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Explosions in the sky: Sinfonías eléctricas

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El grupo instrumental norteamericano debutó el lunes en Niceto con un show cautivante.

¿Qué música escuchás? Es una pregunta tan recurrente y engañosa en nuestras vidas. ¿Escuchamos música realmente? ¿O escuchamos canciones, historias cantadas, letras, momentos? ¿Escuchamos realmente el trabajo musical, los instrumentos, el desarrollo, las armonías, la combinación de sonidos? ¿O es algo que acompaña una melodía pegajosa y una letra que nos gusta cantar? ¿Qué pasa cuando sacamos todo eso? Explosions in the sky es ese rock que no es rock. Es música fuerte, estridente, emocionante, eléctrica, que no es rock, pero que conecta con el público de rock.

Antes de comenzar, el guitarrista Munaf Rayani -en un correcto español- agradece y se muestra feliz por estar en Buenos Aires y presenta a la banda. Esa será la única comunicación verbal del grupo con el público; lo que sigue es una especie de película sin imágenes. Con nada más que sus instrumentos y sus equipos, arrancan con “The only moment we were alone” y durante hora y media no habrá pausas.

Una banda tan delicada como Explosions in the sky necesita un sonido perfecto. Escuchando a la gente luego del show, la parte de abajo de Niceto parecía haber sufrido un volumen muy alto, pero cabe aclarar que en la parte superior el sonido fue realmente inmaculado. El juego de tres guitarras que tiene el grupo puede ser difícil de equilibrar, pero esta noche el balance es adecuado; uno cierra los ojos y puede sentir las sutilezas de cada instrumento.

No son muchas las bandas del género llamado post rock que nos han visitado, siendo Tortoise y Mogwai caso excepcionales, por lo que existía la duda justificada de ver si podían sostener un show de música instrumental por hora y media sin recurrir a cosas externas como proyecciones, juegos de luces, etc… Y lo cierto es que el show no solo se sostiene, sino que es totalmente hipnótico, donde hay momentos de calma, de baile, de seducción y hasta catarsis, creando un ataque sonoro. Solo ellos sabrán la inspiración para cada canción, pero hay algo liberador al escuchar “Catastrophe and the cure”. Hay un grito mudo entre la gente. Hay algo que toca la fibra sensible de los presentes, que los lleva a otra dimensión. No se ve mucha gente hablando, filmando, o simplemente distraída; cada uno está inmerso en un viaje. Y hay mucho mérito en captar la atención de la gente sin decir una sola palabra.

Es muy difícil hablar sobre el concierto, porque cada persona lo vivió de manera diferente. Dirán que eso pasa en cada show, pero no es así. Al no existir las palabras no hay referencias, no hay ida y vuelta, la música tiene una sola dirección. Se mete por todo tu sistema, te emociona, te angustia, te enfurece y todo sin decirte “te amo” o “te odio”.

“Let me back in” cierra la noche y parece que una aplanadora nos pasó por encima. O un exorcismo. Durante el recital el tiempo pareció detenerse, donde belleza y comunión fueron los protagonistas. Uno sale impactado a la calle, y recuerda atentados, muertes, intereses políticos, codicia. Pero sale con una sonrisa, porque durante hora y media y mientras exista la música, la tierra no es un lugar frío y muerto.

azafatodegira.com

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