando canciones de sus dos trabajos y cerrando con “Días buenos y malos” de Riff, la banda reafirma una vez más que es un placer verlos en vivo.

Y si hablamos de enfermedad, podemos usar esa palabra para describir el show de Motosierra. La banda uruguaya tiene la fama de ser la banda más salvaje de Sudamérica y tal vez lo sea. Hijos del sonido de Stooges, MC5 y Turbonegro, lo suyo es no dejarle un segundo de respiro al público. La intensidad sube minuto a minuto y para el final del show, su cantante, Marcos Fernández, ya está sin remera, mojado y cantando entre la gente. En épocas donde dicen que el rock está muerto, todavía vive en bandas como Motosierra.

Sin demasiada espera, al grito de “Anarkophobia”, João Gordo anuncia el comienzo del show y la banda arremete con “Contando os mortos”. El pogo y el mosh no se hacen esperar. Tantos años, tantas giras y tantos shows hacen que el grupo no tenga punto débil a la hora del vivo. João Gordo podrá estar un poco más gordo, pero todavía ruge que mete miedo. Jão podrá estar bastante avejentado, pero esa guitarra filosa todavía conserva las mañas. ¿Y por parte de Boka y Juninho? Esa base sigue tan sólida y suena con tanta fuerza como si los dos tuvieran 20 años. Trash, hardcore, crossover… Llámenlo como quieran, pero Ratos de porao sabe cómo sonar en vivo. Clásicos como “Mad society”, “Igreja universal” o el cover de Ramones con “Commando” son una estampida tras otra. La banda contagia tanto que, si prestamos atención, hasta podemos ver a las novias de los músicos en el pogo. Una imagen que no se ve todos los días.

“Anarkophobia” solo dura 30 minutos, por lo que el resto del show se transforma en una fiesta con clásicos como “Crucificados pelo sistema” y “Beber ate morrer”. Con solo una hora de concierto la banda deja a todos con ganas de un poco más. Después de un tiempo viniendo esporádicamente, Ratos de porao retoma sus lazos con Argentina, visitándonos una vez por año y agotando cada uno de sus shows. La banda no se va a detener y el público no va a dejar de asistir. Probablemente los sigamos viendo dentro de 20 años. Tal vez en un teatro, con sillas, porque ya no tendremos energía para el pogo. Pero ellos no: seguirán brutales, como siempre.

azafatodegira.com

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