PELÍCULAS

La patota: Náusea

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Aplaudida en Cannes, ovacionada por las críticas y presente en la discusión de cada break de oficina; la última película de Santiago Mitre arriba a la cartelera de esta semana.

Cuando en 2001 Gaspar Noé decidió contar la violación de Alex (Mónica Bellucci) en “Irreversible”,  intentaba perfilarla como una de las películas más transgresoras de la época, incluyendo en la narración 9 minutos de terror, espanto, asco, misoginia y sadismo en los que se mostraban escenas explícitas del horror que la protagonista vivenciaba, en la búsqueda por satisfacer la egolatría de su director (que se encuentra ahora en la misma búsqueda detrás de la cámara en “Love”: un filme porno adaptado para snobs).

El resultado fue el de un abismal vómito cinematográfico que emergía de las vísceras de los espectadores a los que también Noé había sometido. El sufrimiento, el escozor, el dolor perpetrados, no constituían una justificación suficiente para dar tregua a la indignación.

Basado en la cinta homónima de 1960 de Daniel Tinayre, protagonizada por la señora de los almuerzos, Santiago Mitre (el joven detrás de la película “El Estudiante”), también cuenta la historia de una violación: la de Paulina Vidal (Dolores Fonzi).

Aggiornó la historia original trasladándola a un lejano e impenetrable monte misionero, con caras adustas, tierra colorada y sonidos guaraníes, y trasladó hasta Misiones a una Paulina Vidal que, presa de la contradicción de haber nacido con una conciencia de clase (de otra clase) que no se condice con la realidad que le tocó vivir, decide continuar el  camino emprendido cuando en la escuela rural en la que daba clases de derecho y pregonaba la igualdad de condiciones, la desigualdad de ese mundo que concibe horrible (aunque haya tenido la suerte de nacer en la parte más favorecida) se le viene encima.

El ataque de la patota es la escena que atraviesa transversalmente el relato, cuyo entendimiento, a partir de entonces, se verá nublado por la decisión ininteligible y de utópica magnitud que la protagonista tomará al respecto.

El hilo argumental y la narración se conducen cronológicamente a través del relato de una excelente performance de Dolores Fonzi,  sumada a la intachable actuación de Oscar Martínez en el papel de Fernando, su padre. La fotografía es impecable, y el guión, una herramienta de sostén para la nebulosa en la que el espectador se sumerge, ante la incomprensible dosis de misantropía que se instala en la sala.

En el dolor de Paulina reposa la responsabilidad de toda una clase, y en la película, una especie de expiación del pecado de toda la concepción de un mundo que deja a montones afuera; observado y contado por los que se encuentran bien cómodos adentro.

Que desde el imaginario colectivo de la clase alta, las cosas más tristes, los instintos más bajos y las conductas más despreciables descansen en el barro, no es una novedad. Que la misma clase retrate la realidad desde el mismo barro, sabiendo que cuando huela mal puede volverse al mismo lugar, es de un cinismo inusitado pero, en este caso, destacable.

Patotas hay en cada esquina, en cada impenetrable. Mitre lo contó desde afuera, instalando a partir de la historia de una víctima, la sensación de la noción de la existencia de otras.

El debate se instaló y donde Noé provocaba el vómito, Mitre generó la náusea.

Ficha técnica:

La Patota (2015, Argentina)

Dirección: Santiago Mitre (basado en la película homónima dirigida por Daniel Tinayre)

Guión: Santiago Mitre, Mariano Llinás

Reparto: Esteban Lamothe, Dolores Fonzi, Oscar Martínez, Cristian Salguero

Duración: 103 minutos

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