DISCOS

Ricardo Iorio, el decidor de siempre

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“Tangos y milongas” es el segundo disco solista del cantante de Almafuerte. Con los guitarristas de Edmundo Rivero, el exV8 y Hermética agrega un álbum destacado a su trayectoria.

Desde hacía un buen tiempo que, en los shows de Almafuerte, Ricardo Iorio había abierto un segmento especial, una parte más como aquella tradicional de Claudio Marciello y su momento para demostrar una parte de todo su enorme talento con la guitarra. El segmento nuevo en cuestión era de tangos, y siempre tenía como invitados a los hermanos Cordone, legendaria dupla de guitarras que supo acompañar ni más ni menos que a Edmundo Rivero (una de las referencias principales de Iorio). Con ellos, el cantante hacía un tango de Rivero (“Gol argentino”) y una milonga de Araya y Gandola (“El último viaje”).

Después, con el correr del tiempo y las entrevistas, nos enteraríamos de que esa parte de los conciertos era un adelanto de “Tangos y milongas” (2014), el segundo álbum solista del ex V8 y Hermética, que había lanzado “Ayer deseo, hoy realidad” en 2008. Y, al igual que en esa oportunidad de hace seis años, nuevamente Iorio muestra lo mejor que tiene, que no son las barbaridades que dice cuando es entrevistado por Beto Casella sino su capacidad para hacer grandes discos.

Para los que nacieron en el 80´, escuchar “Tangos y milongas”, cuya duración apenas pasa la media hora con su puñado de trece canciones, es volver el tiempo atrás y estar en compañía nuevamente de sus abuelos, que ponían la radio en la que pasaban todo el día tango tras tango; es volver a ver ese dibujo en el piso que hacían sus abuelos, apretados y de entrecasa, cada vez que por el aparato sonaba “La cumparsita”; es volver a reencontrarse con lo primario de uno (y de sus compatriotas).

Es un acierto (otra vez, al igual que en “Ayer deseo, hoy realidad”), que el hecho de que una figura del metal haga un disco de versiones no implique necesariamente que haya que hacer versiones metaleras de lo que se toma. Porque en este caso estamos ante un disco de tangos y milongas, dicho y hecho, realizado por un metalero; no hay ni bajo ni guitarra eléctrica ni batería. Hay criollas, y un piano en el final. Y la voz, más decidora que nunca, porque como diría Cacho Castaña: “El tango no se canta, al tango se lo dice, con la pausa y el silencio al que aluden los poetas, despacito poco a poco, para que entiendan la letra”.

También como los de antes, el flamante disco de Ricardo Iorio es para escuchar desde la primera a la última canción sin adelantar ni pausar ninguna. A lo sumo, podrá repetirse alguna de las que más gusten, como “Sabe Don”, “Más allá”, “Y a mí qué”, “En la vía”, “Gol argentino” y, el tango más triste de todos los tangos, solo a voz y piano, “No la quiero más”.

Redacción ElAcople.com

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