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Valle de muñecas: canciones para los días de la vida

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En la noche lluviosa del viernes, en La Trastienda, Manza y compañía presentaron “El final de las primaveras”.

Cuesta comprender cómo las bandas que hoy llenan estadios en Argentina están a años luz en calidad artística del pequeño y mediano circuito. Si en los ’90 la masividad iba acompañada de grandes bandas, en la actualidad encontramos en el nicho (casi exclusivamente) el presente y futuro de nuestro rock, como si fuera un secreto de unos pocos.

En este último grupo se inscribe el momento de Valle de muñecas, llegando a La Trastienda a presentar su nuevo disco “El final de las primaveras”, editado a fines de 2015. El primer tramo estaría dominado por el nuevo material, abriendo el show con el mismo tridente que el álbum: “Las espadas del sol”, “Una hoja en blanco” y “1000 kilómetros” (o la perfección hecha canción).

El disco, atravesado por la temática de la separación, está plagado de guitarras post-punk y sensibilidad pop, una combinación que, con el fraseo característico de Manza al cantar, logra una atracción casi hipnótica. Suena el tema que da nombre al álbum en donde se conjuga algo de esto que describimos: “las dudas que hacen callar a los silencios”, entona Esaín en la letra que vaga entre la melancolía y la aceptación.

En medio se entrelazan canciones de sus producciones anteriores; del disco “Folk” (y en concordancia con ese género) suena “Días de suerte”, y luego la irresistible “Cuentos para no dormir jamás”. Lulo Esaín (también parte del demoledor Acorazado Potemkin), desde la batería, es quien maneja los tiempos de la banda con una conducción soberbia, y además aporta en la composición con “Insonmio”.

Lo visual pasa a un segundo plano, no porque la banda no sea expresiva, sino porque el poder de las canciones nos obliga a dejarnos llevar. “Ni un diluvio más” es una gema pop exquisita, la cual da paso al tramo final del show incluyendo dos flashbacks a Menos que cero (la anterior formación de Manza): “Cartas” y “Recuerdos de invierno”. “La soledad no es una herida”, aquel hit irresistible de su anterior disco, generó las mejores emociones. “Vayan a ver a otras bandas en vivo”, recomiendan antes del cierre con “Vamos al cine”.

Manza es, hoy en día, de los mejores compositores en actividad del rock de acá. Sus letras cargadas de melancolía luminosa no dejan de interpelar nuestras más profundas emociones, mientras que las perfectas melodías nos llevan de la mano, nos sacan a pasear. Entre tanta gente de pie, Valle de muñecas aprende a volar con estas canciones para los días de la vida.

Redacción ElAcople.com

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