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Johnny Marr: patio de juegos

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Con “Playland”, el exguitarrista de The Smiths afianza su carrera solista con su segundo gran álbum en dos años.

Johnny Marr edita su segundo disco en dos años, algo impensado para la industria discográfica de hoy en día. Sin embargo, “Playland” se encuentra lejos de ser un lado B, un descarte de su brillante predecesor “The Messenger”. Más bien se erige como otra cara igual de importante, como un complemento ideal que engrosará su performance en vivo, ya de por sí (como pudimos comprobar en su reciente visita) arrolladora.

Bajo y batería irrumpen como trombas. La fuerza de “Back in the Box” se basa en la poderosa base rítmica; esa solidez permite que su guitarra ingrese suelta y resplandeciente; sus apariciones fugaces electrifican un comienzo impecable, ideal, que bien puede servir para además abrir el vivo. “Easy Money”adelanto y primer corte de difusión, entrega un riff marca Marr enredado por una letra circular y repetitiva, y un estribillo que en esa misma línea insiste hasta aprisionarnos, todos ingredientes para conformar un hit.

Luego de la disolución de The Smiths, Johnny Marr mantuvo un perfil bajo, muy en segundo plano. Por eso sorprende (y por supuesto se celebra) su renovada verborragia compositiva. No obstante el lapso de inactividad, trae una renovada frescura a sus canciones; tanto en “The Messenger” como en “Playland” sobrevuela un espíritu optimista, descarado, casi como si esta etapa fuese un nuevo comienzo.

“The trap” es el punto más cercano a The Smiths, sobre todo en la melodía de guitarra, en el punteo, que es prácticamente un arpegio partido. Un mid-tempo que destaca entre mayoría de ritmos vertiginosos y guitarras filosas como en “Speak out Reach out” o “Boys Get Straight” (atentos al delicioso riff acelerado).Por momentos, “Playland” es un paseo agradable a bordo de una montaña rusa, que no siempre va a su máxima velocidad si no que alterna haciendo un viaje aún más placentero.

Si en los divorcios compositivos suelen estar del lado de la música, de la verdadera arquitectura sónica de aquella banda en separación, entonces es muy probable que se queden con el guitarrista. Posiblemente no necesiten tanto de los hits, tampoco de líder carismático, del frontman demagógico del vivo. Para todos aquellos que prefieren los discos solistas de Richards a los de Jagger, o los de Skay a los del Indio, adentrarse en el patio de juegos de Johnny Marr será siempre una experiencia provechosa.

Redacción ElAcople.com

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