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Acorazado Potemkin: sublevación

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El power trío lleva a la perfección el rock con épica tanguera en “Remolino”, su segundo disco.

Podrán encontrar los antecedentes de estos tres músicos en su buscador favorito, pero poco importan las credenciales cuando se conjugan en un presente tan fascinante como el que atraviesa musicalmente Acorazado Potemkin: desde su debut discográfico en 2011 con “Mugre”, un estreno demoledoramente perfecto, hasta llegar a este “Remolino”, su segundo álbum, donde condensan aún mejor su sonido.

Acorazado Potemkin es como si Divididos se diera un baño tanguero y rioplatense. Un power trío que encuentra en la voz de Juan Pablo Fernández una marca de estilo. Por momentos es una voz de tango haciendo rock, y no al revés. El tono natural e imperativo de su registro escupe verdades como aquellas que escuchábamos en los viejos tocadiscos de nuestros abuelos. Juegan entre los dos géneros dentro del mismo tema, la escala circular que lleva las estrofas de “Cerca del sol” se contrapone al estribillo puramente rockero, y al solo con efectos de wah-wah en un muestrario de tres minutos y medio en el cual manifiestan esa ambivalencia que construye su sonido de manera atrapante y a la vez explosiva.

Con “Miserere” abren y exponen al rojo vivo las heridas de la tragedia de Once. Sin golpes bajos pero con desgarradoras metáforas se meten en la vorágine urbana de un barrio símbolo de las limitaciones en materia de transporte y de una ciudad colapsada. “Así la serpiente muestra su lengua en el tren”, entonan entre la melancolía y el rock furibundo. “El pan del facho” es un rock marcial que camina a paso firme sobre el redoblante, peleándose con un riff de guitarra que muta constantemente; musical y líricamente demoledora en las referencias a la última dictadura: “Gusto a lágrima de infancia en la boca que te vuelve a silenciar, que el mundial le dio razón”, entona Fernández en una composición de su firma (Federico Ghazarossian -bajista- intercala su autoría en tres ocasiones) y juega exquisitamente con las palabras cuando arremete con ese “me vuelve el arma al cuerpo”. El compositor de cada letra (puede verse en el booklet incluido en la versión digital, de descarga gratuita en su web) es apenas una anécdota. El trío forma un todo tan sólido (si aún no los vieron en vivo, deberían) que es innecesario pensar en individuales. La banda se completa con Luciano Esaín tan preciso como arrollador en los parches (su hermano Manza aporta piano en “Y no hace tanto”).

En la lírica barrial y urbana también hay desamor. El riff ricotero de “Disuelto” clava los puñales del estribillo que reza “y todo pasa, pasa como el aliento que tus besos dejó en mi recuerdo”.  Y continúa en “La otra calle” con ese “nunca más encontré tu voz”, desencuentros de arrabal en una melodía densa que culmina en un solo circular que se entrelaza con el riff.

Acorazado Potemkin tiene la simpleza, el golpe directo a la mandíbula del power trío, para atrapar en la primera escucha, y a la vez la complejidad para reconocer (en las sucesivas) un ensamble perfecto de arreglos. Conjuga diversas influencias creando un sonido propio, y demuestra que todavía hay posibilidad de sublevarse en el rock de acá.

Redacción ElAcople.com

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