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Lollapalooza 2016: Todas las tribus, todas

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Nuevo año, nueva edición del festival. Cada vez más instalado como una marca, este año apostó por una propuesta variada y pensada para un público joven. El viernes, sin dudas, fue el día de la generación sub 20, y el sábado la variedad de público y género estuvo a la orden del día. Acá te traemos un resumen de lo vivido en estas dos jornadas.

Las revelaciones

Siempre desparramados por el cartel, hay un par de artistas que nos hacen decir “¿Quiénes son estos?”. El Lollapalooza es una buena plataforma para descubrir nuevas cosas y estar abierto a la propuesta de todos los grupos. El viernes, la joven Halsey atrajo a una buena cantidad de gente en el Alternative Stage, que durante una hora disfrutó de las canciones de su disco debut que obviamente tuvo como plato fuerte los singles “Colours” y “New Americana”. Por su parte, el sábado, Vintage Trouble arrasó con el público tempranero. Con su rock, blues y soul vieja escuela, la banda entretuvo a los presentes a fuerza de buenas canciones, pero sobre todo por ese imán para los ojos que es el vocalista Tytylor. El morocho no solo canta de manera asombrosa, sino que baila, corre, salta y se atreve a escalar la torre de sonido y tirarse al público, que lo deposita de vuelta en el escenario. Rock de alto riesgo.

El rock no morirá jamás

Hoy por hoy, el rock ya no ocupa en el mundo el lugar que supo ocupar, sobre todo entre las nuevas generaciones. Este festival es la prueba máxima: entre los cabezas de cartel, ningún artista puede considerarse como “Rock”; sin embargo, el género siempre va a dar batalla. Eruca Sativa, Carajo y Boom BoomKid representaron el sonido fuerte local y contaron con el apoyo de la gente, sobre todo Carajo, que desató su propio pogo. Por el lado de los extranjeros, Eagles of Death Metal se encontró con un público fervoroso justamente el día que las guitarras estaban más desplazadas.

Remera de Ramones encima, Jesse Hughes realmente sabe cómo ganarse al público. Es paradójico que una banda tan divertida arriba del escenario, esté empapada por tanta tragedia. Pero, tal vez, es ese mismo humor el que los hace seguir adelante y no tomarse tan en serio, solo lo suficiente para dejar una gran versión de “Save a prayer” de Duran Duran. Por su lado, Ghost confirma con estas apariciones que lo suyo va en serio y que quieren salir del ghetto del metal. Y a juzgar por la respuesta del público, pueden lograrlo. A pesar de no contar con bajista, los suecos demuestran que están en un gran momento y su último disco, “Meliora”, solo confirma todo lo bueno que tenía el primero, pero que había fallado un poco en el segundo. Cada canción es un hit perfecto y es solo cuestión de tiempo para que el mundo se rinda ante ellos.

Pero si hablamos de una banda que da catedra en vivo, esa es Bad Religion. Aún siendo los más veteranos de todo el festival, la fuerza y energía que entregan avergüenzan a muchos artistas emergentes. Estrenando baterista y con una recorrida por toda su discografía, Greg Graffin y sus aliados atrajeron una buena cantidad de público a pesar de ser los bichos raros. A los maestros se los respeta.

Promesas que son realidad

En el medio de la jornada, ambos días, encontramos algunos de los artistas con mayor apoyo del público. Twenty One Pilots fue sin dudas la que más ruido hizo.  El dúo sabe explotar al máximo su mezcla de pop, electrónica y hip hop diseñada para mover masas. Ya con una buena cantidad de discos encima, pueden mantener un show sólido con facilidad, que culmina con sus dos integrantes tocando la batería entre los presentes. Si había dudas sobre la banda, todas fueron calladas durante su presentación. Caso similar es el de Tame Impala, si bien siguen siendo resistidos por muchos, ellos ya son una realidad. A pesar de venir constantemente al país, la gente no parece haberse cansado de ellos, sino todo lo contrario: quieren más. Con un nuevo disco para presentar, los australianos siguen escalando posiciones y no sería de extrañar que terminen encabezando el festival dentro de unos años.

