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Keith Richards: directo al corazón

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A punto de confirmarse los rumores de una nueva visita de los Rolling Stones, Keith Richards entrega una nueva joya solista con “Crosseyed heart”.

Luego de realizar un pequeño tour de presentación de su libro “Life”, Steve Jordan cuenta que Keith pensó en retirarse. “Ni se te ocurra volver a mencionar eso”, le respondió Jordan, baterista de los X-Pensive Winos, su backin band solista, quien se convertiría en co-productor de su tercer álbum. Las sesiones comenzaron muy lentamente en el año 2008. El resultado es un disco atemporal, un clásico instantáneo en donde Richards explora sus influencias y estilos: blues acústico del delta, boogie, soul y hasta reggae.

El disco abre con el tema que le da nombre, una introducción brillante de dos minutos en la mejor tradición blusera. Richards parece decir con esta apertura “de acá es de donde vengo”, emulando a los artistas que lo marcaron (Muddy Waters, Fats Domino, Buddy Holly, por nombrar algunos). Los dedos de Keith se sienten al deslizarse por la guitarra acústica, y casi que podemos percibir la textura de las cuerdas; si cerramos los ojos hasta podemos sentirlo en el living de nuestra casa. “That’s all I’ve got” dice al finalizar el tema ironizando con que la canción ni siquiera está terminada.

El primer track crea el ambiente, nos pone en clima. El disco continúa con “Heartstopper”; aquí los licks de guitarra lo acercan a un sonido más stone. Richards describe a una mujer prácticamente opuesta a él pero “when she loves me I don’t feel no pain”. Incluso en esa línea hay un error gramatical “don’t” y “no” están negando dos veces, efecto que refuerza la idea que está describiendo.

“Robbed blind” recuerda a “The Worst” (de “Voodoo Lounge”), otra maravillosa historia de un perdedor hermoso. La voz de Keith alcanza su mejor expresividad y las guitarras son un colchón confortable para aceptar la derrota; de fondo un slide ameniza aún más la melodía. Por momentos Richards confluye con Leonard Cohen o Tom Waits, convirtiendo a “Crosseyed heart” en un disco para escuchar tomando un whisky en la penumbra de la noche.

“Blues in the morning” es una joya pura de género: piano y saxo maquillan la mejor interpretación guitarrera del disco. Para los que reniegan de las guitarras velocistas, Keef demuestra que los silencios también suenan. Como un buen número 10, Richards sabe cómo hacer una pausa para luego dar el pase correcto. “Blues in the morning but they keep on all day long” canta en esta zapada con espíritu sesentista.

La gema del disco es el dúo junto a Norah Jones. “Illusion” es una balada de piano en donde las voces se seducen en un duelo irresistible. La dulzura de la neoyorkina marida simbióticamente con la aspereza de Keith mientras que la batería tocada a cepillo nos transporta suave por el groove.

Keith Richards logra tocar una fibra rara de nuestro corazón. Al frente de los Rolling Stones es capaz de liberar todo nuestro instinto animal, rockanrolero y hasta lujurioso, mientras que en su faceta solista consigue conectar de una forma que pocos artistas alcanzan. “He sido bendecido y tocaré hasta que no pueda más”, dijo alguna vez, y sabemos que su declaración está lejos de la demagogia, porque cuando el rock corre por sus venas, la pasión no se negocia.

Redacción ElAcople.com

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