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Mostruo: El mejor plan del mundo

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Con la exquisita apertura de Cam Beszkin, Mostruo presentó su cuarto disco, “Profunda desorganización”, el sábado en Vuela el pez.

Habrá que escarbar en el sistema nervioso porteño para entender por qué una banda como Mostruo toca para un pequeño grupo de espectadores, mientras otros artistas (de dudosa calidad) llenan estadios. Tal vez la respuesta ni siquiera importe mientras algunos pocos sigamos con este privilegio.

Vuela el Pez es un club de arte, un bar con las comodidades para ver un show con amigos y cerveza. Y por momentos Mostruo es eso: una banda de bar, de amigos, de cerveza, de rock and roll de guitarras. Y a la vez es muchísimo más. Acaso “Profunda desorganización” sea su disco más maduro, menos urgente que sus predecesores, ahondando en letras introspectivas. Mostruo es también banda de soledad, de amores perdidos y de blues infinito.

Más temprano, Cam Beszkin abriría la noche apenas con su viola y el acompañamiento de Arnaldo Taurel en batería. La música de Beszkin se acerca más a un folk-rock alternativo de guitarras eléctricas, y más allá del collage de género, su voz es la etiqueta más distintiva, la que impone su presencia desde inicio con “Villa Urquiza”, un recorrido por el barrio a bordo de un riff ecléctico.

Las canciones de su segundo álbum solista (chequeen en Bandcamp este y sus otros proyectos) dominaron el setlist, aunque también regaló algunos estrenos. Entre ellos se destaca “Putas, todas putas las mujeres alegres”, que detrás del título irónico expone realidades que hoy podemos vincular fuertemente con el Caso Melina (y acaso otros tantos que no llegan a ver la luz mediática). “No hay bises, porque soy medio ortiva”, bromea antes de cerrar un impecable set con “Cucharita de manual”.

Mostruo salió a escena dispuesto a mostrar su recién nacido cuarto disco “Profunda desorganización”. Entero y prácticamente en orden se sucedieron los temas, iniciando con el que da nombre al álbum y siguiendo con “La soledad” y “La piel”, un tema que habla de “ese momento en el que uno piensa que con el otro ya perdió para siempre”. El comienzo es reflexivo, en clave mid-tempo, hasta que llega el rock furtivo de “Ese perro”.

“¿Acaso tenés el amor? ¿Acaso lo guardás? ¿Dónde está?” Mostruo nos vacía un cargador de melancolía en el pecho con “Vas a llorar”, el punto más alto de su nuevo disco. Un riff denso que deviene en balada irresistible, vagando por preguntas sin respuestas, por interrogantes que jamás podemos resolver cuando el amor no funciona, cuando el amor simplemente no alcanza. En el último tramo de los nuevos temas se destacan el blues furibundo de “El futuro” y “Todo es hoy”, con un riff visceral que recuerda al de “Despiértate nena” (el órgano hammond aumenta el espíritu setentista).

Cuántas bandas luchan por imponer una voz, o incluso por maquillar una falencia en el micrófono líder; Mostruo tiene como una de sus mayores virtudes sus dos voces principales: la de Kubilai Medina, ideal para el funk rock de “Ese oso”, o “El más allá”, y la de Lucas Finocchi, que derrocha nostalgia en “El capitán”. “No es común que nos pidan otro”, ironizan antes de cerrar la noche con “El mejor plan del mundo” y “Tu poder”.

Estos interrogantes que planteábamos en el inicio se desvanecieron en el primer riff de guitarra. Mostruo (y también, por qué no, agregamos a sus coterráneos de La Patrulla Espacial) sean tal vez de las mejores bandas de blues-rock. Mito o realidad, el semillero platense cumple y entrega.  Y por suerte el rock, para muchos, sigue siendo el mejor plan del mundo.

 

Redacción ElAcople.com

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