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Iron Maiden: En la cima del mundo

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La banda británica regresó a Buenos Aires para brindar su show más sólido en mucho tiempo. Fue en el estadio de Vélez Sarsfield, el martes.

Iron Maiden hace sus propias reglas. Sabemos que, ante un disco nuevo, la banda lo defenderá en vivo hasta con los dientes, ocupando gran parte del set. Y la gente asistirá en masa, como siempre, a pesar de que el nuevo trabajo no esté a la altura de su leyenda, y una vez concluida la gira, será archivado tanto por banda como por público. Lo sabemos y lo aceptamos. ¿Pero qué pasa cuando el disco nuevo sí está a la altura de su leyenda?

A pesar de ser un día de semana, la gente hace un esfuerzo para llegar temprano al estadio. Es que Iron Maiden siempre vino con actos soportes de peso y Anthrax no es la excepción. Con buen sonido y actitud, con las tres primeras tienen el partido ganado: “Caught in a mosh”, “Got the time” y “Antisocial”. Las nuevas composiciones como “Evil Twin” y “Breathing Lighting” hacen saber que a pesar de ser los menos populares de los cuatro grandes del thrash, tanto en vivo como en disco Anthrax tiene el mejor presente. Con una increíble “Indians” al final, los chicos de Nueva York dejan con ganas de más, sonando más jóvenes que nunca.

Con la gente todavía ingresando en manada al estadio, Bruce Dickinson emerge desde el humo para cantar “If eternity should fail”, un tema que, como muchos del disco nuevo, a primera oída no parece óptimo para el vivo, pero en escena cobra otra dimensión. Caso contrario es el de “Speed of light”, que funciona como uno pensaría: con toda la gente saltando desde el primer riff.

En épocas donde los grupos clásicos no sacan discos o intentan algún manotazo de ahogado queriendo sonar como en épocas pasadas, los ingleses llevan todo un paso más allá. En tiempos donde nadie escucha discos, ellos deciden lanzar un disco doble con canciones que van de los 7 a los 20 minutos. Para el que sigue la carrera del grupo, esto es algo que viene pasando progresivamente desde que Bruce Dickinson volvió a la banda; sin embargo, es la primera vez que logran conjugar buenas ideas y canciones interesantes en un disco, que, a pesar de su duración, no se hace largo y tedioso. “Tears of the clown” y “Death or glory” son algunos de los puntos fuertes del show; la banda se nota entusiasmada con el nuevo material, y el público también. Y a pesar de la teatralidad de siempre, ellos parecen divertirse más en escena y no tomarse tanto en serio, sobre todo de parte de Dickinson. Tal vez todo lo que sufrió con su enfermedad para concebir este disco lo haya hecho soltarse un poco y disfrutar del lugar que Maiden tiene en el mundo.

Las composiciones nuevas más complejas y largas son lo más interesante del set. En “The book of souls” el grupo simplemente humilla; el sonido es fuerte y claro, la banda está bien ajustada y Bruce simplemente da cátedra de canto e interpretación. Habrá varios clásicos durante la noche, pero hoy Maiden se luce en esta composición; es el momento del show. Y las perlas del repertorio vienen por este lado, con “Children of the damnned” y “Powerslave”, siendo composiciones entretenidas y que permiten jugar tanto al público como al grupo. Es realmente loable que, durante aproximadamente hora y cuarto, un show de estadio no caiga en hits y obviedades. Sacando la siempre efectiva “The trooper”, el tono del concierto es complejo, con composiciones largas y muchos pasajes instrumentales, canciones nuevas y gemas escondidas. Y aún así es el show más sólido de Iron Maiden en el país.

Y a la hora de la catarata de clásicos, la banda sigue sonando fresca. “Halloweed by thy name”, “Blood brothers”, “Number of the beast”; todas canciones inamovibles de cada show que muchos querrían que sean desterradas del set, vuelven a ser un punto alto. En un concierto que no hubo complicación ni incidentes, público y banda son uno solo, y eso se nota. Podremos haber escuchado esas canciones una y otra vez, pero cuando aparece el coro de “Fear of the dark”, a todos se nos eriza la piel.

A pesar de muchos temas nuevos, muchos temas largos, muchos pasajes instrumentales y ausencia de clásicos, Iron Maiden dio el mejor y más sólido show por estas tierras. O, mejor dicho, fue gracias a eso. Una banda que continuamente trata de seguir su musa, sin importar lo que piense el resto del mundo y que finalmente dio frutos. Hoy vimos un Maiden lleno de vida, haciendo lo que quiere hacer, y el público lo disfrutó sin ninguna queja.

azafatodegira.com

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