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Cavalera Conspiracy: los hermanos sean unidos

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Los hermanos Cavalera volvieron a Buenos Aires, esta vez para dar su primer show propio. Fue el miércoles, en el teatro Vorterix.

Sí, es un título trillado, pero nunca encajó mejor.  Es que para gran parte del público, este fue el gran reencuentro entre los hermanos Cavalera y sus fans argentinos desde la separación de Sepultura. Si bien en 2012 se presentaron como parte del festival Maquinaria con un show deslucido y a un horario inconveniente para un día laboral, ese no fue el mejor marco para oficializar un retorno como corresponde. Por eso en este show era otro el cantar.

A esta altura, lo que haga Max es irreprochable: ha sabido ganarse su lugar en el panteón de los dioses del metal y por más que haya tenido un sinfín de proyectos, todos sus discos van en la línea de un artista que tiene voz y estilo propio. Por eso no importa que Cavalera Conspiracy básicamente sea Soulfly con el agregado de tener a su hermano Igor tras los parches. ¿Alguien puede decir que las iniciales “Inflikted” o  “Warlord” realmente tienen una diferencia sustancial entre toda la obra del brasilero? Tal vez Cavalera Conspiracy apunta más a lo brutal, rápido y extremo, y se ve más claramente en temas estreno como “Babylonian pandemonium” o “Bonzai Kamikaze”. A sus 50 años, todavía están en búsqueda de su disco más pesado.

Pero si hay algo por lo que la gente se da cita en el Vorterix es para ver a los hermanos ejecutar esas canciones que los hicieron grandes. La banda lo sabe y no pretende dejar a su público con una avalancha de clásicos de Sepultura. El triplete de “Beneath the remains”, “Desperate cry” y “Troops of doom” aparece temprano en la lista y agarra a todos desprevenidos. Obviamente la respuesta ante estas canciones tiene una diferencia abismal con respecto a las demás, lo que hace que la banda entregue versiones más brutales que las concebidas originalmente. Tal vez el groove se pierde un poco y las composiciones se vuelven un poco más directas, pero esto es algo común en un show de Max donde el espíritu hardcore no puede quedar oculto por mucho tiempo.

Generalmente es raro escuchar un sonido nítido en shows de este tipo de música, pero hoy no es el caso: todo está en su justo nivel, con la potencia necesaria. Y hoy Max decide concentrarse más en cantar y arengar a la gente que en tocar la guitarra, por lo que la tarea de Marc Rizzo es doblemente importante y la lleva no sólo con profesionalismo, sino con gusto y pasión; por momentos parece ser el que más disfruta de estar arriba del escenario.

Max jamás ha sido un tipo egoísta en sus conciertos y hoy, más que nunca, decide complacer a sus fans: “Territory”, “Inner Self”, “Arise”, “Refuse/Resist”, “Attitude”. Todas composiciones estandartes del género que salieron de la misma persona. Los Cavalera son personas orgullosas de su origen y de lo que lograron y no dudan en mostrárselo a los presentes. Tal vez algún sector del público podría quejarse de la no renovación de esas canciones (las mismas las toca con Soulfly) pero para ellos están las perlitas como “Orgasmatron” o “Wasting away”, de Nailbomb, otro de sus tantos proyectos.

Después de 75 minutos, “Roots bloody roots” cierra el show. Luego de 30 años de carrera el objetivo de los hermanos es el mismo: tratar de dar el show más potente posible y romperte la cabeza. Por supuesto que ya no tienen 20 años, y estos conciertos no se comparan con los Obras, los Halley y todos esos míticos recitales. Hoy Cavalera Conspiracy dio lo que se esperaba de ellos y está muy bien. Treinta años después, los hermanos siguen unidos, dando pelea hasta el amargo final.

 

azafatodegira.com

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