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Millencolin: Costumbres argentinas

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El domingo, en Groove, la banda sueca regresó al país después de cinco años con un concierto con algunos inconvenientes de sonido.

Tras la gira de los 10 años de su exitoso disco “Pennybridge pioneers” (2000), Millencolin volvía a darse una vuelta por aquí, ahora de la mano de su nuevo trabajo, “True brew” (2015), que los reposicionó en la escena mundial luego del desafortunado “Machine 15” (2008). Con este octavo disco de estudio recuperaron la frescura, la energía punk y las buenas canciones.

La gente ansiaba por la presencia de los suecos, pero antes escucharon con respeto a las dos bandas invitadas. Los cordobeses de Astenia ofrecieron un set correcto con sus canciones bien melódicas como “Un nuevo amanecer” y “En en aire”. Todavía deben pulir cosas. Luego llegó el hardcore punk de Tan Repente. Si bien sonaron  ajustados, su propuesta pareció algo monótona y con falta de matices.

Era el momento de los Millencolin. Cuando en la previa los técnicos acondicionaban cada uno de los instrumentos, todo hacía prever que el audio sería pulcro y demoledor. Sin embargo,  la situación sería muy diferente a la esperada. Desde que aparecieron en escena a las 21.20 con la nueva “Egocentric man” jamás lograron sonar de forma nítida, en especial por las guitarras, que sonaban saturadas. Los clásicos “Penguins & Polarbears”, “Twenty two” y “Fox” no lograron sobreponerse a pesar que sus fanáticos hacían lo imposible para darle un mejor marco.  Hasta por momentos costaba reconocer el inicio de la canción.

A este desperfecto técnico se le sumaba que el grupo tocaba los temas a una velocidad mayor a las originales, tal como suele suceder con muchas bandas del género al momento del vivo. Esto tampoco favoreció ya que cuando las composiciones aceleraban, el audio empeoraba. Ejemplos como “Bullion”, “Man or mouse” y “Olympic” dan cuenta de ello. Por momentos parecía que la cosa iba a mejorar pero rápidamente la saturación retornaba a la escena. El público estaba distante de esta situación, y se lo veía disfrutando en plenitud de esta cuarto visita.

Con respecto a los músicos, se los vio bastante expresivos a sabiendas de la conocida frialdad sueca: hubo ronda de la gente en “Autopilot mode” a su pedido, los dejaron comenzar cantando en “Mr. Clean”. Sus guitarristas Mathias Färm y Erik Ohlsson eran los más alegres y los más movedizos en escena, no así su cantante y bajista, Nikola Sarcevic, quién se mostró más parco.

En los bises hubo uno pequeña mejora desde lo sonoro. Así que la nueva “Black eye”, la romántica “Leona” o la sentida “The ballad” (Nikola cantó solo con su acústica) pudieron ser más reconocibles. El cierre se dio con “No cigar” luego de 75 minutos y 23 canciones

Ya pasó con Muse en el Complejo al Río y con Mastodon en el teatro Flores. Los problemas de sonido continúan dando que hablar en los shows internacionales. Millencolin también fue desfavorecido en su performance del domingo. En esta cuarta visita, la banda había seleccionado un buen listado con un gran aporte de clásicos, pero las condiciones no fueron las mejores.

Redacción ElAcople.com

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