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U2: recuperar la inocencia

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Con “Songs of innocence”, U2 entrega su mejor disco desde “Achtung baby”.

Con más de treinta años de carrera a cuestas, el margen de sorpresa se reduce cada vez más. Y más aún si hablamos de bandas como U2 (Metallica es otro ejemplo) en las cuales el nuevo disco es apenas un producto más del merchandising que impone la marca, que incluso se refleja en vivo: la música queda a veces atrapada en la parafernalia de la puesta en escena y del show (en todo el sentido del término). Por todo esto celebramos “Songs of innocence”, un álbum que parece centrarse en lo que verdaderamente importa: las canciones.

La voz de Bono llega clara y limpia, arroja su propia historia revolucionada por la aparición de Joey Ramone, mientras el tema se arma a sus espaldas alternando entre un riff podrido y un clásico estribillo mid-tempo a lo U2. Si bien la letra peca de naif, en líneas generales el tema funciona como una correcta apertura gracias a la fuerza de las guitarras. “The miracle (of Joey Ramone)” es también el primer corte pero no necesariamente es lo mejor del disco, que se va armando de a poco, y que crece con las sucesivas escuchas.

Continúan con “Every breaking wave”, la típica balada a la que nos tienen acostumbrados los irlandeses, con estribillos épicos, in crescendos, ideales para corearse en estadios; una fórmula que aún repetida en cada disco no deja de funcionar. Bono canta mejor que nunca, a punto de quebrarse en ese “If you go your way and I go mine”.

“Clásico”, “típico”, repetimos en la descripción porque el lado A de “Songs of innocence” no se aleja del sonido que han construido U2 a lo largo de los últimos años (desde “All that you can’t leave behind” al día de hoy) pero sí se percibe otra pasión en las canciones, como si el tiempo que les llevó grabar su nuevo disco (cinco años desde el anterior) hubiera ayudado a componer los temas de a poco, a hacerlos crecer.

“Volcano” es un flashback a los ’80: un bajo estridente que marca el pulso y una guitarra que asoma machacante para explotar en un punteo junto a la voz de Bono en un estribillo incontenible. Separamos el disco en dos partes, porque en la segunda U2 logra soltarse, reinventarse en el presente a través de sus raíces post-punk. El riff de “Cedarwood road” rescata su sonido rockero, mientras que “Sleep like a baby tonight” es mucho menos ingenua de lo que su nombre parece indicar, el pesimismo llega al climax en ese solo irregular, casi incómodo de tan imperfectamente atractivo.

Sería injusto marcar a sus últimos discos con una calificación menor a las tres estrellas; sin embargo dejaban la sensación de que el último gran álbum de la banda había quedado muy atrás (seguramente nos tenemos que remontar a “Achtung baby”). Con “Songs of innocence” la música volvió a estar en primer plano, y esa inocencia perdida navegando en piloto automático, por suerte, se ha vuelto a recuperar.

Redacción ElAcople.com

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