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Franz Ferdinand: madurar sin envejecer

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El viernes, Franz Ferdinand volvió a Buenos Aires para tocar en el estadio Malvinas Argentinas.

El secreto del éxito es el trabajo, lisa y llanamente. Girar y trabajar constantemente (sobre todo en una zona tan remota como esta) hacen que el público aprecie el gesto y logra que la banda se pueda dar el lujo de llenar un estadio Malvinas a un año de haber dado un concierto gratuito en una época donde no todos pueden darse ese gusto.

Si bien es cierto que su visita anterior puede contar como la presentación del disco “Right thoughts, right words, right action”, lo cierto es que no es tan así ya que a pesar de haber mostrado gran cantidad de material de este trabajo, faltaban unos meses para que el disco viera la luz. Es por eso que este, sin ser un show totalmente diferente, al mismo tiempo es uno nuevo.

“Bullet” da el puntapié inicial de un concierto que se dividirá en dos. El grupo decide elegir un comienzo bien intenso lanzando algunos de sus hits más importantes como si fueran caramelos: “Michael”, “Do you want to?”, “Darts of pleasure”, “Dark of the matinee”; uno tras otro, bien al estilo ramonero. Todo eso antes de que se cumpla la primera media hora. ¿Podrá mantener la banda el interés y la intensidad durante una hora más sin esas canciones? Esto se vuelve interesante.

Cuando Franz Ferdinand salió al mundo, explotaron con dos discos muy cercanos en el tiempo plagados de hits. Ahora el grupo pareciera estar atravesando una segunda encarnación donde los músicos tardan cada vez más en lanzar nuevos trabajos discográficos en pos de explorar y madurar su sonido. Lo cierto es que la banda en vez de quedarse con un ser un grupo hitero de guitarras, ha incluido más su amor por el baile y cierta electrónica. El clima y la intensidad que el disco no transmite en temas como “Love illumination” o “Evil Eye” acá se potencian. Y en canciones del trabajo anterior como “Ulysses” o “No you girls” también se ve un engrandecimiento de las canciones. Sin dudas Franz Ferdinand es un grupo para el vivo, que a pesar de las figuras eléctricas y carismáticas de Kapranos y McCarthy, es en la base del bajo de Bob Hardy y la batería de Paul Thomson que realmente se destaca.

La parte más desestructurada del show llega hacia el final cuando Alex Kapranos empieza a interactuar más con el público; en “This Fire” es cuando logra hacer agachar a todo el campo y retarlos cuando algunos empiezan a pararse antes de tiempo. O antes de los bises en “Outsiders”, cuando uno a uno los músicos van dejando sus instrumentos para acercarse a la batería y hacer una especie de batucada entre todos.

Sin demasiados recursos, Franz Ferdinand logra hacer mucho. Saben qué fue lo que mejor funcionó de su trabajo (8 temas del disco debut) y lo combinan con lo que son ahora (7 temas del disco nuevo). Saben sonar bien, saben entretener, saben dar buenas canciones. Esa hora que hablábamos antes y que parecía una incertidumbre, pasó volando y hasta con mejor resultados.

Hubo una época en donde Franz Ferdinand parecía que se iba a comer el mundo y sería una banda gigante. Podrían haberlo sido pero eligieron otro camino. Y no hay dudas que de todos los grupos de su generación, son los que mejor envejecieron y los que mejores shows dan. Transpirando, sin miedo a despeinarse los jopos y sin querer lucir lindos para la foto. Todo en pos del arte. A veces la fama y la fortuna no lo son todo. Afortunadamente.

 

 

azafatodegira.com

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