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Paul McCartney: Qué me van a hablar de amor

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El ex bajista de The Beatles brindó dos conciertos en el estadio Ciudad de La Plata y confirmó que parece no tener fecha de vencimiento.

Ahí está Paul, a sus 73 años, con más de 55 de carrera, a miles de kilómetros de su cómoda mansión, en el lejano tercer mundo. No necesita hacerlo y sin embargo lo hace. Esta noche tiene la voz un poco gastada pero no teme quedar en evidencia. Está solo con su guitarra cantando “Yesterday” por vez número 136.773 y aún sigue siendo como la primera vez: un mar de personas rendidas a sus pies mientras las lágrimas caen por sus mejillas. El punto máximo de la comunión humana. Poder.

En su tercera visita al país, el músico inglés tiene como objetivo ofrecer una fiesta y con el primer acorde de “A hard day’s night” la noche ya está paga. El oficio de músico es algo que se puede trabajar, perfeccionar, pero, como con tantas otras cosas en la vida, hay gente que nace con cierto don; McCartney tiene el de la melodía. Tiene esa habilidad de crear canciones que generan una sensación familiar; su voz y sus acordes dan calidez. “Let me roll it”, “We can work it out”, “I’ve got a feeling” son lecciones en el manual de cómo hacer un tema; son sencillas para que lleguen a todos, pero tienen los suficientes detalles para, siempre, descubrir algo nuevo. Eso hace que canciones tan viejas sigan teniendo frescura. Y el músico lo entiende y por eso tiene una banda que capta ese mensaje: todos trabajan al servicio de la canción. Acá no hay demostraciones de virtuosismo con largos solos. Acá las composiciones son virtuosas.

En una carrera tan larga, es imposible ser impecable siempre. Temas como “Temporary secretary” o “Letting go” aparecen en la lista para los fanáticos más exigentes, pero pasan desapercibidas frente a monstruos como “Maybe I’m amazed”. De todas formas, es loable la tarea del artista de desempolvar gemas todo el tiempo y no caer en lo obvio, incluso metiendo varias canciones nuevas. Durante los últimos veinte años, el inglés ha sacado discos realmente interesantes, pero sin muchos hits radiales. Esos temas se defienden en vivo , a la vieja escuela, y “New”, “My Valentine”, “Save us” y “Four five seconds” muestran un presente más que interesante, sobre todo esta última a dúo con Rhianna y Kanye West en su versión original, pero mucho más rica con Paul solo en el vivo. Un clásico instantáneo.

Son siempre los mismos gestos, los mismos movimientos, las mismas palabras. Pero por alguna razón en ningún momento se siente un piloto automático. Hay momentos realmente altos; el homenaje a George Harrison con “Something” llega a la perfección pura. No solo la interpretación es impecable, sino que podemos ver a los dos guitarristas (Brian Ray y Rusty Anderson) realmente disfrutando la canción y dando una interpretación notable. La musicalidad que logra la banda en momentos tan diversos como “Jet”, “Here there and everywhere” o “Being for the benefit of Mr Kite” es sencillamente magnifica y hace temblar las piernas; no son solo tontas canciones de amor. “Eleanor Rigby” o “The fool on the hill” son pequeñas obras maestras pop.

Temas como “Let it be” o “Hey Jude” ya entran en otra categoría. Han sonado hasta el cansancio y uno se pregunta si es necesario interpretarlas una vez más. Y la respuesta es sí. Hay canciones buenas, hay otras geniales y hay obras maestras. Paul McCartney ha creado composiciones que son patrimonio de la humanidad. Es probable que no escuche esas canciones en casa o en un viaje, si puedo esquivarlas lo hago, pero en el momento del show en vivo son esenciales. Hay una magia, un poder, una sensación que no puede ponerse en palabras. Son esas cosas que salvan vidas.

Antes de “Birthday” suben cuatro chicas que cumplen años para recibir una firma y un abrazo de su ídolo, todas entre 15 y 25 años. La primera, llamada Leila, apenas puede moverse, tiembla, está tan concentrada en el músico que se olvida que hay 50.000 personas envidiándola y sintiéndose feliz por ella al mismo tiempo. Esos son los momentos que importan. Donde los 60 años de diferencia entre la fan y el artista no interesan. Donde la música moviliza algo en esa persona. Como la fecha anterior, cuando una niña de 11 años cantó y tocó el bajo en “Get back”. Son esos momentos donde todo lo malo que pasa en el mundo no importa. Para esas chicas su vida cambió. Para todas las personas que están en el estadio una simple canción cambió sus vidas. No me digan que la música no puede salvar al mundo porque claramente lo ha hecho.

Con esa pequeña sinfonía que componen “Golden slumbers”, “Carry that weight” y “The end” concluye el show. “Y en el final, el amor que recibís es igual al amor que das” son las últimas palabras que canta McCartney. Y tiene razón. Son casi tres horas de amor hecha canción. En épocas donde artistas que han cambiado el mundo se van yendo con facilidad, parece increíble que haya gente que todavía cuestione a Paul McCartney por seguir tocando. Que a sus 73 años tenga esa energía y siga a este nivel es para sacarse el sombrero. Y que podamos ser contemporáneos y tener el privilegio de verlo no es algo para dar por sentado. Algún día no estará, su leyenda será aún más grande, y podremos decir que lo vimos en vivo, que todo era real, y que el amor que nos dio fue mucho.

azafatodegira.com

6 Comments

  1. Olga

    23 mayo, 2016 en 08:35

    Que buena nota Facundo. Te felicito. Yo conoci su música a mis 15 años y desde ese mismo momento cambio lo que era música para mi. Soy feliz de pertenecer a esa generación que lo vio crecer y ser lo que es hoy como símbolo. Gracias por como lo contas.

  2. ce

    21 mayo, 2016 en 16:59

    vaaamoooss!! uno que escribe desde eI corazón. te banco.
    no me va a aIcanzar Ia vida para agradecerIe a pauI todo Io que es. si no fueron Ias 2 mejores noches de mi vida, Ie pega en eI poste. tanta geniaIidad y humiIdad, y se nota q se divierte, éI y toda su paz.. tan metódico siempre… un genio, y un Iaburante. y eI amor q Ie pone a todo Io q hace!! un ejempIo eI chaboncito 😛

  3. Patricia Rolón

    21 mayo, 2016 en 09:10

    ¡¡¡Estupenda nota Facu!!! Así es nomás: el Maestro nos hizo parte de su fiesta y fuimos Alegría. Tuvo muchas bolas para cantar “The Benefit of Mr. Kite”, un tema exclusivamente de y para John. Y con enormísima humildad, como siempre, cantó “Eleanor Rigby”; la canción bisagra en la historia del rock. La que metió su cara en una jarra, la que habló de la soledad y de la tristeza con violines que nunca antes habían paseado por esos pentagramas.

    ¡¡¡Abrazo Enorme!!!

  4. Fede

    20 mayo, 2016 en 21:57

    Gracias por la nota. Se trata de amor y de nada más.

  5. Marina

    20 mayo, 2016 en 16:26

    Me encantó lo que escribiste y cómo. Viva el amor y sacarse el sombrero.

  6. Felicitas

    20 mayo, 2016 en 13:03

    te abrazo loco! así lo sentimos todos.

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