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Foals: Camino a la cima

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En “What went down”, los ingleses conjugan madurez compositiva con intensidad sonora convirtiendo a su cuarto disco en el mejor de su corta carrera.

Imposible olvidar aquella noche en el Teatro Vorterix donde Foals brindaba una actuación demoledora en el marco de presentación del brillante “Holy fire”. El que pensó que la banda de Oxford era apenas una estrella fugaz iluminada por “My number” (aquel hit irresistible) no debería perderse “What went down”. En su cuarto disco vuelven a mostrar esas grandes melodías radiales, pero sumadas a un crecimiento compositivo y lírico, conjugándose en una intensidad difícil de encontrar en estos tiempos de consumo efímero.

En What went down nada va hacia abajo: la canción comienza con un solemne órgano de iglesia y la voz de Yannis Philippakis irrumpe al frente segura de sí misma como nunca antes en la discografía de Foals, imponiendo una presencia que se mantiene en casi todo el álbum.  La letra tiene tanta potencia como la batería que comanda el tema (también las guitarras y sintetizadores que explotan en cada estribillo): “Give up my money”, “Break up the chain” disparan rompiendo con todo el pasado de manera violenta, y renaciendo con una fuerza descomunal. Inmejorable forma de abrir el disco, el primer track es un golpe de knock out a la mandíbula.

“I’ll drive my car without brakes” repiten en Mountain at my gates continuando con la idea de no parar. No bajan la intensidad en el segundo tema; incluso va in crescendo hacia el final. La canción alcanza el climax en los versos “Give my way, give my choice”, donde el protagonista reclama el control de su destino en un final entre épico y explosivo.

Manteniendo la dinámica de cambiar de productor en cada disco, la elección de James Ford (conocido por sus grandes trabajos junto a los Arctic Monkeys) parece dar en el clavo. El inglés logra sacar lo mejor de la banda con un plus de intensidad, de concentración y de pasión que se refleja en las canciones. El aislamiento del estudio La Fabrique en Provence (al sur de Francia) donde se llevó a cabo la grabación ayudó a lograr el objetivo.

En “Birch tree” vuelven a jugar con arpegios pop al estilo de “My number” pero un tempo más abajo (en “Night swimmers” también destacan estos punteos, ya una marca registrada) para desembocar en “Give it all”. La balada es algo que también han sabido pulir, y si en los primeros temas la redención parecía conseguida, acá el protagonista no sabe cómo seguir sin esa otra persona: “Give me the feel for where I’ll go”.

La confianza del comienzo se desvanece y afloran las inseguridades, las cuales se retoman en otro gran momento introspectivo con “London thunder”, escrita de noche en un aeropuerto: “The song is about being away from home”, explica Yannis. La idea del paso del tiempo atraviesa todo el disco, pensado muchas veces como una especie de fuerza destructiva, alcanzando en este track su pico de perfecta nostalgia.

En “What went down” Foals repite los atributos que ya ha demostrado, pero potenciados, expandidos. Los hits son a la vez grandes canciones, las baladas son íntimas y hasta desgarradoras, y las melodías más intensas. Su cuarto disco es un enorme salto que los deja apenas a unos pasos de la cima.

Redacción ElAcople.com

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