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Azafato de gira: Hellfest

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Se develó el line up del Hellfest y una vez más compré la entrada. Esta será mi cuarta vez y cada año digo lo mismo: “Tengo que dejar de venir e ir a los otros festivales, ver qué más hay”. Pero no puedo. Para alguien que le gusta la música heavy metal, el Hellfest es lo más parecido a Disney. Y si bien festivales como el Wacken o el Download son más importantes, y otros como el Roadburn, Brutal Assault, Graspop y Rock am ring son tentadores, el amor que le tengo al festival francés es más fuerte.

Básicamente porque año a año logran superarse, tanto en la artística como también en la producción. Hay muy pocas cosas malas, y lo que está mal se mejora al año siguiente; se nota que es un evento hecho por fanáticos de la música. Tiene un cartel inmenso con un muy buen balance y un muy buen gusto, a diferencia de lo que puede ser el Download, que se tira más hacia lo que está de moda y apunta a generaciones más jóvenes, o el Wacken, que por momentos parece quedado en el tiempo. Y a pesar de lo fuerte de la artística, es un festival íntimo, con 50.000 personas por día repartidas en 6 escenarios, por lo que uno nunca está incómodo y puede ver y escuchar a cualquier banda con comodidad.

Y, para mí, la mayor diferencia radica en que es un festival para el amante de la música, donde realmente es protagonista. En la mayoría de este tipo de festivales, la música parecería ser un accesorio más entre muchos vips, vueltas al mundo y miles de atracciones. Acá existe eso, pero de manera reducida y de forma que no quite la atención de lo que sucede arriba de los escenarios, que en definitiva es por lo que uno viaja. Creer o reventar, es uno de los pocos festivales que ofrece carpas y negocios de venta de discos y cd’s, porque mientras para el resto de la industria el formato físico está muerto, para el metalero el fetichismo por tener el objeto está más fuerte que nunca.

El balance entre lo mainstream y lo under es perfecto y el abanico de géneros que abarca me ha permitido ver grupos imposibles de ver por estas tierras. A saber: Monster Magnet, Young Gods, Karma to burn, Eyehategod, Church of misery, Weedeater, Orchid, Angel Witch, Tryptykon, Septic Flesh, Coverge, D.R.I, Hawkwind, Electric Wizard, Goatsnake, The Ocean, Hardcore Superstar, Neurosis, Sleep, High on Fire, Killing Joke, Life of Agony, Witchcraft, Danzig, Voivod, Swans y un eterno etc…

Estar en Clisson (pueblo donde se hace el evento) es estar en la tierra prometida. Un lugar donde hay castillos y viñedos, donde se respira una paz absoluta, es invadido por hordas de personas vestidas de negro y tomando cerveza durante 5 días. Y les encanta. Y a nosotros también. El festival no es estar viendo las bandas; es viajar en avión, tren, colectivo, en un barco rodeado de barbas, pelos largos y remeras negras y sentir esa sensación de hermandad, de hacerte amigo de alguien de un país completamente opuesto al tuyo y que te una el mismo amor hacia algo tan puro como la música. Es levantarse muerto a desayunar lo máximo posible y ver cómo conviven las parejas de jubilados y las brigadas metálicas con armonía. Es trasladarse kilómetros y kilómetros por sentir en vivo esa guitarra que tantas veces escuchaste en tu cuarto. Es ir y tomar cerveza de verdad. Es ir y querer probar todo el abanico gastronómico que ofrecen. Es una sobredosis para los sentidos.

No suelo acampar. Lo he hecho alguna vez y a mí no me resulta. Es una experiencia agotadora, y si bien uno acampando se ahorra tiempo y dinero, a veces es preferible pagar un poco más y contar con ducha, cama y desayuno. No saben lo que uno valora la ducha al tercer día de mugre.
El hotel representa un mejor descanso y hay varias formas de llegar al lugar, ya sea en colectivo o en tren. Ese trayecto también forma parte del ritual. Ir en el impecable transporte público francés y que por unos días reine una especia de anarquía controlada, donde todos sacan su pasaje, pero nadie controla. Donde todos toman cerveza en los vagones, pero nadie falta el respeto.

Creo que lo mejor ha sido poder haberlo hecho con amigos y sentir la satisfacción cuando unos los ve agotados y felices al mismo tiempo y entender que nos pasa lo mismo. Me siento en un viaje de egresados continuo rodeado de gente con la misma filosofía, que no se deja influenciar por lo que la sociedad pretende de ellos o el qué dirán. Tal vez el tipo que tenés al lado es un brillante doctor que durante la semana maneja un Mercedes Benz, pero hoy no. Hoy tiene una cresta y sacó del placard su campera cortada con parches de Celtic Frost y Sepultura.

Y después de tres días de distorsión, volvemos a nuestra vida cotidiana, que ya dejó de ser burda, aburrida porque vivimos esto. Sabemos que no estamos solos. Sabemos que dentro de un año tenemos una cita en la meca. Jamás cambiaría una semana de relax en un all inclusive en el caribe por el agotamiento que me deja el Hellfest. Y parafraseando la escena final de Headbangers Journey, “esto lo sentís o no. Si el metal no te da esa arrolladora sensación de poder y no hace que se te pongan los pelos de la nuca de punta, tal vez nunca entiendas esto. Y eso está bien. Porque, a juzgar por los 40.000 metaleros que me rodean, estamos bastante bien sin vos”.

azafatodegira.com

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