PELÍCULAS

El abrazo de la serpiente: Oniria

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Retomamos la cartelera con el filme que, tal vez, se haya convertido en uno de los clásicos del cine latinoamericano. Revisitamos la película colombiana que a fuerza de vientos y selva amazónica, le peleó el Oscar a mejor película extranjera a “El hijo de Saúl”. 

Ciro Guerra -el mismo director de una no tan conocida pero fascinante “Los viajes del viento” (2009)- se traslada, ya no a través de los paisajes desérticos y de colores encantadores del norte andino, sino que emprende un viaje onírico por los paisajes de la selva amazónica que decide monocromáticos (el filme transcurre sus más de dos horas en blanco y negro).

Emprende con una dupla mística, menos quijotesca que en su primera empresa adornada de burros y acordeones, con un chamán desmemoriado como guía que esconderá secretamente una historia a través del cauce del río para olvidar un rencor. Karamakate solía ser poderoso, pero desde que aniquilaron a su tribu quedó a la deriva en la más completa soledad: interpreta las señales del viento, el oleaje del agua, la constancia de la lluvia, con la esperanza de volver a recordar y coser otra vez desde el interior su desmembrada existencia.

Un día llegará al paraje desolado que lo encuentra conversando con las estrellas un etnobotánico blanco y moderno, cultor de lo material y de los recuerdos portados en cosas llamado Evan. Parece llevar muchas pertenencias pero adentro, al igual que Karamakate, parece sentirse vacío. En la búsqueda de una planta mística curadora de todos los males, llamada yakruna, el chamán despertará aquello que había reprimido: la historia de un etnógrafo cuya amistad fue traicionada, y de un dolor imperceptible pero existencialmente profundo. ¿Serán los viajes lisérgicos de opios selváticos y elixires mágicos lo que lo salven? ¿Será el compartir su sabiduría  ancestral lo que alivie su pena? ¿Será que entregarle a Evan la yakruna compensará el tiempo perdido?

Libros de bellos dibujos, paisajes insondables, historias de semidioses con caras humanas, esclavos tullidos, curas peores que la enfermedad, y el condimento de un Amazonas que, distante, se engulle la película. Como la serpiente, este film que muchos han querido-sin poder- encasillar, abrirá sus fauces haciendo del espectador su presa.

“El abrazo de la serpiente” dista mucho de otras películas que versan sobre el tema. No se parece, por ejemplo, a “La Misión”: no tiene la banda sonora de Ennio Morricone, escenas de guerra desde la óptica del vencedor occidental ni grandes nombres como el de Jeremy Irons en su cartelera. Tiene, en cambio, la virtud de componer sus personajes desde la óptica de los mismos protagonistas: Antonio Bolívar (Karamakate) pertenece a la etnia indígena ocaina (a punto de desaparecer) y decidió participar de la película para dar voces a quienes ya la han perdido.

Un blend entre documental y road movie, con escenas que atemorizan, entristecen e interpelan con un maravilloso viaje a través de un Brasil poco abordado como resultado: el Brasil de sus habitantes originarios huyendo del hombre blanco a la vera de los ríos que los vieron nacer, a través de los tesoros que el blanco nunca supo entender poniéndole precios de mercado al sello de su muerte misma. Rescatando mucho de la legendaria Amazonas, con mucho trabajo de investigación y estilo fotográfico, el filme sigue siendo la excusa para poder acercarse a este recóndito lugar donde comenzó el mundo sin más pretensiones que las de, tal vez y desde la butaca, llegar a pertenecerle.

FICHA TÉCNICA:

“El abrazo de la serpiente” (Colombia, 2015).

Dirección: Ciro Guerra.

Guión: Jacques Toulemonde, Ciro Guerra.

Reparto: Nilbio Torres, Antonio Bolívar, Jan Bijvoet, Brionne Davis, Yauenkü Migue, Luigi Sciamanna, Nicolás Cancino.

Duración: 125 minutos.

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