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Pez: Melodías sanadoras

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El cuarteto nos presenta nuevo disco por decimoquinta vez en 22 años de historia, morigerando voces que decretan la muerte del rock por estas pampas.

“El disco que va a cambiar la historia del rock nacional”. Así promocionaba un sello multinacional el disco “Fabulosos Calavera” (1997) de Los Fabulosos Cadillacs. En aquella placa premiada con un Grammy, hacía su debut un joven Ariel Minimal. Hoy, ese guitarrista que ingresaba a la mega banda para impulsar aires frescos, lanza el álbum de estudio nº 15 de Pez. No sabemos si va a cambiar la historia del rock nacional, pero sí que ellos cambiaron. Como suelen hacerlo disco a disco.

La placa arranca con “Más música”, el adelanto que hicieron a fines del año pasado en el Centro Cultural Konex. Relax, bossa nova; la idea subyacente es alentar el impulso de las artes musicales. O sea, reivindicar aquello que ellos mismos expresan: “El último antídoto que hay, cura de la humanidad”. Melodías sanadoras, claro está.

Sigue con “Tan deprisa ya”, un pop con teclados que dibujan paisajes sonrientes y alucinantes, en una faceta optimista y buena onda que suena inusual en el grupo. En palabras del propio Minimal, una oda a Man Ray. Y sí, se asemeja a una cortina de novela para público adolescente joven noventoso.

Después, “De la vieja escuela del amor”; kissero, según el mismísimo líder de Pez. Pero si hablamos de puro rock nacional, suena más a Riff. Cortito, conciso, al mentón.
Promediando el disco, a partir de “Disparado”, al conjunto se lo nota más suelto e integrado. Recordemos que tras la salida de Pepo Limeres del grupo, y de haber vuelto a ser un trío durante poco más de tres años, Pez volvió al formato cuarteto con la llegada de Juan Ravioli. De este modo, el tecladista se acopló perfectamente al conjunto desde el concierto en el Teatro Ópera del 15 de mayo de 2015, haciendo también aportes en voces y guitarras.

A mitad de camino, “Lo nuevo”: distensión en forma de bellísima balada. Es de las canciones que más reflejan la esencia del grupo.

“El aprendiz”, en tanto, se puede relacionar con la etapa progresiva de “Los Orfebres” (2007). Psicodelicia. Y “Cerezas”, hay que decirlo, resulta difícil de clasificar dentro de un rótulo musical. Pero, si hablamos de influencias de estas pampas, remite a Litto Nebbia.
Más luego, si bien es cierto que en “Lucifer” aparece el machaque, la distorsión habitual y característica del combo casi que permanece ausente dentro de esta placa. Para eso está “Nueva era, viejas mañas” (2013), por ejemplo.

“Cuidate, monito”, por su parte, comienza como una suerte de jazz rock y desemboca en un candombe de este lado del Río de La Plata,l también experimentado en “Folklore” (2004), vale recordar. Y si seguimos evocando al rock nacional, el título del tema se asemeja a cualquier canción de Los Redondos o de Indio solista.

Para el final, “Calabacita”. ¿Una de amor para Ella? El compromiso político que ha demostrado la banda, concretamente desde la época de “Viva Pez” (2010), parece indicar que sí. Como sea, nostalgia militante o una propia versión de “Chica rutera”, oficia de hermoso cierre para un disco ecléctico.

En definitiva, como marcan los manuales de Pez, el secreto está en no repetirse y mantener la identidad al costado del camino para no traicionar los sentimientos e ideales. “A mis fantasías de niño yo no quiero renunciar, siempre supe que para existir tenía que ser real”, dijo, y me conquistó.

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