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Foo Fighters: toma la ruta

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Octavo disco de estudio, ocho canciones, ocho ciudades, ocho rutas musicales. No es casualidad que el “ocho” de la tapa esté prácticamente inclinado, reinterpretándose como un signo de infinito. Foo Fighters busca trazar un mapa musical y a su vez dejar su marca en él a través de todo el país. La premisa parece ser “no te sientas intimidado por tus héroes. Siéntete inspirado por ellos”.

Something from nothing”, grabada en los estudios de Steve Albini en Chicago, abre el disco. El tema va de menor a mayor en intensidad maridando con la letra, que hace referencia a aquellos músicos que crearon su carrera musical de la nada. El documental es un complemento esencial; allí Buddy  Guy cuenta cómo, al no poder comprarse una guitarra, intentaba sacarle sonidos a las bandas elásticas que encontraba (“a botton on a string”, hace referencia la letra). “We all come from what’s come before” sentencian homenajeando las influencias que marcaron cada ciudad.

¿“What’s a poor man left to do”? se pregunta Grohl desde Washington, lugar en el que se crió y dio sus primeros pasos con Scream. ¿Qué se puede hacer salvo tocar rock and roll?. Un riff arpegiado que lleva a un estribillo explosivo hacen de The feast and the famine”, el tema que más suena a Foo Fighters. “Break your brains, where is that P.M.A?” (Positive mental attitude) alude al punk rock de Bad Brains, lema que adoptó la movida musical de la ciudad.

Grabada en Nashville en los estudios de Zac Brown, “Congregation” honra a aquellos artistas que trabajan por fuera del sistema, que se mantienen en contra de la corriente. Musicalmente baja algunos decibeles, acercándose más al mid-tempo de temas como “Long road to ruin”. En “What did I do/God as my witness”, Grohl entona casi a capella, coquetea con el pop y se despide con cierta épica a lo Queen en ese “It’s gonna heal my soul tonight” del final. “Outside” devuelve oscuridad y rock de guitarras, pero en “In the clear” (con la colaboración de la Preservation Hall Jazz Band) parecen quedar a mitad de camino entre el estilo propio y la experimentación.

El diario de viaje continúa en Seattle (acaso el capítulo más esperado de la serie) con “Subterranean”, una pieza mayormente acústica. Finalmente, “I am a river” tiene ese espíritu de redención que tan bien llevan algunos temas de Foo Fighters (recordemos “Times like these”, “Learning to fly” o “Walk”) y cierta épica en su estribillo que seguramente calce en forma ideal también para cerrar los shows de su inminente gira.

Foo Fighters busca tatuar un poco de su historia en estas ciudades, en un ida y vuelta (a través del documental) con los artistas que marcaron estas metrópolis. Las letras fueron escritas en el estudio, a medida que Grohl se empapaba de la mística de cada lugar. En una era en la que todo es efímero y descartable, buscan trascender. Un proyecto demasiado pretencioso, dirán algunos, pero que a pesar de su elevada ambición logra su objetivo. Aunque los Foo Fighters nos gusten poco o nada, la serie de documentales se convierte en mirada obligatoria para re descubrir el mapa musical estadounidense. Y a los que no se interesen por la historia tendrán un disco genuino de la banda liderada por Dave Grohl.

De esta forma la autopista sónica funciona hacia ambos sentidos. Si bien en algunos casos el espíritu de la ciudad influyó llevándolos a cierta experimentación, a través de los ocho tracks la banda puede reconocerse en el sonido. Todos los caminos conducen a Foo Fighters, y a la vez todos pueden escaparse de ellos. Está en cada uno de nosotros elegir nuestra propia ruta de redención.

 

Redacción ElAcople.com

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