Poder femenino

Entre muchas de las promesas y artistas emergentes, las chicas fueron un número constante. Marina & The Diamonds logró una presentación exitosa, con mucho público a pesar de tocar a la misma hora que Noel Gallagher. Si bien el inglés era un número fijo del día, valía la pena caminar unos metros y bailar con la propuesta de la muchacha, que no escatimó en energía. Alabama Shakes fue un buen momento para relajarse y simplemente escuchar música. Tal vez el blues y el soul no sean los géneros musicales más populares entre el público, pero la gente escuchó con respeto y atención a una propuesta que se salía del resto del cartel; imposible ignorar la garganta de Britanny Howard. Of Monster& Men lamentablemente tuvo que sufrir el acoso de los fans de la primera fila que esperaban por Eminem. Aún así, fue difícil opacar la delicada e hipnotizante propuesta de los islandeses. El numeroso grupo demostró que se desenvuelve tan bien en lugares íntimos como Niceto como en grandes espacios.

Los conflictivos

Sin duda este Lollapalooza fue un poco más arriesgado en cuanto a los cabezas de cartel. Nadie duda que Mumford & Sons, Florence & The Machine y Die Antwoord están entre los actos más exitosos en Estados Unidos y Europa, pero ¿cuál era la situación acá? La mayor sorpresa vino de lado de Mumford & Sons, que incluso antes de empezar habían logrado concentrar una gran cantidad de gente. Si bien el grupo se hizo conocido por su propuesta folk, en el último disco han incorporado la electricidad, y si bien en un momento eso pudo haber sido polémico, a la hora del show ganan dinamismo y estas composiciones se aprecian mejor que en el disco. Pero la sorpresa no viene del lado de lo bueno que es el show, sino que tanta gente cante las canciones.

Caso similar es el de Florence & The Machine: su música se funde bien con la noche y si bien su show no es el más adrenalínico, funciona como una buena coda después de un día de emociones. Y a pesar de lo delicado de su música, demostró también que puede funcionar con el gran público. Pero hay gente que no quiere terminar de forma tranquila; quiere romperse la cabeza. Y para eso existe Die Antwoord: ante una multitud, los sudafricanos tomaron la escuela de The Prodigy y lo llevaron un paso más allá. Gusten o no, se los tome en serio o no, su fuerte es el show y nadie puede salir decepcionado de ahí. En mi opinión, no hubiese estado mal que cierren algunos de los escenarios principales.

Los pesos fuertes

Brandon Flowers se sumó a último momento reemplazando a Snoop Dogg y realmente fue la decisión acertada. El cantante vino a mostrar sus canciones solista con buena respuesta, pero es cuando suena un tema de The Killers que el lugar estalla. Ante “Mr Birghtside” y “Read my mind” hay poco para hacer.

Sin dudas, Noel Gallagher era el artista más convocante del festival y aunque no cerraba ningún escenario, podemos decir que tocó en un horario central y fue el momento donde más gente hubo. La realidad es una: su música solista es mucho más interesante en vivo que en estudio, y la elección de tocar rarezas de Oasis como “Listen up” o “Digsy’s dinner” es acertada. Por supuesto que hay clásicos y “Champagne supernova” y “Wonderwall” resuenan en todo el predio. “Don’t look back in anger” redobla la apuesta y deja que el público la cante en su totalidad. Dando este tipo de show, Oasis no necesita volver.

Y finalmente llegó el artista más esperado. Para los que tienen entre 20 y 30 años, Eminem fue una revolución. En un país que prácticamente ignora el hip hop, que un representante de ese género pueda convocar tanta gente es todo un mérito. Por suerte la actuación del rapero estuvo a la altura y no dejó canción pendiente, algunas en su totalidad y otras enganchando fragmentos. La música de Eminem tiene profundidad, tiene humor, tiene furia, tiene energía y eso hace que el show sea dinámico. Tiene un manejo melódico del hip hop que pocos tienen, y es por eso que trasciende tantas barreras. En su primera visita el país, Eminem estuvo a la altura.

En su edición más polémica en cuanto al cartel, el festival apostó por otra cosa y salió ganando. Ya es hora que salgamos de la zona de confort y estemos abiertos a nuevas propuestas, por más que nos parezcan extrañas.  El sonido y los horarios fueron perfectos, y los detalles de organización fueron mejorando con respecto a años anteriores. Quedan cosas por hacer y cada año se irán solucionando. Ya es hora que Argentina tenga un festival a la altura del resto del mundo. Todavía no estamos ahí, pero, paso a paso, vamos a ir llegando.

azafatodegira.com

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