OPINIÓN

Azafato de gira: De Resistencia a Dusseldorf con los Stones

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Resistencia, tal vez una de las ciudades (grandes) más aburridas del país. No quiero sonar ni snob ni porteño pero es así; el que la conoce lo entenderá. Y es una picardía cuando Corrientes está tan cerca y es todo lo contrario.

En el interior la siesta se toma en serio, pero acá es casi palabra santa. Hasta un lugar como el supermercado Carrefour cierra a la tarde y literalmente solo queda abierto un restaurant en toda la ciudad. Ah, también el casino está abierto todo el día, pero no tengo el hábito del juego. Y los días de verano son intolerables por el calor. He salido de noche y parece tener otra vibra, pero para el que está en pareja y no le gusta los ritmos caribeños no tiene mucho sentido.

Es viernes y estoy de guardia (básicamente, estar en el banco de suplentes y esperar a que te llamen), y el destino que tocó fue Resistencia, Chaco. En general nos quedamos a dormir uno o dos días en algún lugar; en este caso, todo el fin de semana.
Hoy toca La Renga acá. Bah, toca en Corrientes, que está a 20 minutos de auto. Consideré ir por el hecho de que no hay nada más para hacer y por haberme perdido shows de Acorazado Potemkin, La Tabaré o Poseidótica por estar acá. El hecho de que las entradas estén $350, tenga que trasladarme hasta allá y que la banda no saca una canción decente hace 12 años hizo que replantee mi decisión.

Lamentablemente mi adolescencia transcurrió en la época de auge del “rock barrial”, y si bien desprecio cada uno de esos grupos, siempre puse a La Renga como otra cosa, a pesar de que formaban parte (sin quererlo) de esa movida. Los he visto en vivo, he escuchado sus discos, pero no son lo mío. Los respeto porque hacen su camino y porque siempre reivindicaron a grupos como Vox Dei y Manal.

Pero me gusta ese éxodo que hace la gente para ir a verlos; casi como unos Grateful Dead del conurbano. Lo entiendo porque yo también lo hago, aunque sin seguir a ningún artista en particular, ya sea viajando a otros países, o en otras épocas, yendo a ver a Massacre o Pez por diferentes barrios. No es lo mismo que ir por las provincias, pero ir de Lomas de Zamora a José C. Paz y volver a los 13 años es toda una aventura. Vi a los Redondos, pero no al Indio, así que nunca experimenté esa peregrinación. Pero voy a contar una que pude presenciar.

The Rolling Stones en Dusseldorf, Alemania.

Nunca había visto a los Stones en Buenos Aires. Ya el hecho de hacer horas de cola para conseguir entradas y de que sean la banda más malinterpretada en este país me sacaron las ganas. Tener que ir temprano para estar bien ubicado y esperar mientras La 25 y Los Piojos hacían de soporte tampoco sumaba. De todas formas, no lo lamenté.

Ocho años después la banda se encontraba realizando su gira 50 aniversario, y como desde 1975 más o menos, esta podía ser la última vez para verlos. Ir a Dusseldorf representaba un extra ya que es la ciudad de origen de Die Toten Hosen, una banda que me marcó desde chico. Llegamos (junto con Federico, uno de los fieles compañeros de viajes) desde Barcelona el mismo día del show; un día feriado, así que no pudimos sentir realmente el espíritu de la ciudad. Pero sí vivimos la misa, la peregrinación y nos sentimos unos fieles más; miles de señores y señoras de 40, 50, 60 y hasta 70 años, con sus camperas de cuero y sus cervezas en mano para ver a sus majestades satánicas. Era como estar en una ciudad invadida por renegados. Y capaz que durante la semana esas personas son banqueros, abogados y médicos, pero hoy no: hoy son renegados. Y sí, no van en un micro y acampan en la plaza del pueblo: van en aviones y se quedan en hoteles cuatro estrellas. Es otro tipo de aguante.

A diferencia de Argentina, no hay mucha gente joven entre el público. El rock está muerto para las nuevas generaciones. Pero para toda esta gente está bien vivo. El show se realiza en el Sprit Arena, uno de esos lugares a los que los europeos están bien acostumbrados y que hablaremos en otra ocasión.

stones-alemania-2015

Cincuenta años y están imparables. Ronnie Wood y Keith Richards no se mueven tanto, pero Jagger tiene la energía de un adolescente. Durante dos horas y cuarto su garganta está impecable y no dejará de correr por todo el escenario. Básicamente todo lo que uno escucha y espera de él, se cumple. La lista es un recorrido obvio por toda su carrera, y aunque la haya escuchado miles de veces, no puedo dejar de emocionarme con “You can´t always get what you want”. Ni con ninguna de las canciones de la lista; esta gente inventó el ABC para las bandas de rock. Los Rolling Stones son realmente una orquesta en vivo. No solo da gusto verlos a ellos cuatro, también a los eternos músicos que los acompañan como Darryl Jones, Booby Keys (R.I.P) o Chuck Leavell. Ni hablar de Lisa Fischer a la hora de cantar “Gimme Shelter”. Y a eso hay que sumarle el bonus de tener a Mick Taylor en un par de canciones. Son una institución.

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La gente canta, baila y disfruta del espectáculo. El sonido es una bendición para los oídos. A veces olvidamos lo mal que estamos acostumbrado a algunas cosas y lo mal que a veces vemos los shows en Buenos Aires. Acá pidiendo permiso es posible tener a Richards a medio metro. Es fantástico poder estar metido en el show y disfrutar las canciones sin pensar en otra cosa.

Pudimos sentirnos parte de una “misa Stone” pero de otra forma. No en casa, sino a miles de kilómetros. Con una ciudad poblada no por una juventud descarriada, sino por gente mayor que aporta al sistema. Viéndolos exactamente como queríamos verlos: disfrutando el espectáculo sin preocuparnos por amontonamientos, sobreventas o robos. A veces podés obtener lo que querés.

Escuchando: Bryan Ferry“It’s all over now, baby blue”.

azafatodegira.com

1 Comentario

  1. Jorge

    7 Octubre, 2015 en 14:34

    CARETA

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