PELÍCULAS

La historia oficial: el país del no me acuerdo

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A 40 años del golpe cívico-militar más horroroso de nuestra historia, en la cartelera de El Acople compartimos la reseña de la película argentina dirigida por Luis Puenzo que se reestrena remasterizada para recordarnos una vez más lo que debemos siempre repetir: Nunca más. 

¿Quién escribe la historia? parece ser la pregunta que flota en la clase de la materia que dicta Alicia (Norma Aleandro), que en su país de maravillas todavía desconoce que la escriben siempre los vencedores procurando arrancar las páginas oscuras, las más amarillentas, en las que los verdaderos héroes se enfrentan con feroces demonios.

A fin de cuentas, ella vive una vida normal. Está felizmente casada con un hombre de negocios vinculado a los militares (Héctor Alterio), que no solo le permite vivir una vida acomodada, sino que también le ha dado hace 5 años, la alegría de tener una hija a pesar de ser estéril. Gabi (Analía Castro) apareció para completar los espacios vacíos en la casa, y rellenó los renglones vacíos con las preguntas que, a su llegada, la pareja decidió dejar de hacerse.

Alicia es profesora de historia, pero tiene una venda en los ojos que solamente le permite creer en el relato oficial, en aquello que es escrito en los diarios y los libros. Será la llegada de su amiga exiliada (Chunchuna Villafañe) y el descubrimiento de los manejos siniestros de su esposo,  lo que hará que las preguntas que había jurado no haría, vuelvan a aparecer para colmar sus días de angustia y ansiedad: ¿es Gabi hija de desaparecidos?

“Detrás de cada madre hay una historia de vida”, le dirá en algún momento una Abuela de Plaza de Mayo. “La Historia Oficial” es la historia de una búsqueda. La búsqueda de la verdad en tiempos en que todavía era imposible perseguir también la memoria y la justicia. Es un rosario de interrogantes que Alicia deberá resolver, cuenta a cuenta, para conocer la historia de vida o de muerte de la madre de su hija.

Con la complicidad de los medios de comunicación, la Iglesia, los empresarios y una gran parte de la sociedad, la búsqueda no resultará nada sencilla. Sin registros empíricos del horror y con fines de espanto que justificaron todos los medios para luchar contra la “subversión”, la búsqueda de Alicia por la verdad será también una puerta de entrada a su conciencia, que materializará finalmente en rostros humanos el resultado del terror.

Con la eliminación radical de los derechos humanos, con verdugos modernos asistidos con tecnología de avanzada y planes calculados de exterminio, con picanas, submarinos y torturas sin límites, con la prohibición de informar sobre el hallazgo de cadáveres, con el robo deliberado y sistemático de bebés, con la censura a quienes sin miedo o con él se animaban a denunciar el discurso de la muerte, con miles de cuerpos fondeados en las aguas de nuestros océanos, y con la excusa divina de propiciar la justicia entre dos polos opuestos, Argentina asistía a la época más tenebrosa y funesta de su corta vida.

Delegados sindicales, trabajadores que peleaban por sus derechos, familiares de guerrilleros, estudiantes, militantes, guerrilleros e intelectuales fueron y son también víctimas de la -en palabras de Rodolfo Walsh“miseria planificada para la reserva estratégica de los desaparecidos”. “Si están desaparecidos no tienen entidad, no existen, no podrán tener ningún tratamiento especial”, sostenía Videla, el principal propulsor del terrorismo de estado del Golpe Cívico Militar del 76´.

“No hay nada más intenso que el terror de perder la identidad”escribía Alejandra Pizarnik desde las vísceras, y fue en esas rondas y caminatas interminables alrededor de la Pirámide de Mayo donde las Abuelas y las Madres, esas locas de pañuelo blanco y andar incansable, decidieron ganar el coraje que no tenían para buscar la identidad robada a sus nietos e hijos desaparecidos. Para decir sus nombres en voz alta, ponerle rostro a los hijos de sus hijos, conocer el color de sus ojos, y fundirse en un único grito de Nunca más.

La historia oficial – ganadora del Oscar a mejor película extranjera- se reestrenó este 24 de marzo con un trabajo de imagen restaurada 4K, sonido estereofónico 5.1 y nuevas copias digitales de altísima calidad. Es un reestreno necesario que hecha algo de sal a heridas que aún no sanan. Una película cruda, estremecedora, que conmociona, que emociona, que lastima. Una película que tampoco fue ajena al terror, filmada bajo amenaza en la clandestinidad, en casas familiares que hacían de set de filmación, con excelentes actuaciones que hacen aún más vívido el relato, y que en carne viva nos recuerdan por qué el 24 de marzo se llenan de gente las plazas, y las del pañuelo blanco reaparecen en escena.

Los hijos y nietos desaparecieron, sus causas, sus valores, sus misiones continúan entre nosotros. Esa es ahora nuestra historia oficial.

FICHA TÉCNICA:

“La historia oficial” (Argentina, 1985).

Director: Luis Puenzo.

Guión: Aída Bortnik, Luis Puenzo.

Reparto: Héctor Alterio, Norma Aleandro, Hugo Arana, Chunchuna Villafañe, Lidia Catalano, Chela Ruiz, Patricio Contreras, Guillermo Battaglia, Daniel Lago, Andrea Tenuta, Floria Bloise, Carlos Weber, Leal Rey, María Luisa Robledo, Laura Palmucci.

Duración: 110 minutos.

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