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Slipknot: Huella eterna

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El sábado, en el club G.E.B.A., los liderados por Corey Taylor ofrecieron uno de esos shows que dejarán una marca en los presentes, especialmente por una puesta en escena soberbia y una energía devastadora. Fue su segundo show en el país luego de su debut hace 10 años. 

Pasaron muchas cosas en la vida de Slipknot desde aquellas dos funciones en Obras Sanitarias el 29 y 30 de septiembre de 2005 , pero sin duda que la repentina muerte de su bajista Paul Gray en 2010 les dejó una cicatriz difícil de cerrar. Tras un tiempo incierto, los de Iowa decidieron continuar y lanzaron un muy buen disco como “5: The Gray Chapter” (2014) que los volvió a reposicionar. Cuando todo parecía encaminado otro suceso volvió a generar temblor, ya que por motivos personales resolvieron despedir a su baterista histórico Joey Jordison. Esto tampoco los sepultó: en este 2015 ya llevan más de 80 shows.

Pero vayamos a la fría noche del sábado. Todo arrancó con Andrés Giménez al frente de sus dos bandas. Primero con A.N.I.M.A.L., el grupo que lo consagró y con el que volvió tras poco más de nueve años, y luego con la súper agrupación De La Tierra que formó junto a Andreas Kisser (Sepultura), Alex González (Maná) y Flavio Cianciarulo (Los Fabulosos Cadillacs).

A.N.I.M.A.L. contó con el apoyo de la masa, aunque no con un audio acorde a su trayectoria. Digamos que casi todo el set sonaron saturados, con una voz y una guitarra que quedaban muy por detrás. Solo para el tramo final la situación mejoró e himnos como “Esperando el final”, “Sólo por ser indios”,  “El nuevo camino del hombre” y su clásica versión de “Cop Killer”, de Body Count, se escucharon en plenitud. Eso sí, a los músicos se los vio muy felices, disfrutando mucho de esta vuelta.

Con De La Tierra pasó justamente lo contrario: lograron un sonido genial desde el acorde inicial, pero con un público distante hacia su propuesta. La verdad que es un grupo nuevo que aún no generó una mística en el fanático del metal, quizás por sentir que son canciones algo trilladas desde lo compositivo. Eso no quita que lograron reconocerles buenas melodías como “Somos uno” y “Maldita historia”, y los interesantes covers de “Polícia”, de Titãs, y “Señor matanza”, de Mano Negra.

Ya desde el momento en que se cerró el telón tras el set De La Tierra y los técnicos comenzaron la puesta a punto del escenario, el público empezó a sentir el concierto. Si bien muchos sabían lo que estaba por venir, pocos fueron los que dejarían de sorprenderse ante la magnitud de la escenografía. Por eso, una vez que dejó de sonar el clásico “Runnin’ with the devil”, de Van Halen, la intro “XIX” dio inicio con una gran cantidad de celulares y cámaras fotográficas tomando el momento; el impacto visual fue letal.

El fuego que se despedía una y otra vez por el fondo del escenario, las grúas de los percusionistas que subían y giraban y el juego de iluminación impactante hacían de ello un espectáculo por fuera de lo común.

Pero digamos que sin la música -lo realmente importante- toda esa parafernalia sería insignificante. Desde el vamos con “Sarcastrofhe”, la banda sonó demoledora con el dúo de guitarras de Mick Thomson y Jim Root bien al frente, y con los golpes precisos y contundentes del nuevo batero, Jay Weinberg.

El público, que ocupó buena parte del estadio, se sintió atraído por esa energía que se expulsaba desde del escenario, por eso el desenfreno fue total en clásicos de la talla de “The heretic anthem” y “Vermilion”.

Su frontman, Corey Taylor, fue parte responsable de esa locura gracias a su gran manejo de las masas, haciéndolos participar una y otra vez o dirigiéndose con un español claro que generaba  una cercanía  mayor. Al igual que en 2005 el pico de conexión fue con “Spit it out” cuando Corey los hizo sentar para luego explotar a puro salto.

Yendo a lo vocal podemos decir que está en un estado formidable ya que tiene esa dualidad de gruñir como en las extremas “(sic)” y “People = shit”, o de cantar melódicamente como en “Wait and bleed” y “Killpop”, siempre con el tinte justo.

A pesar de todos los problemas, Slipknot pudo sobreponerse y logró mantener la frescura habitual que los diferenció desde un comienzo. Por suerte, el fanático pudo disfrutarlos en un gran nivel y con toda la parafernalia.

Redacción ElAcople.com

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