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The Dead Weather: estallando

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En “Dodge & burn”, la banda condensa rock stoner, riffs indestructibles y psicodelia setentista en su mejor disco a la fecha.

El término “súper grupo” se ha convertido más en una estrategia de marketing que en una garantía de calidad. Sin embargo, The Dead Weather se banca la reputación de cada uno de sus integrantes. Sería injusto solo resaltar al ex White Stripes, cuando las interpretaciones de Alison Mosshart la ponen al frente de una banda que en “Dodge & burn” logra combinar sus mejores atributos.

Al segundo de comenzado el disco, I feel love (every million miles) explota en un riff que sería la envidia de Black Sabbath. Si bien acá Jack White se hace cargo de la batería, podemos sospechar que algo tuvo que ver con la composición de este ataque guitarrero que abre de forma inmejorable el álbum.  La voz de Mosshart irrumpe y se bate a duelo con la viola por el protagonismo del incendiario primer track.

Probablemente nos resulte imposible encontrar una guitarra sin distorsión, justamente lo que venimos a buscar en una banda como The Dead Weather. Abunda el efecto sucio del fuzz que vuelve a destacar en “Buzzkill(er)”. Mientras que en “Lose the right” el órgano hammond nos lleva en un viaje de psicodelia por los ’70.  Mosshart entrega su mejor performance, desafiante, pasional y provocadora.

“Three dollar hat” inicia con un riff enigmático siguiendo la voz de White, que coquetea con el hip-hop, un experimento que no convence del todo, pero que en medio encuentra una atrapante explosión de guitarras para retornar al arpegio del inicio. Junto con el track final “Impossible winner”, casi una balada pop, son las canciones que se salen del esquema.  Lo mejor sin duda está en su faceta más furiosa: el riff que antecede al estribillo en “Open up”,  o el duelo vocal en “Rough detective”.

En el país en donde coreamos un riff de guitarra (también en ocasiones hasta un solo) resulta imposible no caer rendido a todo proyecto en el que Jack White forme parte; todo lo que toca lo convierte en oro. Su adicción y pasión por la música queda demostrada en sus múltiples proyectos (sumémosle su propio sello: Third Man Records). Si del 2000 para acá Alex Turner se convirtió en el crooner de la generación, en el poeta urbano de bares y desamores, Jack White mantuvo vivo el espíritu rockero primal, convirtiéndose en nuestro último gran héroe.

Redacción ElAcople.com

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