DISCOS

Thom Yorke: clásico y moderno

Por  | 

A punto de iniciar las grabaciones de un nuevo álbum de Radiohead, Thom Yorke entrega su segundo trabajo en solitario.

Recientemente, Radiohead anunció que en septiembre se junta para empezar a trabajar en nueva música. Por eso, los tuits que Thom Yorke fue lanzando a modo de pistas (bastante indescifrables) parecían hacer referencia al noveno trabajo de estudio de la banda de Oxford. Sin embargo, sorpresivamente reveló su segundo álbum como solista: Tomorrow’s modern boxes. Nuevamente en la vanguardia -no sólo en lo musical, también en lo comercial- el disco se lanzó a través de BitTorrent a un costo de seis dólares.

Siguiendo la línea de “Amok”, su disco anterior con el supergrupo Atoms for peace, la clave de A brain in a bottle”, primer corte y a la vez tema de apertura del disco, es el groove. Si tienen la opción de subir los bajos en su reproductor notarán cómo los vidrios de su ambiente vibrarán acompasados con la música. Esto es lo que logra Yorke en su etapa más experimental: juega con los beats, y como los vidrios, es inevitable que nuestro cuerpo no acompañe esas convulsiones rítmicas.

En algunos casos la voz de Thom Yorke se pierde, se oculta entre sintetizadores y baterías electrónicas, como en la extensa “There is no ice (for my drink)”; en otros, su interpretación vocal es apenas un susurro, por momentos casi un balbuceo. “A crowd may open up and swallow us” canta en “Interference”, en un tono de inevitabilidad, de resignación ante un futuro decepcionante.  En “The mother lode” su voz vuelve a ser atrapante y encantadora como la de una sirena. En cualquier caso su efecto es lo más cercano al hipnotismo.

Como un nene con su primer juguete musical, Thom Yorke parece experimentar desde la ingenuidad del que tiene todo por descubrir y a partir de allí crea un mundo propio, una cosmovisión tan amplia como fascinante en la que adentrarse requiere también de cierto esfuerzo y a la vez de cierta capacidad receptiva y desprejuiciada (olvidémonos de los hits y de los estribillos pegadizos).

Una reducción simplista es asociar este tipo de música a la depresión. Las etiquetas de este estilo no hacen otra cosa que restringir la capacidad ilimitada de un disco de convertirse en lo que nosotros sintamos (y deseemos). Y justamente con músicos como Yorke, cuya virtud es (entre otras) buscar siempre romper los límites. Quienes dicen que está todo inventado tal vez tengan razón, pero el líder de Radiohead siempre ha intentado ir un poco más lejos.

Yorke ya no busca ser el centro de atención (tal vez sí en cuanto a modificar la distribución y comercialización de la música); como un verdadero artista, su pretensión creativa parece ser, simplemente, lanzar sus obras al mundo. Sin previo anuncio y apenas con un tuit (como quien no espera nada a cambio) parece mostrar sus intenciones: su música es apenas una caja moderna flotando en el universo, disponible para quien quiera atraparla y hacer de ella un clásico.

Redacción ElAcople.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *